Los árboles, un gran tesoro

Rita Camacho; miembro de ADAPA.

Actualmente nuestro sistema capitalista hace que vivamos en una sociedad donde prima el individualismo por encima del Bien Común. Este hecho tan significativo hace que se tomen decisiones que no siempre benefician a la mayor parte de la ciudadanía. El tipo de actitud que prima por encima del colectivismo,  nos lleva a realizar conductas que no tienen miras más allá del presente, de lo inmediato, del aquí y ahora.

Es por eso por lo que ante determinadas situaciones, muchas veces se toman decisiones por intereses personales muy concretos, que sin ningún tipo de argumento justificado, afecta negativamente al conjunto de la sociedad. Precisamente este tipo de situaciones suele darse a la hora de talar la mayoría de los árboles que se encuentran en la isla de Gran Canaria, perjudicando de forma considerada no sólo nuestro presente sino también nuestro futuro simplemente por los caprichos y el mal hacer de unos pocos.

Pero al margen de todo esto, simplemente quiero argumentar por qué debemos defender la permanencia de los árboles en nuestro entorno, algo que por lo visto, no todo el mundo puede o quiere comprender. Cuanto menos, me parece curioso que haya gente que defienda el hecho de hacer desaparecer los árboles pensando en su propio beneficio, siendo esto último bastante cuestionable con argumentos baladí en la mayoría de los casos.

Como miembro de ADAPA (Asociación para la defensa del árbol y el paisaje de Gran Canaria) los motivos que nos lleva a defender el árbol, que forma parte del paisaje de la isla de Gran Canaria ya sean éstos autóctonos o no, son de distinta índole e importancia, pero básicamente y a grandes rasgos se pueden sintetizar en siete características básicas.

ADAPA no defiende de forma acérrima la no tala de árboles; lo que defendemos es el árbol per sé que forma parte de nuestra identidad y que por lo tanto merece al menos una consideración, aunque sea por esto. Eso no determina que, en determinados casos y siempre argumentado de una forma razonable, haya que sustituir algún ejemplar por otro cuyas características y condiciones sean más favorables en la ubicación deseada que el árbol anterior.  Estoy totalmente convencida que podemos convivir con ellos, tan sólo es un problema de concienciación y por lo tanto de educación. Es por este motivo por lo que estamos en contra de la tala indiscriminada, sin argumentos de peso, que en la mayoría de los casos no se sostiene bajo ningún concepto, más allá de una justificación de recorte por mantenimiento económico sumada a las peticiones de unos pocos particulares. Es cuanto menos irónico y curioso cómo esta “justificación de presupuesto a corto plazo” multiplica la inversión de futuro a “largo plazo” porque a medida que se va deteriorando nuestro paisaje por la falta de estos seres vivos, las políticas de planes de actuación son mayores derivando, especialmente y por citar algún ejemplo conocido, en planes de actuación de embellecimiento de zonas turística. No debemos olvidar que unas de nuestras mayores fuentes de recurso es el turismo, no sólo de sol y playa sino también del interior que vienen hacer senderismo buscando nuevos paisajes culturales. ¡Ni qué decir tiene las repercusiones económicas que influyen positivamente en nuestro entorno!

Recordemos que nuestra isla posee bellos árboles singulares que dotan nuestro entorno de contenido patrimonial además de ser un recurso medioambiental saludable. Por si todavía algunos no se han enterado, los árboles propician que se den una serie de condiciones terapéuticas regalándonos efectos positivos para nuestra salud no sólo física sino también mental. Las áreas con árboles y zonas con grandes masas boscosas y elevada diversidad de vegetación emiten sustancias al aire que resultan muy beneficiosas para nuestra salud y sólo por este motivo debemos plantearnos seriamente retirar un árbol.

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En este sentido, desde el punto de vista psicológico nos aportan muchos beneficios para nuestras mentes y además, pone en práctica nuestros sentidos especialmente la vista con sus diferentes gamas cromáticas y el olfato, con muchos aromas. Pero además de estos sentidos también implica el oído con el movimiento de sus hojas o la sensibilidad del tacto al palparlo y por qué no, el gusto con el sabor de algún fruto que desprenden, haciéndonos sentir todos ellos mucho mejor.

Este mundo de sensaciones y mensajes se representa en un paisaje concreto que refleja una estética determinada con la cual nos identificamos. Por lo tanto, la estética que nos regala no es una cuestión de gusto, superflua sino que va más allá estando directamente relacionada con la ética. Es algo tan sencillo como comprender que cuando te relacionas en un entorno bello eres mejor persona y haces que te sensibilices con el medio y que forme parte de tu identidad cultural formando parte de nuestro patrimonio.

A modo de conclusión, diremos que la presencia de los árboles garantiza la oportunidad de sentir el poder de la naturaleza y disfrutar de los recursos que ésta nos brinda ya sean los valores sociales, turísticos y por lo tanto económicos, estéticos vinculados a la ética y demás.

Poniendo en práctica todos estos valores conseguimos una isla sana y que además promueva la sostenibilidad basado el Bien Común.

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