Miles de olivos seculares han sido arrancados en los últimos años para decorar viviendas y clubes privados, un comercio solo restringido en la Comunidad Valenciana.

Artículo seleccionado por ADAPA Canarias: SELLART, Josep Lluis: Artículo virtual: El país. http://politica.elpais.com/politica/2015/10/27/actualidad/1445972281_177631.html. Consultado: 31/10/2015.

El País

La sombra de esos árboles ha cobijado tumbas de patricios romanos y de sus frutos se alimentaron las tropas sarracenas. Esos olivos, que ya estaban allí mucho antes de que España fuese siquiera una palabra, los arrancaron de su tierra una mañana, los cargaron en un camión articulado y los replantaron en una maceta gigantesca antes de venderlos para decorar un campo de golf de la Costa Azul o la mansión de un magnate inglés. Desde hace años, miles de árboles seculares han nutrido un sustancioso comercio. Los ejemplares más impresionantes, los que ya han visto pasar casi dos milenios de vida en el planeta, se han llegado a cotizar por decenas de miles de euros.

José María Madrid presume en su página web de que ha vendido olivos centenarios a grandes empresas, hombres de negocios y “renombrados políticos”. En su vivero de la localidad madrileña de Carabaña tiene ejemplares que, según sus cálculos, alcanzan hasta 800 años. Empezó en 2004 comprando a agricultores y confiesa que ha llegado a pagar más de 5.000 euros por alguno. Sus ventas nunca han llegado a cantidades exorbitantes como los 64.000 euros que en 2011 desembolsó un francés en una subasta por un ejemplar de procedencia española al que bautizó con el nombre del emperador romano Domiciano. La mayor colección privada de España la reunió el difunto banquero Emilio Botín: cerca de 500 olivos reimplantados en una finca de Boadilla del Monte (Madrid) e identificados con nombres mitológicos.

Entre los proveedores de Botín ha estado El Ventorro 1920, la empresa de José María Madrid, quien se apresura a matizar: “Airear esas cantidades que se han pagado por algunos árboles le gusta mucho a la prensa, pero no responden a la realidad. Este negocio se vino abajo con la crisis, a nosotros nos da poco más que para ir tirando”. En la época dorada del ladrillo los olivos añosos reinaban en urbanizaciones y rotondas. Pero la oferta aún hoy es enorme: hay decenas de webs que ofrecen olivos añosos desde Galicia a Valencia, Andalucía o Zamora, además de portales franceses, británicos o estadounidenses. La Guardia Civil también ha detectado en los últimos años casos de comercio ilegal de árboles arrancados a espaldas de sus propietarios, aunque, según fuentes del instituto armado, esa actividad clandestina prácticamente cesó tras el estallido de la burbuja inmobiliaria.

“Es un comercio sobrevalorado”, advierte Luis Rallo, ingeniero agrónomo y catedrático de la Universidad de Córdoba, quien afirma que se tiende a exagerar la antigüedad de los olivos y que existen muchos menos ejemplares milenarios de lo que se dice. En Grecia se habla de árboles de los tiempos de Platón, y un investigador portugués aseguró recientemente que con un nuevo método pudo establecer en 2.854 años la edad de uno en las proximidades de Lisboa. La antigüedad de un olivo es muy difícil de calcular porque su tronco se va ramificando con los años. En España se hizo una estadística en 1972 que concluyó que el 20% de los ejemplares tenía más de un siglo.

Los que se dedican al negocio esgrimen que la inmensa mayoría de los árboles arrancados logra sobrevivir y que los compran a agricultores que los tienen abandonados, a merced de los incendios, o que planeaban talarlos para plantar otros más productivos. “Todo lo que compramos iba a desaparecer y nosotros le damos una segunda oportunidad”, afirman desde el vivero Iberplant de Amposta (Tarragona). “La mayoría lo tenemos porque los dueños vienen aquí a ofrecerlos antes de cortarlos”. Hay zonas de Europa como la región italiana de Puglia donde se ha prohibido por completo tocar los olivos centenarios. En España, al margen de la protección de algunos ejemplares individuales, solo existe una legislación clara en la Comunidad Valenciana. Se aprobó en 2006 con una insólita unanimidad parlamentaria. “Y se frenó lo que era un verdadero expolio, con trailers cargados que circulaban a diario por las carreteras”, señala César Javier Palacios, de la Fundación Rodríguez de la Fuente, que recoge firmas para que el Parlamento europeo legisle sobre la cuestión. La ley valenciana prohíbe arrancar olivos con alguna de estas características: más de 350 años, seis metros de perímetro en el tronco o 25 en la copa y 30 metros de altura.

“No es solo una cuestión ecológica”, defiende Toni Marzo, director general de Medio Natural del Gobierno valenciano. “Los olivos tienen un valor paisajístico e histórico, son una señal de identidad que se descontextualiza cuando se arrancan para llevarlos a otro sitio”. El ingeniero Rallo, ex alto cargo de la Junta de Andalucía, apunta además que el trasplante indiscriminado pone en peligro la diversidad genética de una especie que cuenta en España con 272 variedades. Coincide en pedir que se regule el comercio, previa catalogación de los ejemplares, aunque sostiene que los árboles monumentales que requerirían protección total probablemente no serían más de un millar. La Fundación Rodríguez de la Fuente reclama contundencia: “Arrancar estos olivos es una atrocidad. Son auténticas esculturas naturales y esto se parece a lo de aquellos millonarios americanos que se llevaban capillas románicas piedra a piedra para ponerlas en su jardín”.