La asociación ecologista de ‘Amigos de los árboles y el paisaje’, afirma que se ha elegido el peor sitio posible, porque los vientos alisios no se cambian por decreto “como demuestra la panza de burro”

  Considera que además del peligro para la salud pública, la incineradora perjudica al turismo de cruceros y es una puerta abierta a plagas ocultas en los cargamentos de desperdicios de maderas tropicales

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  La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, y en realidad  gran parte del área metropolitana integrada además por Arucas y Telde, se enfrentan en la actualidad a uno de los mayores desafíos del último medio siglo: la construcción, en el espacio más inconveniente posible, de una incineradora de residuos vegetales, agrícolas, animales  y urbanos, que se trata de vender por ENCE bajo el señuelo de ser una ‘planta de biomasa’, y por lo tanto, una energía renovable, limpia, verde, bucólica y pastoril.

  La biomasa, en efecto, puede ser energía renovable… allí dónde hay biomasa. Pero como es sabido el Archipiélago canario no cuenta con biomasa apreciable, más allá de la que es necesaria para el propio enriquecimiento natural de los suelos de nuestros montes. Sería un tremendo peligro que la codicia económica rompiera una vez más los delicados equilibrios de un frágil ecosistema, que ha tenido que ser sometido a un paciente, costoso, y profundo proceso de reforestación. Las dentelladas que ha recibido el árbol canario y grancanario en concreto desde los lejanos tiempos de la Conquista, y como demuestran incluso reales Cédulas del siglo XVI, se han dado siempre en nombre de la economía y las inversiones, desde los ingenios de azúcar hasta la fecha.

  Como en Canarias no hay biomasa, el controvertido proyecto de construcción de una gigantesca incineradora de residuos contempla el aprovisionamiento desde el exterior de astillas y residuos de madera, procedentes, parece, de Brasil y de África. Lo cual plantea a su vez un riesgo extremo: las islas no han podido controlar la entrada, a pesar de las inspecciones fitopatológicas en aduanas de destructivas plagas que han originado daños de cientos de millones de euros a nuestra agricultura y endemismos de flora y fauna. Estos cargamentos, procedentes de países tropicales, abrirían la puerta a nuevas plagas que se sumarían a las anteriores que aún, como la del ‘picudo rojo’, que ataca a nuestras palmeras, no han logrado ser erradicadas. Decenas de miles de toneladas de madera se apilarían a cielo abierto, con los peligros de todo tipo que eso entrañaría.

  Al no haber biomasa que sustente el funcionamiento de esta incineradora de residuos, la energía producida no aumenta la independencia energética, sino que en cambio aumenta el grado de dependencia; nos hace ‘yonkis’ del exterior. Frente a este despropósito, y desde antiguo – pero que lo recordó científicamente el seminario Cívico Militar de Canarias a principios de la década de los ochenta, en el que participaron cientos de científicos de las dos universidades, y personalidades sociales y económicas- se ha venido proclamando que para romper la dependencia energética del exterior habría que aumentar en el grado necesario la energía eólica y la solar, fundamentalmente. Consideramos que lo que el Gobierno de Canarias debe de considerar estratégico es romper el interesado cerco a las energías verdaderamente renovables  y limpias en Canarias y aceptar de una vez la propuesta de la Autoridad Portuaria de contar con una potencia eólica suficiente que permita su autoabastecimiento.

  Por otra parte, esta incineradora, que por su actividad y efectos nocivos de las partículas y gases que produce necesita una chimenea de 65 metros de altura, contradice abiertamente el Plan Ciudad- Puerto consensuado por la Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, y que se basa en una economía sostenible que incluye, como una de sus prioridades el turismo de cruceros. La existencia de una incineradora, y de una chimenea de más de sesenta metros de altura sobre la cabeza de los turistas, situada a unos quinientos metros, es una eficaz disuasión turística y una manera de entorpecer el progreso del turismo de cruceros y su crecimiento.

  Además es un peligro para los trabajadores portuarios, expuestos, de una forma directa, a los posibles efectos perjudiciales de las emisiones.  La ‘barrera’ de unos filtros modernísimos y eficaces nunca ha funcionado en la práctica cotidiana, al menos en Canarias. El escándalo con los filtros de los motores diésel de la Volkswagen prueba que incluso las marcas más solventes no pueden impedir situaciones que constituyen un daño al medio ambiente y a la calidad de vida.

  Que es unas incineradora clásica de residuos lo viene a reconocer, en una entrevista publicada en un diario local, un alto cargo de ENCE, que  aseguró el 6 de noviembre de 2014: “El aprovechamiento de residuos agrícolas, forestales, animales y urbanos existentes en Canarias no serán suficientes para que las dos plantas (se preveía otra en Tenerife) funcionaran a pleno rendimiento”. Eso a su vez produce otro riesgo: que haya que recurrir a quemar más residuos urbanos… y que Las Palmas se convierta en un basurero de la Europa del sur.

  No se trata, pues, de solucionar los problemas de casi dos millones de canarios, sino de aprovechar las subvenciones para las renovables estratégicas. Pero, claro, la biomasa es renovable y es estratégica, repetimos, allí donde la hay, y si su transformación en energía es ‘limpia’. Donde no la hay y hay que recurrir a la incineración de basura, deja de ser renovable, y estratégica.

  El gran problema además no tiene arreglo, por mucho que ENCE recorte las previsiones de emisión de gases nocivos y partículas mientras mantenga la chimenea: y son los alisios, que no cambian por decreto ni por acuerdo del Consejo de Ministros o la Comisión Europea. La planta está situada justo en el punto más dañino para la salud, al Norte de la isla. Como los vientos dominantes son los del alisio, y el alisio es viento del nordeste, puede llevar las partículas y gases que salen por la chimenea directamente sobre la trama urbana de la capital, sin que se descarte que no se disuelvan antes de llegar a las concentraciones poblacionales de Arucas y Telde. Así, la ciudad, estaría sometida desde todos los vientos: los de componente sur, envían la calima; los del nordeste los humos, incluso los invisibles, de una chimenea que cumple la clásica función de las chimeneas, entre las que no figura ser parte del mobiliario urbano o soporte para luces de navidad.

  Ante el riesgo sanitario, confirmado en rigurosos estudios de técnicos en salud pública; ante el riesgo para el turismo de cruceros y el desarrollo del puerto, que no descarta, sino todo lo contrario, la Autoridad portuaria; ante la ruptura del consenso del pacto Puerto-Ciudad; ante el riesgo de penetración de plagas de distinto tipo dañinas para la agricultura que viajan ‘camufladas’ en las astillas y desperdicios forestales procedentes  de zonas tropicales; ante la necesidad de aumentar una independencia energética que solo se consigue asumiendo en serio y sin trampas  la energía eólica y la solar, y seguir investigando en las renovables marinas y geotérmicas, esta Asociación de Amigos de los Árboles y el Paisaje (ADAPA) muestra su frontal oposición, anuncia que se dirigirá a todas las instituciones canarias, que pedirá audiencia al presidente del Gobierno, que tratará de convencer a la Unión Europea y al Gobierno de España del anacronismo de considerar estratégica para Canarias una incineradora  que aumentará la dependencia energética, o sea, que es anti-estratégica en esencia, y pedimos a la sociedad civil que se movilice y haga oír su voz. Se crean muchísimos más puestos de trabajo mejorando la ‘marca Canarias’ con respeto a la salud pública y al medio ambiente que construyendo una incineradora en el área menos adecuada del Archipiélago.

  Nos complace distinguir con máxima satisfacción y respeto el trabajo de los técnicos de la Consejería de Sanidad del mismo Gobierno de Canarias por su pormenorizado y riguroso trabajo en los aspectos que son de su competencia, emitiendo informe desfavorable para esta factoría  que califican de inaceptable.

  Profesionales que dedican su conocimiento, ética y firmeza, sin otra distracción ajena en el desempeño de su trabajo son los que nos hacen sentir seguros en una sociedad libre y calibrar su valor.

Vaya para estos hombres y mujeres nuestro aplauso y gratitud.

+ADAPA está presidida por Rafael Molina Petit, y cuenta con unos doscientos asociados y colaboradores.