Artículo seleccionado por ADAPA Canarias:

MALO DE MOLINA RAMOS, Guillermina. JDM. “Alicia Puleo: <<Rescatar nuestro vínculo con la naturaleza implica buscar alternativas más inteligentes de satisfacer nuestras necesidades>>. http://juegodemanosmag.com/alicia-puleo-rescatar-nuestro-vinculo-con-la-naturaleza-implica-buscar-alternativas-mas-inteligentes-de-satisfacer-nuestras-necesidades/. Referenciado: 25/06/2016.

  Interesante entrevista a la filósofa y escritora Alicia Puleo, defensora acérrima del medio que nos invita a una reflexión tocando distintos pensamientos desde cómo el «desarrollo» acaba con el cultivo de las huertas de subsistencia familiar, arrasa los bosques comunales y transforma los ecosistemas, hasta las prácticas ambientales de las mujeres rurales pobres de la India donde se deben a su posición en el sistema productivo y a sus roles de género. Su entrevista abre el camino hacia el recate de nuestros vínculos con la naturaleza buscando otras alternativas.

Entrevista a Alicia Puleo

   El ecofeminismo es al mismo tiempo una corriente de pensamiento y una práctica activista; si bien existen diversas maneras de entenderlo, todas ellas comparten una crítica a la fase actual del capitalismo y tienen como objetivo explorar las posibles sinergias entre el feminismo y el ecologismo, tratando de establecer las raíces comunes que subyacen bajo el sometimiento de las mujeres en los sistemas patriarcales y el de la naturaleza en el esquema de desarrollo insostenible de los países industrializados. En esta corriente, aún relativamente desconocida, nos encontramos con Alicia Puleo, una de las pensadoras más célebres dentro de la escena española. Es autora de varias obras de referencia, entre las que sobresale Ecofeminismo para otro mundo posible (Cátedra, 2011).

Guillermina

Alicia Puleo

   Eres una de las pioneras en tratar la relación entre ecología y feminismo, además, doctora en Filosofía y profesora titular de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valladolid. ¿Qué fue lo que te llevó a profundizar en el estudio del ecofeminismo? ¿Has encontrado a lo largo de tu carrera académica algún obstáculo en este empeño?

  En un primer nivel, más superficial, te diría que fueron algunas lecturas de filosofía ecofeminista a principios de los años noventa (¡del siglo pasado, ya!). Pero en un nivel más profundo, creo que se trata de un rumbo que, probablemente, tenga sus raíces en mi infancia, puesto que mi familia materna ya era naturista. En la primera mitad del siglo XX, el movimiento naturista era una realidad, si bien muy minoritaria, en la sociedad española. Estaba relacionado con ideas libertarias y neomalthusianas. Mi madre era una persona que, sin autodenominarse feminista, sin embargo, favoreció todo lo que pudo mi autoestima y mi libertad. Por sus convicciones naturistas sobre la salud, me inició en la dieta vegetariana, me enseñó a amar profundamente a los animales y a apreciar la belleza y complejidad de la naturaleza. Creo que este ambiente en el que me formé en mis primeros años de vida no puede ser ajeno a mis elecciones intelectuales posteriores. Dicho esto, también considero que, en un plano racional, el ecofeminismo me atrajo porque, a mis convicciones feministas previas, en un momento determinado se unió la conciencia de la crisis ecológica y de la necesidad objetiva de cambiar nuestro modo de ser en el mundo. Como especialista en Ética y Filosofía Política, me interesa el pensamiento filosófico en su relación con la realidad social. Las elaboraciones conceptuales provenientes del feminismo y del ecologismo son de la más absoluta actualidad. Las líneas de investigación de mi carrera académica están relacionadas entre sí. Haberme especializado en la Ilustración me ha permitido realizar su crítica desde la filosofía feminista y la ética ambiental. Pero también me permitió ver las corrientes olvidadas y silenciadas de la Ilustración que entroncan con el feminismo, el ecologismo y el animalismo. En cuanto a tu pregunta sobre los obstáculos, puedo decir que, en los últimos años, la especialidad de Filosofía Moral y Política se ha abierto a las investigaciones de filosofía feminista y existen dos nuevas disciplinas llamadas ética ambiental y ética animal.
  En el ecofeminismo, principalmente, diferenciamos dos corrientes: la esencialista y la constructivista. ¿Podrías explicarnos, brevemente, de qué tratan? ¿Por qué crees que el enfoque esencialista está más denostado?
Esquematizando, se puede decir que hay autoras que cultivaron un ecofeminismo que hoy llamamos «clásico» (el de finales de los setenta, principios de los ochenta) que consideraba que las mujeres estábamos biológicamente más cerca de la naturaleza que los varones; y una corriente constructivista que surge sobre todo en la filosofía, en los años noventa, y que afirma que tanto hombres como mujeres somos naturaleza y cultura. Yo pertenezco a esta segunda fase que se centra en el análisis de la cultura y de sus estereotipos, así como en las condiciones materiales de su vigencia. Sin embargo, considero que ambas corrientes del ecofeminismo tienen mucho que enseñarnos y hacernos pensar. El enfoque esencialista está más denostado actualmente porque, en general, en las humanidades y las ciencias sociales, predomina un constructivismo radical nacido de la nefasta experiencia de naturalización de la opresión de género, clase, raza y opción sexual. El discurso biologizante es temido y evitado porque ha sido utilizado para justificar la exclusión, la explotación y el dominio de un grupo humano sobre otro.
  ¿Qué podemos rescatar del ecofeminismo esencialista a partir de las reflexiones de Vandana Shiva?
Vandana Shiva ha realizado una labor gigantesca y extremadamente importante al enfocar desde una perspectiva no occidental (la de la cosmovisión de la India) los temas trabajados por las primeras ecofeministas. Su concepto de «mal desarrollo» como colonización cultural y material es sumamente valioso. Por ella hemos sabido cómo se deterioran las condiciones de vida de las mujeres pobres del sur cuando llega el «desarrollo» que acaba con el cultivo de las huertas de subsistencia familiar, arrasa los bosques comunales y transforma los ecosistemas. Shiva ha recibido numerosas críticas por algunos pasajes de su obra en que parecía sostener que las mujeres eran más cercanas a la naturaleza. Bina Agarwall, por ejemplo, ha sostenido que la obra de Shiva ignora las coordenadas de clase que separan a las mujeres, hablando de ellas en general como «la mujer en la India», presentada como «la ecologista natural», cuando, a su juicio, las prácticas ambientales de las mujeres rurales pobres de la India se deben a su posición en el sistema productivo y a sus roles de género. Por mi parte, yo he manifestado reparos ante su principio de «santidad de la vida» como base de sus posiciones ecofeministas ya que conduciría a lo que el feminismo siempre ha temido del ecofeminismo: un rechazo de las reivindicaciones feministas de control sobre el propio cuerpo, derecho a la interrupción de un embarazo no deseado o, más allá del feminismo en sí, rechazo a la eutanasia, es decir, a la posibilidad de que una persona pueda ser ayudada a morir en circunstancias de gran sufrimiento.
Shiva se ha defendido de las acusaciones de esencialismo y ha sostenido que también los hombres pueden participar del principio femenino del cuidado de la vida, un ejemplo sería el inspirador de muchas de sus ideas: Gandhi. De hecho, ella misma construyó su obra como una crítica al esencialismo de algunas de las primeras ecofeministas del que hablaba hace un momento. Por otro lado, al adjudicar a las mujeres una capacidad de cuidado y de defensa de la naturaleza, facilitó su organización frente a los agentes del «mal desarrollo» neoliberal. Una mística, símbolos, un discurso… todo eso es un factor aglutinante de gran importancia para la acción colectiva.

  El ecofeminismo constructivista posee una gran potencia teórica. Pero, ¿cuáles son las propuestas del ecofeminismo que podemos llevar a la praxis política?
El feminismo del último tercio del siglo XX nos ha enseñado a pensar lo personal como político. Nos ha mostrado que lo que creíamos que eran problemas personales en ocasiones eran cuestiones sociales que sólo podían tener solución desde la crítica social y la acción conjunta. Guille  La praxis ecofeminista puede ser muy variada, como variados son los problemas que es necesario resolver para avanzar hacia otro mundo posible. Contestaré a tu pregunta desde mis planteamientos ecofeministas, que he llamado «ecofeminismo crítico» y he desarrollado en particular en el libro Ecofeminismo para otro mundo posible. En primer lugar, para evitar cualquier confusión, hay que reivindicar la igualdad entre los sexos y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. El patriarcado ha tendido siempre a conculcar estos derechos tanto con normas consuetudinarias como con leyes restrictivas. Millones de mujeres en el mundo todavía hoy tienen negado su derecho a decidir sobre su sexualidad y su maternidad. El problema de la superpoblación señalado por el ecologismo sólo se puede resolver facilitando el acceso de las mujeres a la educación y a los medios sanitarios que les permitan hacer realidad su autonomía en cuestiones tan importantes como la de traer otro ser humano al mundo en condiciones de libertad y dignidad. La lucha feminista contra los estereotipos de género continúa pero adquiere con este planteamiento ecofeminista otros matices y motivos. La educación ha de formar a todos y todas en la ética del cuidado, hasta ahora privativa de las mujeres. Los estereotipos masculinos patriarcales son altamente nocivos para los objetivos de la sostenibilidad y de una cultura de paz ecofeminista. Son formas modernas de las antiguas figuras del guerrero y el cazador que ya no son adaptativas para nuestro tiempo.
Con respecto al desarrollo económico y tecnocientífico, una exigencia mínima es la aplicación real del principio de precaución. En este aspecto, la cuestión clave en Europa en estos momentos es la oposición al TTIP, es decir, al Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión, que acabaría con las tímidas protecciones del medio ambiente y de la salud de la población que tiene la Unión Europea. Más allá de este mínimo, se trata de pensar una organización socioeconómica para un futuro más allá del modelo actual. En este sentido, el ecofeminismo establece puentes con el ecosocialismo, el decrecentismo, la ecología social… Por otro lado, la sororidad internacional y la necesidad del aprendizaje mutuo intercultural implican prestar atención a las demandas de ecojusticia de las mujeres indígenas latinoamericanas que se alzan como protagonistas de la defensa de sus tierras amenazadas por la megaminería, el extractivismo desenfrenado de una globalización devastadora. Asimismo, considero que la declaración de Nyéléni, en Mali, de las mujeres de Vía Campesina, organizadas para luchar por la soberanía alimentaria debe ser otra guía de ruta del ecofeminismo: reclaman derechos y autonomía en sus vidas frente al patriarcado tradicional y se movilizan frente a un patriarcado neoliberal que explota a la gente sumiéndola en la miseria, que envenena los cultivos y a quienes viven cerca de ellos, en particular, a las mujeres y sus hijos e hijas, más vulnerables frente a los agrotóxicos, frente a las grandes corporaciones que están introduciendo los transgénicos, privatizando cada vez más la producción alimentaria y eliminando la biodiversidad en un vasto proyecto de dominio del mundo.
Hoy en día también, y cada vez con mayor fuerza, la práctica política implica levantarse contra la esclavización, la tortura y la cosificación de los animales no humanos. El ecofeminismo crítico enlaza aquí con la praxis animalista. Se trata de una causa inédita, absolutamente innovadora, que encierra no sólo una defensa de los animales, sino también una redefinición de nuestra propia especie, de quiénes somos como humanos y cuáles son nuestros derechos sobre la vida de otros seres capaces de sufrir, amar, pensar, ansiar, seres con conciencia e individualidad. Todo esto está hoy siendo revisado a partir de un mejor conocimiento científico y una nueva sensibilidad hacia las criaturas de otras especies. Recientemente, la organización de un evento cultural polifacético como Madrid Capital Animal ha sido una muestra de esta extraordinaria vitalidad del movimiento animalista. Para algunas formas del ecofeminismo, como la mía, se trata de una cuestión ineludible tanto desde el punto de vista ético como político.
Finalmente, me parece importante hacer una brevísima referencia a lo que he llamado los «Pactos de Ayuda Mutua» entre los movimientos sociales con objetivos cercanos. Evitar la agresión que tantas veces distancia a grupos bienintencionados que deberían colaborar y que, en cambio, se dedican a comparar, de manera excluyente y competitiva, la relevancia de sus respectivas finalidades. No agredirse mutuamente y saber apoyarse de manera puntual, aunque no se coincida en todo, es una clave del éxito.
  En el abrazo a los árboles de las mujeres Chipko, un movimiento ecologista formado por campesinas y campesinos de la India para defender sus bosques, vemos representado una de las demandas más importantes del ecofeminismo: ocupar la centralidad de la vida. Y es que, en el ecofeminismo, una de las críticas más recurrentes es la dominación de la naturaleza por parte de la razón instrumental. ¿Cuál crees que es, en la actualidad, la manera de rescatar nuestro vínculo con la naturaleza?
La mera razón instrumental es una razón que, como bien expusieron los filósofos de la Escuela de Frankfurt, sólo piensa en los medios para llegar a los fines sin interrogarse sobre la validez de los fines mismos. Si nuestra capacidad de razonar es reducida a este aspecto, perdemos rápidamente la libertad y quedamos bajo el dominio de los intereses del mercado y de la tecnología convertida en discurso ideológico alienante. Rescatar nuestro vínculo con la naturaleza, hoy en día, implica buscar en cada caso formas alternativas más inteligentes de satisfacer nuestras necesidades, tratar mejor la naturaleza interna, nuestros cuerpos, y la naturaleza externa, los animales no humanos y los ecosistemas. Pensar más allá de la razón instrumental consiste en preguntarnos qué nos hace realmente felices, qué es lo que puede contribuir a un mundo más justo, un mundo sostenible para las generaciones futuras, un mundo con menos violencia y con menos sufrimiento humano y no humano. Ese es el otro mundo posible que busca el ecofeminismo