Noticia realizada por Carlos Velázquez, Ingeniero Forestal; miembro de ADAPA Canarias.

De la arboricultura al arboricidio hay sólo un par de cortes mal dados, afirman los integrantes de la Asociación

-La técnica de la trepa a árboles con técnicas de escalada, permite encarar al árbol como un ser ‘tridimensional’

 

  El reciente desplome de un laurel de indias en la capital grancanaria ha vuelto a poner de manifiesto la importancia de los trabajos de conservación y cuidado de los árboles, trabajos que van mucho más allá de las podas, más o menos controladas, o las talas indiscriminadas que a veces se realizan, según ha puesto de manifiesto los integrantes de la Asociación en Defensa del Paisaje y del Árbol, ADAPA Canarias.

  Para los miembros de esta asociación existen casos impredecibles de caída de árboles o de partes de éstos, que a menudo generan daños; los episodios de vientos fuertes son propensos a ´descargar´ a estos de partes enfermas, por lo que es fundamental estar atentos, o incluso limitar el tránsito a viandantes en zonas expuestas.  No obstante, los integrantes de ADAPA Canarias consideran que gran parte de esas situaciones son predecibles y que en esa línea deberían trabajar las administraciones.

  La Arboricultura, como actividad encargada de compaginar la conservación y el cuidado de los árboles singulares con la necesaria seguridad de las personas es el instrumento fundamental para dicha labor de prevención.

  Los expertos arboricultores aplican una serie de técnicas de poda, que evitan la generación de heridas en los árboles, que puedan derivar en pudriciones, que a la larga pudiesen conllevar la pérdida de ramas o la caída de ejemplares completos; a veces, más que actuar, la consigna debería ser el evitar medidas que debiliten los árboles.

  Desgraciadamente, los profesionales arboricultores no han conseguido todavía convencer de la necesidad de contar con ellos, para gestionar adecuadamente los espacios con arboleda a lo largo y ancho de la Isla, y esa es la denuncia que ahora realiza ADAPA Canarias.

  Entre los integrantes de esta asociación hay expertos en la materia que consideran que el tratamiento que le dan los podadores a los ejemplares que existen en paseos, alamedas y bordes de carretera deja a menudo mucho que desear. De la arboricultura al arboricidio hay sólo un par de cortes mal dados que, a base de irse repitiendo, ya han sido interiorizados en la población y algunos profesionales como parte de la gestión de la arboleda.

  Ese maltrato ‘arboricida’ es el que han estado sufriendo los laureles de Indias de plazas públicas y los eucaliptos de borde de carretera, de ahí que para la Asociación en Defensa del Paisaje y el Árbol, no es de extrañar que alberguen podredumbres escondidas en su interior y que muchos supongan un peligro público.

  Desde ADAPA Canarias quieren aprovechar que, en los últimos tiempos, se han producido algunas caídas, totales o parciales, de diversos ejemplares, para reivindicar la figura del arboricultor, que nada tiene que ver con el operario al que le ponen una motosierra en las manos y lo suben a una grúa con cacharrón, para que ´descargue´ de ramas al árbol.

  Existen en Gran Canaria muy buenos profesionales, que conocen a la perfección su oficio. A menudo son autodidactas o se han formado o trabajado fuera de las islas; lo que les diferencia del resto de ‘podadores’ es que manejan la técnica de la trepa a árboles con técnicas de escalada. Esto les permite encarar al árbol como un ser ‘tridimensional’, accediendo a las ramas que verdaderamente hay que podar y no como un ser ‘plano’, que se define por la cara que está accesible a la grúa.

  ADAPA Canarias es una asociación que debe su existencia a la protección del paisaje y el arbolado y desde la misma observan, a menudo, como los medios de comunicación recogen noticias de árboles que de forma fulminante se desploman o pierden ramas peligrosas, y como dichas situaciones propician el que muchos aprovechen el hecho para ´cogerla´ con algunos árboles y exigir su tala a la administración responsable; exigencias que han llevado a la desaparición de  infinidad de árboles, que no merecían ser eliminados.