Noticia seleccionada por ADAPA Canarias y realizada por Rafael Molina Petit, presidente de nuestra asociación.

MOLINA PETIT, Rafael. La Provincia. Diario Las Palmas. “Agricultura, medio ambiente y paisaje”.  Opinión. El análisis. Pág. 23. 02/11/2016. Referenciado: 02/11/2016.

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 Hasta hace pocos años, el movimiento ecologista estaba, con razón, principalmente preocupado por la protección del medio ambiente en algunos de sus aspectos, biodiversidad, flora, fauna, especies endémicas, especies amenazadas, espacios protegidos… por aquellos entornos más significativos, delicados y susceptibles de ser atacados por conductas irresponsables, como las dunas, los parques naturales… y por determinados conceptos generales, como la contaminación o el cambio climático.

  Hoy en día, se está ampliando esta visión, incluyendo además dentro del medio ambiente algunos elementos más holísticos y aparece con fuerza el concepto de protección del medio ambiente cotidiano, el medio ambiente que nos rodea en nuestra vida diaria, el medio ambiente social. Y dentro de este concepto, además, irrumpe el ítem del paisaje cotidiano, como vector que nos afecta, incrementando o disminuyendo significativamente nuestra calidad de vida y nuestro bienestar.

  Se ha escrito mucho sobre las interacciones del paisaje cotidiano con el ser humano. Cómo los deterioros del paisaje cotidiano tienen un efecto especialmente nefasto sobre las capas sociales con renta más baja, es decir, cómo las políticas de paisaje son un elemento redistributivo. También se ha estudiado el impacto del paisaje cotidiano sobre la autoestima de la población y su escala de valores. Y sobre los costes económicos y sociales que supone un paisaje deteriorado, especialmente en sociedades terciarizadas, donde el servicio o el producto se valoriza por sus apariencias físicas y las percepciones que nos da.

  Vivimos en un mundo donde, en gran parte, las imágenes son las que venden. Nos gastamos grandes cantidades de dinero en ropa, complementos, cuidados corporales para impresionar y hay hasta programas y terapias para curar depresiones, donde para sanar a los deprimidos solamente se les ayudan a cambiar su imagen.

  A su vez, las empresas se preocupan muchísimo por los envases, porque de la apariencia del envoltorio, el consumidor deduce e infiere calidad de los productos que contienen. Y una buena parte de la investigación comercial se dirige al diseño, colores, texturas… del envase del producto o servicio que se pretende ofrecer.

  En el caso de Gran Canaria, que aspiramos a vender nuestros productos agroalimentarios, tomates, aceites, mojos, aloes, vinos, quesos… con una imagen de calidad, como productos naturales criados en unas islas afortunadas, con las connotaciones de naturales frescos, ecológicos… las agresiones al paisaje, invernaderos abandonados, grafitis, escombros, vallas, cables, cerramientos con somieres… son la antipublicidad para vender esos conceptos de calidad, conceptos absolutamente necesarios para que nuestro campo sobreviva, dada la fuerte competencia de los productos que vienen del exterior.

  Todos lo tenemos claro. Tenemos que especializarnos en productos tipo gourmet porque tenemos calidad y podemos. Pero nuestro envase, el paisaje cotidiano, especialmente el que se ve desde las carreteras, y especialmente la de Las Palmas al Sur, que es nuestro principal escaparate y que desde la altura de una guagua turística todavía es más duro, se carga todos los conceptos de calidad que pretendemos agregar a nuestras producciones agrícolas.

  Con todo ello, que es obvio y claro, ¿cómo es que podemos seguir dándole la espalda al cuidado y protección del paisaje cotidiano, implementando un conjunto de medidas de reparación de los entornos visibles y vividos, que son los más cotidianos, más degradados?

  Medidas que tienen que ser desde la retirada de escombros vallas, cables… incluyendo la implementación de las medidas sancionadoras y la exigencia de que los particulares mantengan sus propiedades en las debidas condiciones de ornato, como exige la legislación vigente.

  Desde Adapa, asociación para la defensa del árbol y del paisaje, asociación que tiene más de 200 miembros de muy diversos perfiles y tendencias ideológicas y sociales, pero unidos en la defensa de esta tierra, nos preocupan todos los temas relacionados con el medio ambiente, pero estamos especialmente volcados en la necesidad de la concienciación y de la protección de la promoción de los paisajes cotidianos y sociales. Desde Adapa estamos centrando nuestros esfuerzos en objetivos que sean visibles y que afecten y mejoren la calidad de vida a muchos ciudadanos a corto plazo. Concretamente en la carretera desde el Sur a Las Palmas, por la que circulan diariamente más de 250.000 personas.

  Posiblemente esa carretera, la GC-1, sea la entrada por avión más fea de Europa, en su tramo aeropuerto-Las Palmas. Y en el tramo aeropuerto-Mogán, el abandono de los invernaderos, los grafitis, las palmeras secándose, dan una imagen lamentable. Pero estas visiones a fuerza de verlas todos los días, empiezan a parecernos normales. Lo cual es grave.

  Desde Adapa, asociación para la defensa del árbol y del paisaje, estamos volcados en la necesidad de la concienciación y de la protección de la promoción de los paisajes cotidianos y sociales

  Solo nos despertamos de nuestras percepciones cuando alguien de afuera, con ojos limpios y después de tres cervezas, nos dice la verdad de lo que piensan los que nos visitan.

  Las opiniones de los turistas sobre este tema, celosamente guardadas, son demoledoras y nos avergüenzan, y contrastan con la imagen tan positiva que manifiestan del centro de la Isla.

  Esto es especialmente grave cuando queremos vender productos de calidad y/o traer turismo de calidad. Y en el caso de los cruceristas, clientes con elevado poder de compra, es especialmente grave, ya que al ser esta ciudad puerto base este millón de cruceristas que viene por avión para coger el barco, la mayor parte, solo conocen de la Isla el trayecto aeropuerto-Las Palmas, quedándose y transmitiendo estas penosas impresiones.

  Para mejorar el producto turístico, crear empleos estables de calidad y reducir la dramática tasa de paro del 27%, hay que implementar políticas complejas, en formación, promoción, reconversión, medio ambiente… tareas que en algunos casos son difíciles y exigen periodos de varios años. Pero el cambio de la imagen, puede ser un proceso rápido y que cree una ola ilusionante y transformadora, como ha ocurrido en los pueblos de Tejeda o Agüimes. Estos pueblos han creado un circulo virtuoso, incentivado en gran parte por una política de embellecimiento del paisaje cotidiano, que ha mejorado la calidad de vida de los ciudadanos, ha provocado una cultura de protección, ha propiciado un sentimiento de orgullo legítimo y de optimismo, y están reforzando la imagen de marca de los productos elaborados en esos pueblos, como el aceite de Temisas, el vino de Agüimes, el queso o los dulces de almendra de Tejeda, con positivas connotaciones y sugerencias en muchos casos ligadas al paisaje.

  Además, en estos pueblos modelo, se están renovando las edificaciones y se están abriendo con mucho éxito nuevas actividades y atrayendo turistas de buen nivel y poco conflictivos, que retroalimentan el proceso.

  Por ello, en Adapa creemos que es urgente un pacto social al respecto, y que así como gracias a Dios y al esfuerzo del movimientos ecologista, el cuidado y la promoción del medio ambiente natural-icónico esta ya consolidado en nuestra cultura, como un valor más, ahora, deberíamos holísticamente ampliar más este concepto de Medio Ambiente, incluyendo otros aspectos que pueden mejorar al ser humano y a la interacción con su entorno, concepto que es vital para la supervivencia de nuestro sector primario y del turismo de calidad, y el cuidado del paisaje cotidiano-social, es un elemento importante y transformador.

  Y que en esa línea, habría que desarrollar un conjunto de políticas horizontales, educativas, de promoción, sancionadoras, junto con un paquete de acciones de choque, para mejorar el paisaje como bien público y estratégico, acciones que puede tener muchísimos efectos positivos sobre el empleo, la supervivencia de la agricultura y el turismo, y también sobre nuestra autoestima colectiva.

“No hay segundas oportunidades para las primeras impresiones”

(Oscar Wilde)