Noticia seleccionada por ADAPA Canarias:

GONZÁLEZ RUANO, J. Luis. Canarias7. “Islas verdes”. Opinión. La Factoría Azul. Las Palmas de Gran Canaria. http://www.canarias7.es/articulo.cfm?Id=455916. 04/03/2017. Referenciado: 05/03/2017.

  Todas las culturas mal llamadas primitivas han venerado la fuerza vital que contiene el legado de los antepasados. Y esa valoración emotiva se ha materializa naturalmente en el culto al paisaje. Por lo tanto, en alguna parte de nosotros, indígenas modernos, debe latir oculta esa creencia generalizada sobre el atractivo de lo salvaje. Tal vez por eso sentimos la necesidad, aunque sea ocasional, de la vida al aire libre.

Sin embargo, renunciamos a esa ancestral cultura ecológica con demasiada facilidad. Por ejemplo, alterando inútilmente nuestros espacios naturales, los reductos agrestes que todavía nos mantienen integrados en la realidad física y emocional del mundo.

Esta es la razón por la que siempre he sido consciente de la importancia que tiene divulgar la fragilidad de nuestros ecosistemas insulares. Y su impresión cultural. Ser islas, islas verdes, nunca derivará de un decreto político. Es una consecuencia evolutiva, más o menos reconocible según nuestra actitud. No hacía falta, por ejemplo, que nadie certificara que un pueblo de la cumbre es de los más bonitos de España para que se abandonase, al menos públicamente, la absurda idea de cablear con la instalación de un teleférico la impresionante belleza de su paisaje de piedra desnuda. La realidad es que su atractivo es el mismo, siempre estuvo ahí.

Hace tiempo que las islas verdes, y todas lo son en un archipiélago con la riqueza botánica del nuestro, han agotado prácticamente su capacidad de crecimiento urbanístico. La nueva economía, al contrario, ha de poner en valor el paisaje sano, la expansión equilibrada que proponen las fuerzas libres de la naturaleza. De modo que también existe un método biológico de progreso, una percepción geopoética del desarrollo humano, más saludable y que arroja un mayor beneficio común. Un impulso que va perfeccionándose en el curso de vidas sucesivas sin destruir la productividad natural, abandonando de paso la irracional tendencia a la similitud global.

Las islas verdes lo son también en la mentalidad de sus habitantes. Una montaña nunca será una obra de arte; su visión en el paisaje es un estímulo para el ritmo de vida de una población creciente en un espacio limitado. Es un legado cultural en sí misma. Tampoco un túnel debe abrir el camino de perdición hacia otra edificación masiva de un enclave costero. Conviene, por lo tanto, reflexionar sobre las nuevas estrategias de desarrollo rural haciendo una lectura orgánica y no perturbadora de nuestra presencia en el paisaje. Dotados de un sentimiento de responsabilidad, comprender y proteger la naturaleza de las islas puede convertirse en una apasionante y fecunda actividad creativa.