En un nuevo documento, los autores explican cómo la recolección de datos podría revolucionar el estudio de las antiguas civilizaciones egipcias y mayas

Investigadores de la Universidad de Oxford aseguran que los árboles que crecieron durante las ráfagas intensas de radiación en el pasado tienen ‘marcadores del tiempo’ en sus anillos y podrían ayudar a los arqueólogos a datar eventos desde hace miles de años.

En un nuevo documento, los autores explican cómo la recolección de datos podría revolucionar el estudio de las antiguas civilizaciones como los egipcios y los mayas. A su juicio, los niveles inusualmente altos de isótopo radiactivo del carbono-14 que se encuentran en los anillos de los árboles, establecidos durante los estallidos de radiación, podrían ayudar a identificar con fiabilidad las fechas.

«Los distintos picos actúan como marcadores de tiempo como relojes secretos contenidos en la madera, papiros, cestas hechas de plantas vivas y otros materiales orgánicos», apuntan los autores en el texto, que ha sido publicado en las ‘Actas de la Royal Society A’.

Los eruditos creen que las tormentas solares intensas causaron grandes explosiones de radiación al golpear la Tierra entre el 775 y el 994 a.d.C, lo que dio lugar a picos distintos en la concentración de radiocarbono en los árboles que crecen en ese momento.

Los eventos son, precisamente, fechables porque los anillos de los árboles pertenecen a los archivos en los que se conoce con exactitud el año de crecimiento de cada uno de ellos. En la nueva investigación, los autores describen cómo podían detectar picos similares en otros lugares dentro de los miles de años de material de anillos de árboles disponibles de todo el mundo.

Dicen que, incluso, un puñado de estos marcadores de tiempo podría permitirles reconstruir un marco fiable de fechas importantes para distintas civilizaciones. Señalan que el punto crucial es que los marcadores de tiempo también estarán presentes en cada planta viva o árbol que crecía en el momento de un aumento de la radiación, incluso en la madera utilizada en edificios antiguos u otros artefactos formados de las plantas.

Historia año a año

El documento sugiere que los datos de anillos de árboles existentes son propensos a revelar otras oleadas de radiocarbono en determinados años. Sin embargo, el problema es que los datos de anillos de árboles sólo están disponibles en bloques de décadas más que año tras año.

El documento propone un método matemático de vanguardia para filtrar años particulares dentro de un bloque de este tipo. También añade que todavía no está claro con qué frecuencia la Tierra se ha visto afectada por este tipo de momentos de gran intensidad de la radiación, y, para ellos, se podrían encontrar nuevos picos que, según apuntan, ayudarán a comprender la actividad solar pasada.

En la actualidad, los arqueólogos tienen que confiar en la evidencia relativamente escasa para datar la historia de la civilización occidental antes del 763 a.C. Por ejemplo, dependen de los registros antiguos de los fenómenos astronómicos raros, como el eclipse solar durante los nueve años de Ashur Dan III de Asiria, para determinar la edad de los acontecimientos históricos. En ausencia de tales registros, las mediciones de radiocarbono estándar proporcionan las mejores estimaciones, pero éstos siguen siendo a menudo sólo una precisión de 200 a 300 años naturales.

Si también se encontraran los picos de radiocarbono en los datos de anillos de árboles en los puntos arqueológicos atribuibles a períodos históricos específicos, la información podría ser utilizada para anclar exactamente cuándo ocurrieron los acontecimientos.

El autor principal, Michael Dee, ha apuntado que «las variaciones en la concentración de radiocarbono atmosférico son en gran parte el resultado de las emisiones de dióxido de carbono de la actividad de los volcanes y el mar, pero también se ven influidas por los cambios en la actividad solar».