A su 90 años, Manuel Lezcano sigue vistiendo la bata de médico y atendiendo mañana y tarde a los vecinos de Tafira en su consulta, que también es su casa. El pasado sábado, la asociación ADAPA Canarias, de la que fue cocreador, le homenajea en el Club Náutico por toda una vida de compromiso social y medioambiental

  Es un hombre que «cuando ha habido alguna agresión al medio ambiente nos ha movilizado. Manolo es un ejemplo cívico, sigue trabajando como doctor y tiene una gran trayectoria, también como concejal. Siempre ha estado preocupado por todo el mundo, siempre moviéndose por el interés de lo público». Por estos motivos y porque «se lo merece de la cabeza a los pies», explica Rafael Molina, presidente de la Asociación por la Defensa del Árbol y el Paisaje de Gran Canaria (Adapa), Manuel Lezcano es laureado como presidente de honor de la entidad verde en el Club Náutico.

Son las 13.00 horas del viernes y Manuel Lezcano atiende a una paciente en su consulta médica de Tafira, lugar donde nació un 9 de septiembre de 1926, vive y espera acabar sus días. En la verde Tafira tramó su particular lucha ecologista cuando, con el reasfalto de la carretera, iban a arrancar decenas de eucaliptos. En ese momento se creó Adapa: «Eso me costó una subida de la presión enorme, entonces reaccioné y menos mal que pararon de talar…». Durante la entrevista, el teléfono suena varias veces y los usuarios tocan a su puerta para ser atendidos. Con 90 años y toda una vida de trabajo, Lezcano ni se plantea la jubilación. «A mí me jubilarán mis pacientes cuando dejen de venir y aun así estaré en el despacho leyendo o escribiendo», menciona seguro.

Como concejal

De 1974 a 1979, el doctor de Tafira fue concejal de Las Palmas de Gran Canaria elegido por el Tercio de Representación. «Lo primero que se nos encomendó a los concejales de barrio fue potenciar las asociaciones de vecinos para mejorar las condiciones de los barrios, en ocasiones infrahumanas». Recuerda que muchas zonas «no tenían carreteras asfaltadas, tampoco tenían luz y muchos ni siquiera agua».

Siendo edil de Salud, Lezcano fue tachado de «mataperros» y «matarratas» por los periódicos del momento por llevar a cabo el primer proyecto de sociedad protectora de animales, en el que se dictaron las normas para la protección y cuidado de los animales abandonados y también del proyecto de desratización de la ciudad. También planteó la implantación de un crematorio en el cementerio, algo que sólo existía en de Madrid en aquel momento. «Fui el primero en hablar de la cremación de cadáveres», recuerda. El doctor siempre compaginó su trabajo con la medicina, tanto como concejal como siendo alcalde de Santa Brígida o presidente del Consejo de Administración de La Caja Insular de Ahorros. La vocación por la medicina la adquirió de su padre, médico del pueblo, aunque en sus inicios lo consideró demasiado sacrificado: «Casi todo el trabajo era en la calle y era una esclavitud, mi padre no tenía sábados, domingos, ni noches». Aun así, ese fue el camino que tomó y que tanto le ha enseñado acerca de la vida. «Me ha proporcionado una larga experiencia, no solo en la medicina sino de conocimiento de las necesidades de la gente», subraya.