Las periferias urbanas son espacios frontera, a medio camino entre los núcleos urbanos y los paisajes rurales o rústicos, que a menudo se convierten en pasto de la degradación ambiental o de los usos residuales. El Plan Insular de Ordenación (PIO) autoriza dar incentivos urbanísticos a sus propietarios a cambio de que no los abandonen.

Los suelos situados en las periferias de los grandes núcleos urbanos acaban pareciendo tierra de nadie. No les dejan edificar, porque mantienen la calificación de suelo rústico, pero están tan próximos a suelo urbano que, una vez desaparecida la actividad productiva a la que inicialmente eran destinados, acaban siendo abandonados por sus propietarios, o los usan como espacio para el acopio de residuos, o como cocheras improvisadas.

El nuevo PIO, que busca adaptarse a la Ley de Directrices y a la del Turismo y que ahora está en trámites para la que sería su segunda aprobación inicial, pone el acento en la mejora de los paisajes de la isla y, con esa idea, focaliza su mirada en las periferias urbanas, convertidas a menudo en focos de degradación paisajística.

El PIO los considera espacios frontera que trata de regular con unos principios normativos generales que han de inspirar las determinaciones que para esos enclaves fijen los planeamientos urbanísticos municipales. El fin que persigue es evitar su degradación mientras espera a que la ciudad los absorba como parte de su tejido urbano. ¿Cómo? Dando algún tipo de aprovechamiento urbanístico a sus dueños para compensarles el esfuerzo de no abandonar las parcelas ni la actividad productiva que desarrollan.

Ahora bien, esta fórmula de regulación, introducida casi como una prueba piloto, quedará circunscrita y limitada a cuatro puntos de la isla: la zona de Los Llanos de Quintana, entre Guía y Gáldar; El Tablero, en San Bartolomé; la franja que queda entre Vecindario, en Santa Lucía, y el Cruce de Arinaga, en Agüimes; y el suelo situado a medio caballo entre el casco de Telde y la costa.

Perímetro urbanizable. Según señalan fuentes técnicas de Política Territorial del Cabildo, lo que se pretende es contribuir a un crecimiento pautado de los núcleos urbanos a través de esos espacios frontera. Y entre las medidas para hacer posible esa expansión progresiva y no brusca, el PIO contempla la posibilidad de que los planes municipales permitan un aprovechamiento urbanístico gradual de los propietarios de esos suelos.

Por ejemplo, se dará pie a que mientras el dueño mantenga la actividad productiva, que suele ser agrícola, pueda recibir como compensación la clasificación de suelo urbanizable de una parte de la parcela. También se fija como criterio que a aquellos propietarios que han mantenido el suelo en explotación hasta el momento en que es absorbido por el crecimiento del tejido urbano, se le atribuya mayor aprovechamiento edificatorio en contraprestación por el cese de la actividad productiva. En cambio, cuando las piezas agrícolas en estos espacios frontera fuesen residuales o no productivas en el momento de pasar a urbanizables o a suelo no consolidado, pasarán a ser de titularidad pública con el uso preferente de espacio libre de tal forma que a la hora de calcular el valor de la expropiación no se le reconocería productividad alguna.