El país nórdico evitará todos los productos de su cadena de suministro que contribuya a la tala de árboles en cualquier parte del mundo

Los países nórdicos son, en muchos ámbitos, un modelo a seguir para muchos ciudadanos. Su sistema educativo, los sueldos, la gran implicación de sus estados en el bienestar social, su equitativo sistema de impuestos, su sistema sanitario, el bajo desempleo o los altos índices de felicidad son motivo de admiración para muchos. Ahora, además, han decidido liderar la lucha para salvar el planeta.

En esta guerra contra la amenaza humana sobre el medio ambiente, Noruega ha dado un paso muy importante. A finales del pasado mayo, el país se convirtió en el primero en comprometerse para acabar con la deforestación, tal y como lo anunció en un comunicado la agencia Climate Action de Naciones Unidas.

Con esta decisión, la nación se compromete a evitar y prohibir, a través de las políticas de contratación pública, cualquier producto de su cadena de suministro que contribuya a la tala de árboles.

“Esta es una victoria crucial en la lucha para proteger la selva tropical”, destaca Nils Hermann Ranum, presidente de la Rainforest Foundation de Noruega en el comunicado de Climate Action.

Compromiso puntero: 

Noruega se compromete a evitar y prohibir, a través de las políticas de contratación pública, cualquier producto de su cadena de suministro que contribuya a la tala de árboles

Una lucha de largo recorrido

La lucha contra la deforestación ha sido una de las principales batallas de esta fundación. En la Cumbre del Clima de la ONU de Nueva York en 2014, Noruega, Alemania y el Reino Unido se comprometieron a “promover compromisos nacionales para fomentar cadenas de suministro libres de la deforestación”.

Para hacerlo, debían trabajar a través de políticas de contratación pública y buscando vías para obtener productos como el aceite de palma, la soja, la carne o la madera de forma sostenible.

Los datos de la deforestación

Los datos son demoledores. Según cifras recabadas por Climate Action, la producción de aceite de palma, de soja, de carne de vacuno y la maderera en siete países con altas tasas de deforestación (Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Indonesia, Malasia y Papua Nueva Guinea) contribuyó al 40% de la tala de bosques tropicales y al 44% de las emisiones de carbono asociadas entre 2000 y 2011.

Este paso no es el primero andado por Noruega para luchar contra la deforestación. Ya en 2008, el país dio mil millones de dólares a Brasil para combatir esta lacra. Gracias en parte a esta donación, el país sudamericano logró en 2015 reducir la deforestación en un 75%. Se salvaron más de 8 millones y medio de hectáreas de la selva amazónica y se evitó la emisión de 3,2 millones de toneladas de CO2.

“Otros países deberían seguir el liderazgo de Noruega y adoptar compromisos similares de deforestación cero”, alerta Ranum.

¿Qué pasaría si dejáramos de usar combustibles fósiles hoy?”

El drama medioambiental, a la pequeña pantalla

El rol de Noruega y su posición en la lucha contra el cambio climático, contra sus causas y consecuencias, también ha sido trasladado a la ficción. En un momento en el que urge adquirir una conciencia medioambiental a nivel social y estatal, la serie noruega Okkupert (Occupied a nivel internacional) presenta una distopía que involucra ecologismo, política y relaciones internacionales.

Creada por Jo Nesbø y producida entre la TV2 noruega y el canal ARTEfrancés, esta serie de ficción presenta situación extrema pero fácil de imaginar: el mundo ya no puede acceder al petróleo de Oriente medio debido a los constantes conflictos bélicos; Estados Unidos cierra sus puertas; y Europa se ve sumida en una profunda crisis energética.

Noruega, concienciada de la situación se plantea gracias a su flamante primer ministro “qué pasaría si dejáramos de usar combustibles fósiles hoy”. Por ello, el país decide abandonar de forma total y absoluta la explotación y distribución de combustibles fósiles y gas para dedicarse sólo a producir energía de forma sostenible.

Las reacciones son extremas. Los noruegos se muestran ilusionados ante un futuro más verde (aunque haya algunos detractores), mientras que los europeos se muestran alarmados. Tratan de todas formas hacer recapacitar a los líderes del país escandinavo y, al no lograrlo, asumen medidas extremas: pactan con Rusia para que ocupe el país y reestablezca los suministros.

Este es, evidentemente, un planteamiento extremo y distópico, pero ¿cómo reaccionaría el mundo si esas decisiones se tomaran hoy en día?