Una trabajo de la ULL teme las consecuencias de la destrucción del 85% de los bosques termófilos del Archipiélago desde el siglo XV

Con cientos de especies únicas, Canarias siempre ha sido considerada un “punto caliente” de la biodiversidad, pero podría estar abocada a sufrir “extinciones en masa” a menos que tome medidas ya. Es la factura que deberá pagar el Archipiélago por haber destruido el 85% de sus bosques desde el siglo XV.

Diez investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL) publican en el último número de la revistaDiversity and distributions un estudio sobre las “deudas de extinción” que tiene pendientes de abonar Canarias; o dicho de otra manera, acerca del coste que supondrán los excesos cometidos en las Islas durante los últimos siglos, sobre todo en el XX, incluso aunque ya no se destruyeran más sus hábitats.

El histórico viaje del Beagle tenía a Canarias entre sus primeras escalas, porque Charles Darwin soñaba con estudiar las riquezas naturales que relataba Alexander von Humboldt en sus libros. Sin embargo, las autoridades de Tenerife impidieron al barco atracar en la capital tinerfeña por los rumores acerca de una epidemia de cólera en Inglaterra… y la historia de la Teoría de la Evolución cambió de escenario.

Cuando el capitán Fitzroy decidió que no merecía la pena someter a su tripulación a una cuarentena y puso rumbo a Cabo Verde, habían pasado ya tres siglos y medio desde la llegada de los europeos a Canarias y el inicio de la radical transformación de sus paisajes, pero las Islas todavía conservaban buena parte de la biodiversidad que las había hecho famosas entre los naturalistas de todo el mundo.

En la actualidad, Canarias ha perdido el 85% de sus bosques termófilos y de sus masas de laurisilva (el 62% en la isla que menos y el 99% en la que más), el 73% de sus matorrales de cardón y tabaiba, el 55% de sus pinares y el 41% de la vegetación típica de sus costas.

Sin embargo, el Archipiélago conserva un total de 544 especies vegetales endémicas, 221 especies de escarabajos únicas en todo el mundo y 163 tipos de pequeños caracoles terrestres que solo pueden verse en alguna de sus islas, por citar algunos ejemplos. Y más de la mitad de todas esas especies endémicas (en concreto, el 59%) vive solo en un hábitat muy concreto.

El investigador del Grupo de Ecología y Biogeografía Insular de la ULL Rüdiger Otto y el resto de los firmantes de este artículo de Diversity and distributions resaltan todas estas cifras para subrayar una de las conclusiones de su estudio: El estado actual de los ecosistemas en el Archipiélago no explica toda esa biodiversidad; su existencia se debe a lo que las Islas llegaron a ser en el pasado.

O lo que es lo mismo: Las peores consecuencias de la destrucción de los hábitats naturales sobre la flora y fauna del Archipiélago están aún por ver y además conforman una amenaza de “extinción en diferido” no suficientemente valorada y ante la que es necesario tomar medidas.

“Las listas rojas infravaloran los riesgos de extinción. La lista de especies amenazadas crecerá sin que haya una mayor destrucción de los hábitats, especialmente en aquellos que han sido alterados más recientemente”, avisan los investigadores quienes añaden que “en Canarias, el crecimiento de la población y el cambio en los usos del suelo se acentuaron durante el siglo XX”. “Como consecuencia, deberíamos esperar que la lista de endemismos canarios amenazados se incremente en un futuro próximo”, entienden.

Restauración

Los autores de este trabajo reconocen que no pueden poner cifras ni plazos a la “deuda de extinción” que temen que pagará Canarias por los excesos del pasado, pero piensan que la factura será “considerable”. Por ello, urgen a poner en marcha proyectos de restauración ambiental, en especial en los bosques termófilos, los más castigados y con mayor número de especies amenazadas.

“El caso de Canarias probablemente no sea único. Por ello, interpretamos nuestros resultados como una advertencia para los conservacionistas de que lo peor de la crisis de extinción de especies en islas oceánicas quizás esté aún por llegar. Las acciones de conservación deberían centrarse en la restauración de hábitats para atenuar o revertir los procesos de extinción”, añaden los responsables de este trabajo científico.