Nuestra asociación, ADAPA Canarias, está indignada con las pintadas en las fachadas, ya sean de edificios públicos como privados; la mayoría de estas manifestaciones que se están llevando a cabo están muy lejos de ser consideradas obras de arte callejero, denominado graffiti, para ser consideradas una auténtica gamberrada…

Aquí les dejamos este artículo que nos esclarece algunas dudas sobre este tema, que tanto perjudica las fachadas de nuestro entorno y afectan negativamente al paisaje…

Hay que diferenciar si se han producido daños o sólo un deslucimiento en el inmueble.

Cuando se realiza una pintada o graffiti en un edificio, público o privado, surge la pregunta de si dicha conducta se incardina dentro del delito de daños del artículo 323 del Código Penal, o si bien, nos encontramos ante una falta del artículo 626 del citado texto.

La respuesta no es sencilla, de ahí, la disparidad que tanto en un sentido como en otro se viene produciendo con sentencias distintas, sin que se mantenga un criterio definido por nuestros Tribunales de Justicia.

Las consecuencias de considerar los hechos como constitutivos de delito frente a si son considerados una falta son obvios e importantes, puesto que si la pintada o graffiti se considera un delito de daños, el Código Penal castiga estos hechos con una pena de prisión que puede ir de 1 a 3 años, más una multa que puede oscilar de 12 a 24 meses. En cambio, si la pintada o graffiti se considera una falta, la pena a imponer será de localización permanente de 2 a 6 días o 3 a 9 días de trabajos en beneficio de la comunidad. Además si hay una condena por delito, quedarán antecedentes penales a diferencia de la falta.

Cuando nos encontramos en el ámbito penal  frente a una pintada o graffiti, lo más importante es atender a la circunstancia de si con la pintada  se han producido o no daños en el inmueble, ya que el delito del art. 323 habla de “el que cause daños …”, mientras que la falta del  art.626  sólo habla de “deslucimiento”.

Pero,  ¿qué se entiende por daños dentro del ámbito penal? la acción punible de dañar, según reiterado criterio jurisprudencial, se identifica con los verbos destruir como pérdida total, inutilizar como pérdida de su eficacia, productividad o rentabilidad, y deteriorar como pérdida parcial del “quantum”, cualquiera que sea su representación, siempre, sin embargo, bajo la  intención de un ánimo de dañar por parte del sujeto.

Por tanto, si las pintadas o graffiti no han destruido, inutilizado o deteriorado el inmueble no estaríamos frente a unos daños y por tanto tampoco frente a un delito.

La falta tipificada en el artículo 626 sanciona a los que deslucieren bienes muebles o inmuebles de dominio público o privado, sin la debida autorización de la Administración o de sus propietarios. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra deslucir  es “quitar la gracia, atractivo o lustre a algo”.

Parte de la jurisprudencia considera que las pintadas o graffiti pueden, a lo sumo consistir en una falta de deslucimiento de bienes inmuebles, prevista en el artículo 626 del Código Penal , en la medida en que no suponen la destrucción total, parcial, deterioro o menoscabo del inmueble y sí su simple deslucimiento entendiendo este concepto como quitar atractivo, lustre o gracia.

Toda pintada o graffiti llevará aparejado para dejar el inmueble en su estado primitivo, la realización de unos trabajos de limpieza por el importe que sea, lo que evidentemente supondrán un coste al propietario. Pero estos gastos no pueden confundirse con daños en el inmueble. Es decir, aunque los gastos de limpieza de la pintada fuesen elevados, estaríamos frente a una falta y no frente a un delito de daños, si el graffiti no ha supuesto una destrucción, deterioro o menoscabo del inmueble.

Añadir también, que cuando se incorporó la falta de deslucimiento por pintadas a través del art. 626 del código penal, se justificó la misma por nuestro legislador con el fin de “evitar y sancionar la proliferación de actos dedeslucimiento por garabatos y manchas que se observan en las paredes de los edificios y que perjudican ostensiblemente el ornato público, sin que puedan calificarse como daños propiamente dichos”.

Parece, pues, que en la llamada “mente del legislador” estaba la necesidad de sancionar, con un tipo penal autónomo y distinto del delito de daños , la realización, en bienes inmuebles, de pintadas y graffiti efectuadas de modo intencionado o doloso. Huelga añadir que si dicho comportamiento no resultaba, a juicio de los propios autores del Código Penal, constitutivo de delito de daños, cualquiera que pudiera ser el importe de la restauración, salvo que se acrediten aquellos,  tales hechos no podrán considerarse en aplicación del principio de legalidad penal, como constitutivos de delito de daños.

En definitiva, la existencia misma del artículo 626 Código Penal pone de manifiesto que no cualquier deterioro parcial de una cosa, mueble o inmueble, en su sentido estrictamente económico, puede reputarse sin más como constitutiva de un delito (o falta) de daños . Si así fuera, habría de considerarse que el deslucimiento al que se refiere el artículo 626 del Código Penal quedaría excluido siempre que la reparación del bien afectado o la vuelta a su primitivo estado (su limpieza o restauración) comportara alguna clase de coste económico, lo que, no hace falta decirlo, sucederá prácticamente en todos los casos. Por eso, la línea fronteriza entre los daños y el mero “deslucimiento” habrá de ser trazada sobre la base de un criterio distinto, el de considerar que existen daños cuando se produce alteración de la sustancia de la cosa y no cuando el comportamiento no afecta a la sustancia misma del bien.