Nicolai Vavilov, botánico y genetista ruso, creó el primer banco mundial de semillas
con la finalidad de recoger la biodiversidad y para obtener las mejores cosechas seleccionando las mejores semillas. Y Vavilov, a pesar de sus esfuerzos por mejorar la alimentación de su patria y de la humanidad, en 1945 fue acusado de que eso del banco de semillas era una chorrada burguesa, y paradójicamente murió de hambre, en una prisión soviética de la mano de Stalin. Hoy está universalmente aceptado que la lucha por la biodiversidad no es un asunto menor, es una lucha planetaria, donde todos nos jugamos mucho, ya que en la biodiversidad estamos encontrando y encontraremos más soluciones, en los próximos años, para la supervivencia alimentaria, y para la resolución de muchos retos médicos y científicos.

Muchos de los expertos preocupados por la influencia del ser humano sobre el medio ambiente, los ecologistas, hasta hace algunos años, también fueron considerados como burgueses elitistas, que no priorizaban suficientemente los graves problemas que tenía la humanidad, especialmente el hambre y el desempleo, sobre el medio ambiente y su interacción con el ser humano.

Sin embargo, en la actualidad hay un consenso planetario (con alguna excepción interesada
como la de Trump) en que la problemática del medio ambiente y su defensa no es un tema burgués, sino profundamente horizontal y con un componente tremendamente social y redistributivo ya que, por ejemplo, el cambio climático, está afectando y va a afectar más a
los más desfavorecidos, porque son los que tienen menos capacidad de adaptación.

No obstante, todavía no hay una conciencia clara de la importancia de la lucha por mejorar nuestro paisaje cotidiano, en el que todos vivimos y sufrimos. Esta lucha sigue siendo considerada por algunos pocos un tema burgués elitista, aunque gracias a Dios las cosas están rápidamente cambiando.

Hay personas que consideran que la preocupación por el paisaje cotidiano es un problema menor. Pero los estudios científicos recientes confirman lo que muchos nos imaginábamos. (1)

La gran influencia del entorno cotidiano sobre la calidad de vida en el sentido más amplio, sobre la enfermedad mental y física, sobre los suicidios, las depresiones, la autoestima individual y colectiva.
Y sobre la influencia del paisaje cotidiano en la creación de empleo de calidad, es decir, sobre el bienestar de sus habitantes en un sentido integral. (2)

Existe una prolija y creciente literatura científica sobre el papel del árbol y su relación con los seres humanos, (3) y sobre la influencia del paisaje cotidiano, es decir, el entorno en que vivimos a través del consciente y del subconsciente sobre los temas que antes mencionamos, economía, salud, depresiones, suicidios, autoestima individual y colectiva, creatividad, empleo…

Y que también un entorno cotidiano agresivo, tiene una influencia infinitamente más directiva y más negativa sobre las capas más desfavorecidas de la población. Es decir, el paisaje cotidiano es un bien público de carácter social con una elevada carga redistributiva.

Por ello, algunas prácticas aparentemente inocuas los grafitis-firma (diferenciándolas de las
expresiones artísticas), vertido de escombros, deterioro de los espacios públicos, cortes de árboles, publicidad agresiva, vallas… suciedad ambiental son particularmente graves como agresiones a un bien público, que todavía no está suficientemente valorado y, por ende, defendido. Desde Adapa, nos gustaría que la población y las instituciones, a pesar de dificultades que tienen, priorizaran el desarrollo de una estrategia horizontal y proactiva sobre
el paisaje en el sentido más amplio, especialmente en los espacios más cotidianamente
visibles, como los entornos de las carreteras, los árboles urbanos e interurbanos… y que la variable paisaje cotidiano se incluyera en todas las políticas, para aumentar la calidad de vida de los habitantes y su capacidad para crear empleo de calidad.

En esa política horizontal deberían reforzarse las plantaciones adecuadas en el espacio público, fomentar la colaboración con los privados, implementar acciones para incrementar la amabilidad y la relación entre los ciudadanos y su ciudad, tratamiento de medianeras, de mejora de las fachadas, de rincones con encanto, de jardines privados y públicos.. con incentivos, concursos… y con la flexibilidad e imaginación necesarias para hacer de estas labores un motivo de legítimo orgullo compartido, y creando de esa forma una cultura de amor al paisaje propio y cotidiano.

No es un tema menor, especialmente en Islas superpobladas como Gran Canaria (547 habitantes por Km2 ), donde las agresiones al paisaje cotidiano suponen por ende la agresión a muchos.
Por otra parte, en esta isla hay que desarrollar unas normas de comportamiento estrictas, como en territorios con la misma problemática de superpoblación, como Singapur, si queremos entre todos convivir pacíficamente, y no enervarnos por los ataques de un entorno agresivo, que en muchos casos las agresiones las recibimos a través de nuestro subconsciente (porque algunas agresiones ya no las percibimos, porque ya estamos acostumbrados a verlas ).

Además, en Canarias tenemos la suerte, al demandar el turismo de calidad espacios públicos cuidados, de que invertir tiempo, imaginación y recursos en paisaje tiene un doble efecto. Mejoramos nuestra calidad de vida, nuestra convivencia y nuestra salud física y mental y mejoramos exponencialmente la competitividad de nuestra economía y el empleo estable de nuestros ciudadanos.

(1) The Psychological value of publicart.2015 Ellard C., Psychology Today
(2) El valor de una edificación en una calle arbolada puede ser de un 10 % a un 20% superior a una en una calle similar sin arbolar y además un elemento atractor de talento creativo (Londres 2016).
(3) The Psychological effects of the forests environments on healthy adults. 2015 Fukuda S., Morita E., Public Health 121.

Rafael Molina Petit. Economista. Asociación para la Defensa del Árbol y el Paisaje de Canarias (ADAPA Canarias).