Nuestros bosques producen bienes, en parte comercializados vía el mercado, y servicios ambientales. Entre los primeros destaca la madera y leña con volumen aprovechado de casi 20 millones metros cúbicos al año (1.000 millones de euros de valor primario), el corcho con 70.000 t/año (solo el tapón de corcho supone 350 M €/año), resina natural con 12.000 t (14 M €/año), además de caza y pesca, castañas, espárragos, esparto, frutos del bosque, pastos, piñón y setas.

La madera es la base de un complejo tejido industrial que incluye: industria de la madera (madera aserrada, tableros, envases de madera), industria de pasta y papel, e industria del mueble. Junto a los restantes productos forestales genera el 1,7% del PIB, 300.000 empleos directos (1,7% del empleo total) (Tablas Input – Output INE 2015), cubriendo el 5% de la energía primaria consumida en España, con el 40% del total de energía renovable como objetivo (IDAE 2015).

La actividad forestal y el valor añadido del sector industrial asociado son impulsores insustituibles de las áreas menos pobladas y más desfavorecidas de nuestro territorio. El bosque crea y mantiene el empleo como ninguna otra actividad, al tiempo que devuelve recursos al territorio. Siendo inestimable su contribución actual al empleo, su importancia estratégica es de tipo cualitativo.

Además, los bosques proporcionan cohesión territorial, desarrollo rural y frenan la despoblación. Si se tomasen las medidas pertinentes, el sector forestal sería capaz de generar 100.000 empleos adicionales permanentes.