Miembros de nuestra asociación, ADAPA Canarias, también nos sumamos a la Ruta del Agua que parte desde el municipio de Santa Brígida para disfrutar de este precioso paisaje de medianías…

  Un centenar de personas disfrutaron de una ruta por las joyas hidráulicas que alberga en sus entrañas el barranco del Guiniguada. Una iniciativa promovida por el Cabildo de Gran Canaria para celebrar el Día Mundial del Agua que tuvo lugar el pasado jueves

El Guiniguada, un museo hidráulico
El Pozo Canario, la Presa de Satautejo o Los Veleros son algunas de las joyas del barranco

Cuando Juan Rejón llegó a Gran Canaria hace casi 540 años, sentó las bases del que más tarde sería el Real de Las Palmas en la orilla del Guiniguada. Y es que su nombre ya lo dice todo. “Según algunos expertos la etimología del barranco, de origen bereber, podría traducirse como abundante corriente de agua en un cauce natural”, recuerda el profesor de la ULPGC y funcionario del Consejo Insular de Aguas, José Imar Chirivella, en la ponencia que puso
el colofón a un recorrido por alguna de las joyas que alberga la hondonada que se ha consolidado como un auténtico museo hidráulico. Un patrimonio desconocido para muchos del que pudieron disfrutar un centenar de personas durante la iniciativa promovida por el Cabildo insular con motivo del Día Mundial del Agua que tuvo lugar el pasado jueves.

“El mayor barranco de la vertiente norte” está profundamente ligado al desarrollo de la Isla y no solo porque la primera villa tras la conquista castellana se consolidó en sus márgenes. Hechos como que fue testigo de la batalla que aconteció poco después entre aborígenes y las tropas de Rejón o que sus entrañas sirvieran de vía de escape para los canarios que huían en 1599 del corsario holandés Pieter van der Does y sus soldados, muchos de los cuales encontraron entre sus laderas la tumba, también lo convierten en un enclave de alto valor histórico. Si bien estos no son los únicos tesoros vinculados a su cuenca y los participantes en la caminata están a punto de descubrirlo.

“Vamos a mirarnos en lo nuestro”, invita Paco Guerra, guía de la empresa Arawak encargado del primero de los tres grupos que se han formado dado el alto volumen de asistencia a la actividad en la que también participan el presidente del Gobierno grancanario, Antonio Morales, varios consejeros, alcaldes y técnicos del Consejo Insular de Aguas. El punto de partida es la Finca El Galeón, en Santa Brígida, desde donde la comitiva pone rumbo hacia el pozo con el mismo nombre que se encuentra a pocos metros.

Pozos
La lluvia acompaña débilmente a ratos a los senderistas a los que no consigue enchumbarles el ánimo por conocer las curiosidades del camino. La primera parada promete. Y es que El Galeón fue autorizado en 1938, convirtiéndose el suyo en el expediente número 367 en aquel momento. Con una caña vertical de 63 metros de profundidad y tres de diámetro y dos galerías
de 330 y 170 metros, respectivamente, llama la atención por el hecho de que su boca está fuera de la nave de máquinas que ahora acoge un museo.

Este es uno de los casi 3.000 pozos de hasta 400 metros de profundidad que se construyeron a mitad del pasado siglo (en la que se tramitaron 4.000 expedientes), “coincidiendo con el auge de la agricultura de exportación”, explica Gerardo Henríquez, gerente del Consejo Insular
antes de bromear con que si se mira un mapa de pozos de la Isla, esta “parece un queso Gruyer”. Un hecho que no hace descartar que, al igual que es el territorio con mayor densidad mundial de presas, Gran Canaria sea el lugar del mundo con mayor cantidad de pozos por extensión, si bien este dato está por confirmar. El segundo alto en el recorrido, la presa de Satautejo, tampoco deja indiferente. Conocida antes como la Manzanares, por su ubicación
en el barranco del mismo nombre, tuvo la misión de abastecer a Las Palmas de Gran Canaria
hasta hace unas décadas. Aunque no está especialmente cargada de agua, destaca en ella su muro de 20 metros de mampostería curvada que permite hacer acopio de más de 230.000 metros cúbicos del líquido elemento.

Varias paradas para admirar la naturaleza y unos cuantos metros después llega el turno de los lavaderos conocidos como Los Veleros. Nombre que le viene de la imagen que dejaba la ropa tendida que, con el viento, creaban la ilusión de un mar de velas. Además de ser vital para mantener a raya la suciedad de la ropa, este espacio también resultaba importante para las relaciones sociales al ser el lugar en el que las mujeres intercambiaban conversaciones e información.  

Joyas. Lo que el barranco de Guiniguada acoge en sus entrañas, en lo que a obras hidráulicas se refiere, son auténticas joyas vinculadas a la historia y al desarrollo de la propia ciudad y la Isla. En la imagen principal, los participantes de la ruta

atravesando el puente de la Presa de Satautejo. Abajo, la visita a los lavaderos también conocidos como Los Veleros. Sobre estas líneas, arriba, el acueducto de carga para el Molino de Maipez (arriba), mientras de debajo los asistentes escuchan las explicaciones de los técnicos sobre el museo del Pozo Canario de la Finca El Galeón.

Un centenar de personas participan en el recorrido por las obras del cauce “Con tantos pozos el mapa de la Isla parece un queso gruyer”, afirma Henríquez.

La cantonera de Los Pepe se convierte en la penúltima joya a visitar. Aunque ya está modernizada, este tipo de obra, cuyo objetivo es fijar el volumen del agua que pasa por un canal en un tiempo determinado, se remonta al siglo XVIII cuando los fraccionamientos de los partícipes se acentúa. En concreto, la que se emplaza en el Guiniguada la gestiona la Heredad más antigua de la Isla, la de Las Palmas, Dragonal, Bucio y Briviesca que, a su vez, está ligada la galería de La Mina. Una infraestructura que fue autorizada por los Reyes
Católicos a principios de 1500 para trasladar agua de Tejeda al Real de Las Palmas.

El acueducto de carga del Molino de Maipez fue el colofón al recorrido por el barranco que se pretende, además, incluir en el sendero GR131 existente en las demás Islas, que tiene por objetivo conectar todo el Archipiélago y que forma parte, además, del trazado de más de 5.000 kilómetros del sendero europeo E7 que arranca desde Hungría. En lo que a la obra hidráulica
se refiere, destaca por su importancia a la hora de elevar la cota del agua para poder mover los molinos. Asimismo, esta construcción que data de 1899 es, por su proximidad, uno de los símbolos del Jardín Canario.

Precisamente en este último, tras seis kilómetros de caminata, se celebró la última parte del encuentro en el Foro Guiniguada donde José Imar Chirivella impartió su conferencia
Guiniguada: un barranco de agua. Acto seguido se llevó a cabo el reconocimiento a los vigilantes de aguas y cauces, de presas y de obras y explotación del Consejo. Un cuerpo que actualmente componen una veintena de personas encargadas de velar por el estado del patrimonio hidráulico de la Isla.