San Bartolomé de Tirajana

El corredor del Sur se convierte en foco de elevada contaminación por plásticos
 ADAPA Canarias exige más agilidad para aplicar los planes de limpieza de choque

Contaminación. Sobre estas líneas, una imagen de la parcela situada en la zona trasera del Centro Penitenciario Las Palmas II, atestada de plásticos olvidados por la empresa que explotaba el terreno como finca agrícola. En la fotografía inferior se observan restos de otros invernaderos abandonados junto a una montaña de escombros y basura

  Apenas nacen unos pocos brotes verdes entre tanta basura. El corredor del Sur de Gran Canaria, espacio que durante años ha acogido grandes extensiones de un terreno fértil que ha alimentado a la Isla durante generaciones, acumula aún restos de escombros, plásticos y basura en grandes cantidades en algunas zonas localizadas en ambos márgenes de la carretera GC- 1, en el tramo que discurre por la comarca del sureste, entre el municipio de Agüimes y la machacadora de San Bartolomé de Tirajana. A ello se suma la gran cantidad de
plásticos procedentes de antiguos invernaderos, que han quedado olvidados en los terrenos, además de decenas de invernaderos completamente derruidos pero que las empresas propietarias de estas infraestructuras no retiraron nunca del lugar tras concluir la actividad agrícola a la que se dedicaban.

 Y ADAPA Canarias, organización por la Defensa del Árbol y Paisaje de Gran Canaria, alerta: en el último año se ha multiplicado por 50 el número de invernaderos abandonados en Gran Canaria. La situación no solo supone un atentado contra el patrimonio natural de este entorno de Gran Canaria y un duro varapalo a la protección del medio ambiente, al contener estos residuos restos de toxinas altamente contaminantes, sino también una agresión y fuerte impacto visual para los miles de turistas que llegan cada año a Gran Canaria.

 Ambos lados de la autopista acumulan plástico, y restos como botellas o latas. Pero una de las
imágenes más dantescas se encuentra en una parcela situada en la zona trasera del Centro Penitenciario Las Palmas II, la cárcel de Juan Grande, y frente a la recién inaugurada Ciudad Deportiva Vicente del Bosque del barrio de Castillo del Romeral. Allí, un solar en el que se ubicaba un antiguo invernadero dedicado al cultivo tradicional en la zona, pepinos o tomates, acumula prácticamente todos los plásticos que la empresa utilizaba en sus técnicas para fomentar la fertilidad del suelo.

Una estampa generalizada

  Los plásticos están semienterrados en el terreno y ya, con el paso de los años, se han ido integrando en el territorio, provocando un grave perjuicio al medioambiente. Y es que su presencia no solo afecta a la tierra sobre la que se aloja, sino también al medio marino, ya que en un área tan ventosa como ésta los residuos acaban antes o después en el mar, que se encuentra a pocos metros de distancia.

  La imagen es deplorable, pero aunque impacta a los vecinos de la zona y a los visitantes, no es ni mucho menos la única. La estampa está más que generalizada en esta zona costera de la comarca sureste de Gran Canaria, atestada de instalaciones agrícolas en desuso cuyo abandono está ocasionando un grave daño al entorno. Esta fotografía se contempla claramente desde la autopista GC-1, y ofrece una imagen cuanto menos dolorosa.

 Rafael Molina: “La Isla es el envoltorio y no se puede vender con este paisaje degradado”

  El Cabildo de Gran Canaria inició el año pasado un plan de limpieza de escombros e invernaderos en el corredor del Sur, pero el presidente de ADAPA Canarias, Rafael Molina, pide más agilidad en la limpieza y que “en paralelo a los grandes proyectos se realice una acción gigantesca de limpieza de choque”. Molina recuerda que la producción de tomate ha disminuido considerablemente “y hay miles de metros cuadrados de invernaderos
que no se van a utilizarjamás”.

  El problema no es sencillo, porque muchas de las empresas del sector han quebrado “y los terrenos son de propietarios que alquilaron el suelo a esas sociedades y no sabemos dónde están”. Aparte de este intenso plan de limpieza de choque, el presidente de ADAPA Canarias apuesta por que sean los Ayuntamientos los que insten a los propietarios de las fincas a limpiarlas “o que sean los propios Consistorios quienes lo hagan y luego les pasen la factura”.

Rafael Molina recuerda además que la Ley del Suelo de Canarias establece multas de entre 6.000 y 60.000 euros para las empresas que hayan dejado un invernadero abandonado que afecte al paisaje. Pero las acciones, por ahora, son insuficientes.

  El estado de abandono de esta zona de la isla afecta a la imagen turística de Gran Canaria. “La isla es el envoltorio, y no puedes vender los productos elaborados aquí con este paisaje tan degradado”, añade Molina, “toda la política de desarrollo agrícola y de productos gourmet se viene abajo con el entorno tan desagradable que lucimos”. Y además, el producto valdrá menos.

  Los restos de escombros, plásticos y basuras dañan Gran Canaria, en todos los sentidos. El paisaje se marchita. Y con él, la imagen de la Isla.