Por lo visto, escasas personas que todavía creemos que los árboles no son sólo troncos que molestan a los coches, hojas que ensucian las calles y ramas que interrumpen las vistas, seguimos asistiendo atónitas y ciertamente apenadas, al emperrramiento de las diversas administraciones y responsables políticos, en dejarnos la isla sin un árbol decente. El trajín podador-talador que se traen desde que despunta el verano ( cuando cualquier “maúro” sabe que las podas se hacen en febrero, por mas señas) es digno de mejor causa, seguro.

La asociación ADAPA Canarias (para la defensa de los árboles y el paisaje de Gran Canaria) andábamos de enhorabuena, no solo por el premio conseguido a nuestra labor, inasequible al desaliento, sino convencida de que después de tantas reuniones, comisiones y citas al pie con cuanto responsable, institución y técnico hubiere en carreteras, Cabildo y ayuntamientos, se iban a parar las salvajes podas y las talas indiscriminadas pero he aquí que lo que estamos consiguiendo es que los responsables cambien de “estilo” por un lado y por otro que se atorren en carreteras y parajes mas alejados para seguir con sus prácticas preferidas de siempre : acabar con la escasa arboleda de esta maltrecha isla.

El nuevo estilo de poda, visible- y llorable- en la Carretera del Centro con el que nos sorprenden
ahora es el “pírgano”. O sea, que en lugar de cortar los troncos a la antigua usanza, a ras del suelo o a un metro o dos- dependiendo del porte de los grandes árboles- dejando los cientos de penosos tocones que bordean nuestras carreteras, ahora resulta que arrasan con todas las ramas laterales- sea cual sea su grosor y espléndido verdor- para adelgazar la copa hasta reducirla a una sola y raquítica rama que queda enhiesta apuntando a los celajes cual pírgano de escoba.

O séase. De la moda “tocón” hemos pasado al “estilo pírgano”, estilo que como un “jallo” feliz amenaza con extenderse a todas las carreteras de la isla, Otro “jallo” que celebran igualmente los responsables de turno es el de ensanchar para los peregrinos la Carretra de Teror, cargándose la arboleda que la bordea para que los que vayan “Pal Pino” lleguen asorimbados con el solajero del camino sin una sombra donde guarecerse…y para que los camiones cojan mas velocidad y lleguen cinco minutos mas pronto.

  Y no dejemos atrás el emperramiento cierto y contumaz del alcalde de Tejeda para cambiar
los mas de treinta hermosos árboles de gran porte por una explanada de cemento con su Centro Comercial y todo. Así este pueblo que ha sido nombrado de los mas bonitos de España, ya no lo será, claro pero todos seguiremos yendo allí de excursión, no para gozar del paisaje ni para ver almendros, sino para comprar marcas multinacionales y tomar una hamburguesa. Los vecinos se han asociado y están en contra de tal majadería y alegan que esos frondosos árboles además de embellecer su paisaje, dan sombra , frescor y oxígeno a un pueblo con un clima que puede alcanzar los 40 grados en verano. Pero ya se sabe que en estas cuestiones no hay (casi ) nada que hacer.

  ¡Ay! la vieja y sempiterna sensación de que por mucho que nos reciban a los vecinos y asociaciones, por muchas distinciones y premios que se den a nuestra labor, a nuestros pueblos, técnicos, alcaldes y corporaciones acabarán haciendo lo que les de la gana porque para eso gobiernan y disponen de lo público. Y esa sensación de sospecha ,en el fondo, de que se rigen no por intereses comunes sino por privados, sean los que sean. O quizá es que los técnicos podadores o de carreteras se han sacado el título al modo Cifuentes. No se sabe, en fin, si se trata de un plan premeditado para acabar con la arboleda de la isla ( y, ene ese caso, si queremos salvarla , tendremos que plantar árboles en nuestros jardines y fincas a los que ellos no lleguen); o si el plan es convertir todo el campo en una red de carreteras estilo Los Angeles para ganar espacios edificables o rapidez de comunicaciones o sencilamente, si todo es fruto de la estupidez, la dejadez, la fobia al verde o todo a la vez. Por ello, desde ADAPA, desde los vecinos de cierta sensibilidad, desde cualquier ciudadano que entienda que el paisaje es un
patrimonio común difícilmente recuperable ,parte importante de la vida cotidiana, fundamental
para nosotros y para el turismo, nos preguntamos, pedimos, exigimos:

  ¿Para cuando un catálogo de árboles singulares que no se puedan tocar? ¿Para cuando un manual de buenas prácticas que estudien y practiquen nuestros técnicos (y que no se entreguen a las modas “tocón” o “pírgano” según les de?) ¿Para cuando una educación ambiental , no solo a los jóvenes, sino que se exija a los mismos responsables de las instituciones y carreteras que no parece sino que estén aquejados del cada vez mas acrecentado mal de la “dendrofobia”? (o sea, odio, manía y “fos” al árbol).