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Defensa del Arbol y Paisaje de Gran Canaria

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Denuncia

Las ramas ocultan cuatro farolas que el ayuntamiento destapará la próxima semana

En agosto y tras las quejas presentadas por Santiago, que habló con la concejal Medina y con el jefe del Servicio de Limpieza, personal del Ayuntamiento cortó las ramas de árboles que ocultaban los semáforos de José Mesa y López. Pero la falta de poda y las heces de paloma siguen siendo un problema.

La falta de poda y los excrementos blanquecinos de paloma y tórtola que llenan la rambla de Mesa y López, es lo que denuncia Santiago, vecino de los que llevan más de 30 años en la zona y que ya ha gestionado personalmente este problema con la concejala Inmaculada Medina y con Miguel Padrón, el jefe de Parques y Jardines.

«Mire cómo la arboleda oculta la farola, eso de noche no ilumina igual», protestó el ciudadano, que asegura que sí atendieron su petición al podar los árboles que estaban tapando los semáforos de la avenida pero «no siguieron trabajando diez minutos más para terminar la poda», apostó, admitiendo que él mismo le pidió a los operarios que continuaran con la poda por necesidad pero que estos le dijeron que sólo les habían mandado a cortar las ramas de los semáforos. Pero es que los árboles han crecido hasta cubrir las luces superiores de cuatro farolas de la rambla central. También hay vegetación plantada en los laterales en mal estado.

«Las palomas son un problema. Hay gente que las alimenta porque yo vengo con el perro y me encuentro debajo de los bancos algo parecido al grano», aseguró otro vecino de la zona, interesado por acabar con el fenómeno de las aves que tanta suciedad dejan a su paso. Para evitar que tórtolas y palomas se posen en los alféizares y terrazas de la avenida José Mesa y López, muchos vecinos han colgado bolsas de plástico, «para ahuyentarlas con el ruido que hacen», y hasta un búho. Desde Limpieza, Pilar Álvarez aseguró que esta zona comercial se limpia dos veces al día con «baldeo de acera, barrido de hojas y limpieza mecanizada» por ser zona comercial y de gran afluencia de personas.

La mosca blanca también ha resultado problemática según el Santiago, presidente de su comunidad de vecinos, «es justo el tramo de la rambla que va desde la calle Galicia hasta la Plaza de la Victoria», señaló.

Medina, la concejala responsable de Salud Pública y Jardines, explicó que las labores de poda se hacen de forma programada excepto «en alguna ocasión como pueda ser este caso», dijo en referencia a las ramas que tapan las farolas, en las que trabajarán, aseguró, los operarios «el mismo lunes» próximo.

Sobre la cantidad de palomas y el problema de su defecación en las aceras, la concejal aclaró que no existe ningún tipo de plaga en la ciudad y que Mesa y López no se encuentra entre las zonas de mayor presencia de estas aves. «Hacemos las capturas donde proliferan más, no es el caso de Mesa y López para nada. «Una de las cosas que tenemos que tener claro como ciudadanos es que no debemos dar alimento a las palomas», manifestó a la vez que hizo un llamamiento al civismo para conservar en buen estado de los parques y jardines. «Se hace un mantenimiento exhaustivo pero las flores sufren los actos vandálicos», mencionó. Medina también destacó las labores de «limpieza para la mosca blanca» que se realizan y que llegarán a también a esta zona porque es un problema general de la ciudad.

 

 

Parece ser que el problema de las vallas publicitarias… no es sólo un problema de nuestro paisaje…

Millones de anuncios de publicidad externa invaden las ciudades mexicanas y contaminan el paisaje urbano, y sólo tres por ciento de los municipios del país tienen reglamentos en ese rubro, reveló hoy un especialista en la materia. Así lo destacó el presidente de la Fundación por el Rescate y Recuperación del Paisaje Urbano (FRRPU), Jorge Carlos Negrete Vázquez, al presentar un diagnóstico sobre la problemática de la publicidad externa en México. “Estamos perdiendo el paisaje urbano a través de esta cantidad de anuncios publicitarios. La Ciudad de México tiene un problemática en ese sentido, porque los espacios se los está comiendo la publicidad exterior”, dijo. Y esta ciudad no está lejos, apuntó Negrete Vázquez, “Monterrey según el último censo que nosotros hicimos hay alrededor de nueve mil 760 unidades de publicidad exterior en la ciudad”. Esta constante invasión de publicidad externa sin control se ha notado en gran medida en ciudades como Guadalajara, Monterrey, Puebla, Cancún y Pachuca, entre otras, añadió. Todo esto, indicó, tiene que ver con parabuses, espectaculares, anuncios en los puentes peatonales, mobiliario urbano que sólo sirve para poner publicidad y esto lo que hace es destruir el paisaje urbano como tal. Puntualizó que “estamos hablando de millones de anuncios en todo el país”, sin entrar en detalles, debido a que no existen estadísticas oficiales y confiables por parte de las autoridades en el país. El especialista mencionó que las empresas dedicadas a este tipo de publicidad externa en la República Mexicana reportan ingresos anuales por más de ocho mil millones de pesos. Dijo que únicamente la Ciudad de México, junto con los estados de Yucatán y Chiapas cuentan con leyes específicas para regular este tipo de publicidad, pero sus reglamentos datan de hace más de 50 años.

“No hay una ley federal de publicidad exterior, no hay un reglamento federal de publicidad exterior, solamente un tres por ciento de los municipios del país tienen reglamentos de publicidad exterior “, subrayó. Negrete Vázquez opinó que “aparte de que perdemos el paisaje urbano, estamos recibiendo una gran cantidad de información de manera constante y esto le causa un gran estrés a las personas que ven los anuncios”. También se ha convertido esto en un problema de protección civil y en el caso de la Ciudad de México, se reporta la caída de 20 anuncios espectaculares al año, a veces con consecuencias graves para la población, expresó. Manifestó que dicha fundación opera desde hace cuatro años, con expertos en la materia, y una parte importante de los datos han sido aportados en base a estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

Muchas personas siguen con las costumbre de tirar basura al suelo cuando simplemente con depositarla en el contenedor adecuado evitamos contaminar nuestro paisaje y dar la posibilidad de reciclarla….

Los vecinos del barrio se indignan ante la tala indiscriminada de decenas de
ejemplares. El PP condena el atentado y llama irresponsable al alcalde Hidalgo

Teresa García
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Muchos vecinos de La Galera no han podido recuperarse aún del impacto que les ha causado la tala indiscriminada de varias decenas de árboles ejecutada por operarios del área de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Ayer mostraban su indignación y su incredulidad ante un arboricidio que no entienden. “Si estaban enfermos, los podían haber tratado antes de talarlos y si las ramas molestaban a algún vecino con hacer una buena poda era suficiente”, argumentaYliana Torres hecha una furia. Los vio crecer y forman parte de su memoria desde que dio sus primeros pasos. Aseguraba no entender que los hayan talado
precisamente ahora, que empezaban a alcanzar un buen porte después de algo más de 20 años de cuidados. “Es injusto. Nos hemos quejado y todavía estamos esperando una explicación del Ayuntamiento. No sé si lo han hecho para ahorrarse el coste del personal de limpieza”, se quejó Yliana. “Esto no tiene nombre. Un barrio que estaba tan bonito y cuyas calles tienen nombre de árbol. Estos árboles llevaban aquí 25 años”, critican Guzmán Torres y Saruca Lezcano.

La parte final de la calle Los Avellanos ha perdido el verde de sus árboles y ahora luce un aspecto gris, solo amortiguado por la espléndida araucaria que sobrevive en la mitad de la vía. En el otro tramo de la vía, aún sobreviven los árboles, pero parece que les queda poco tiempo para sufrir el serruchazo definitivo. La calle Los Membrilleros se ha quedado sin árboles y lo mismo ha ocurrido en las calles Zapoteros, Avellanos, Naranjos y Perales, donde han hecho majo y limpio con la sierra eléctrica. De los árboles sólo queda rastro en las placas que dan
nombre a las calles.

Desde la Concejalía de Parques y Jardines, que dirige la concejala Inmaculada Medina, explicaron que la tala se acordó con los vecinos, tras una visita del alcalde Augusto Hidalgo al barrio, que se comprometió a trasladar los árboles porque las ramas se metían por las ventanas. El compromiso de Hidalgo fue anunciado hace unos meses en una nota de prensa, pero en vez de un trasplante lo que se ha efectuado esta semana es una tala salvaje. Han talado hasta los que estaban en frente de solares, que no molestaban a nadie, denuncian
los vecinos.

Peste a estiércol
“Además de los árboles, han arrasado hasta con los matos que plantaron los vecinos en los alcorques. A ver a quien le molesta eso. Un vecino plantó hace unos años una platanera y arramblaron con ella”, critica Grimanesa Reyes, que añade que los árboles compensaban el exceso de cemento. “El verde siempre es bonito y hacen que un barrio urbano sea más amable y luzca un paisaje más rural”, explica Reyes, quien considera que de lo que se debería preocupar el Ayuntamiento es de eliminar la peste que tiene amargados a los vecinos, procedente del abono de una finca cercana. Sólo dos vecinos, que no quieren dar sus nombres, se muestran de acuerdo con la tala porque “los bichos de los árboles se metían” en sus casas, pero Laura Hernández y Pablo, de Extintores Disel, piden “una multa para el Ayuntamiento”. Laura y sus compañeros han regado más de una vez los árboles talados. Y lo han hecho encantados. “Por aquí no vienen a regar nunca. Sólo riegan los de la calle principal”, explica Pablo, que recuerda la tristeza de un vecino, “a punto de llorar, mientras talaban de cuajo un árbol y luego partían el tronco a trozos”.
El portavoz del Partido Popular (PP), Juan José Cardona, lo califica de “atentado contra el medio ambiente. No hay razón que justifique esta tala indiscriminada. No salgo de mi asombro”. “Si los árboles estaban enfermos o habían crecido mucho, se podían haber podado o trasplantado, pero este arboricidio, ¿qué justificación tiene?. Con los años que cuesta crear un paisaje urbano con árboles de porte suficiente para hacer un barrio más amable y habitable, es grave que un irresponsable se cargue el trabajo de tantos años, provocando un daño irreparable al barrio. Ese irresponsable es el alcalde y líder del Tripartito, Augusto Hidalgo. El PP pedirá las responsabilidades que correspondan por este gravísimo hecho, perpetrado con plena consciencia y toda clase de agravantes”, sostuvo.

 

El asunto de las pintadas -o “graffitis” como se dice ahora- suele ser objeto de discusión
por si se tratara de muestras de arte callejero que hay que permitir en su libre
expresión o si fueran simples garabatos o machangadas que tratan de vandalizar o ensuciar las paredes y muros de la ciudad por el placer de unos gamberros. Claro que siempre puede aplicarse un criterio estético con sentido común para saber distinguir lo uno de lo otro: nadie dudaría de que el grafitero inglés Banksy es un artista como la copa de un pino que embellece y anima cuanto toca con sus sprais. Por aquí tenemos muestras también de
buenos grafiteros que rellenan con gracia y gusto paredes de obras. El mismo Manolo Padorno
grafiteó paredes medianeras ciegas en el paseo de Las Canteras con su habitual sentido poético y el oficio que tenía. Y con mas o menos oficio, tenemos algunas muestras
más en nuestra ciudad que, por lo menos, no ofenden a nadie ni vandalizan edificios.

Lo que sí ofende son esas firmas gigantescas y presuntuosas que emborronan cualquier pared, cualquier valla, cualquier muro sin el más mínimo sentido. “El nombre de los tontos en cualquier
parte está escrito”, decíamos en mi juventud siempre que algún acomplejado del grupo quería dejar su firma en cualquier sitio al que llegábamos de excursión o de viaje. Allí iba el tontaina a dejar su firma con un “Pepito estuvo aquí”, arañando con su navajita o su lapiz, ya fuera un árbol, una pared o acaso una escultura de museo para darse el pisto de dejar el testimonio
de lo importante que era por haber estado allí. Pues algo parecido le debe suceder al tal Saker: decir que ha estado allí simplemente.
¿Y?

El mismo Manolo Padorno grafiteó
paredes medianeras ciegas en el paseo de Las Canteras con su habitual sentido poético y el oficio que tenía

Me acuerdo de la época final del franquismo cuando mpezaban las calles a llenarse de pintadas (en la misma época empezó el “destape”). Los grafiteros pugnaban por dejar mensajes en las paredes cual más ocurrente o irreverente.
¿Quién de mi generación no se acuerda de aquella repetida “Que paren el mundo que me bajo” o la copiada del Mayo francés “Debajo de los adoquines está la playa” o las de contenido político tanto de un signo como de otro; o las amorosas pidiendo citas o declarándose.
Recuerdo que en Madrid era tal la proliferación de pintadas que el Ayuntamiento sacó unos
carteles advirtiendo – amablemente- por toda la villa: “Lo que quieras decir, dilo limpiamente; no ensucies tu ciudad”. A lo que algún grafitero contestó encima: “Si no me dejáis, cabrones”. Como respuesta la Alcaldía habilitó una serie de espacios para que se explayaran los grafiteros. Pero estos prefirieron los sitios de siempre por aquello de seguir de outsiders con sus mensajes políticamente incorrectos.
¿Pero qué mensaje quieren darnos gentes como el Saker nuestro? ¿Que él estuvo allí? ¿Que
él, machote de pro, se puede encaramar en cualquier muro para ensuciarlo y vandalizarlo a gusto? ¿Que tiene el poder de emporcar y arruinar cualquier superficie impunemente? ¿Que se va a hacer famoso por estampar esa pomposa escritura que solo dice su nombre -o apodo-? ¿Que la gente va a admirar su firma como si fuera la de un potentado firmando cheques? Pero ¿y no se le ha ocurrido pensar que muchos lo que pensaremos es aquello de que “el nombre de los tontos en todas partes está escrito”?

 

 

 

El Palmeral de El Lasso puede pensarse como una insospechada
contribución a la historia de la jardinería

Mariano de Santa Ana:

El arte de la jardinería es una incesante sucesión de innovaciones que hacen de la suya una historia exuberante. Así en los tiempos de Nabucodonosor II, quien ordenó construir en Babilonia unos jardines colgantes reconocidos como una de las siete maravillas del mundo, o en el siglo XVII, cuando André Le Nôtre realizó los jardines de Versalles, con sus formas geométricas pronunciadas y sus asombrosas perspectivas. Entre una y otra época, los romanos construyeron huertos destinados al goce estético, con plantas podadas con formas humanas, animalescas o mitológicas, y los árabes recrearon el paraíso coránico en los jardines organizados en torno al agua fluyente de la Alhambra y el Generalife. Quizá sea hora de considerar al palmeral de El Lasso, en su estado actual, como una insospechada contribución a la historia mundial de la jardinería.

La opinión ciudadana, al parecer unánime en este asunto, tiende a ver en este palmeral de Las
Palmas otro ejemplo, el ejemplo por excelencia, de la dejadez que los poderes políticos acreditan en lo que se refiere a tantos árboles y jardines del municipio. Pero ya se sabe que la gente necesita tiempo para digerir los experimentos estéticos. Máxime cuando, como es
el caso, la sensibilidad medioambiental está a flor de piel y cuando se trata de un recinto que llegó a tener cuatro mil ejemplares del árbol que da nombre a la ciudad, el 80% de los cuales ha muerto o va camino de ello. Y aquí está el meollo de la cuestión: ¿Por qué se deja morir a estas palmeras?
Lo fácil sería señalar a los políticos responsables de su preservación con calificativos como ametralladores con babero, bachibuzucs, gasterópodos, macrocéfalos, naufragadores, pedazos de mejillones rellenos, vendedores de guano y otros insultos tomados en préstamo de la iracundia del capitán Haddock. Pero, aunque nadie desde instancia política alguna haya hecho públicamente una defensa encendida de la condición actual del palmeral -tal vez, como se
ha dicho, por el recelo colectivo hacia cualquier iniciativa estética de vanguardia- no hay que descartar que lo que se ejecuta en esta finca del barranco El Rosario-El Lasso sea un novedoso concepto de jardín: el jardín morgue.

¿Un jardín confeccionado con cadáveres de palmeras a las que se mata de sed? ¿Por qué no? Para empezar, no toda manifestación jardinera es necesariamente una exaltación de lo viviente.
Piénsese en el jardín zen japonés, construido únicamente con grava y rocas sobre un campo de arena poco profundo. Su cualidad como espacio propicio para la meditación ha hecho que esta manifestación jardinista, elaborada con elementos que nunca tuvieron pálpito vital, trascienda las fronteras del Reino del Crisantemo. Y si esta comparación puede parecer forzada, no está de más intentar imaginar a alguien que penetra en el Palmeral de El Lasso, se sienta en postura meditativa y concentra largas horas su mirada en un punto fijo de una difunta Phoenix canariensis. No es descartable que en tal estado ese alguien llegue a atisbar un estado de disolución del yo, similar al que experimentaría si se encontrase en un jardín zen cualquiera.

Sea como fuere, no es necesario recurrir a culturas exóticas para encontrar elementos de juicio que ayuden a sopesar la posibilidad de que lo que se ejecuta en el palmeral de El Lasso responde en realidad a un plan perfectamente trazado para reinventar la historia de la jardinería. En el siglo XVIII el escritor inglés Uvedale Price, cuyos postulados influyeron decisivamente en la arquitectura paisajista de su tiempo, decía que un árbol fulminado por un rayo es algo más que simplemente hermoso o sublime: es pintoresco. Es verdad que con esta imagen Price solo pretendía ilustrar el placer que produce a la mirada la irregularidad, la variación o la rudeza de la naturaleza agreste. Pero ¿quién ha dicho que el pensamiento deba permanecer momificado en su tiempo? Quizá los sucesivos responsables políticos del estado en que se encuentra el Palmeral de El Lasso sean lectores devotos de Uvedale Price que han concluido que no hay que esperar a la acción del rayo. Que basta con cortar el riego de las palmeras, para obtener un efecto pintoresco colosal.

En fin, es posible que no esté lejos el día en que foráneos y residentes, convertidos todos al turismo de la desolación, acudan en masa a estas laderas del barranco del Rosario-El Lasso para admirar este depósito de cadáveres de palmeras. Si lo que se dirime en este lugar es la superación de las más altas cotas de la cultura con la reinvención del género de la naturaleza
muerta, si lo que lo gobierna secretamente es el tropo y no la tropelía, habrá que ir pensando en la oportunidad de extender este experimento a la ciudad entera: Hacer de toda Las Palmas un jardín morgue.

El triste sino de las parcelas P-1 y P-2 de La Mareta no hace más que incrementarse. Como si ya no fuera suficiente estar en litigio judicial durante 14 años, en la actualidad es un vertedero de basura. Los desechos que tiran los incívicos tras comer termina disperso por el viento en los solares

La entrada a la llamada milla de oro de Telde, desde la rotonda de las tazas, se ha convertido desde hace meses en un basural. Los residuos desperdigados a ambos lados de la carretera dan una imagen lamentable al área comercial de La Mareta, donde acuden a diario miles de ciudadanos. El aire arrastra a los solares cientos de bolsas de plástico y de cartón, vasos, botellas, latas, recipientes de comida para llevar, papeles, toallitas y un sin fin de desechos que incívicos han ido tirando tras ingerir la comida que se llevan de los establecimientos de restauración de la zona.

El área comercial tiene un servicio propio de limpieza y recogida de basura, pero la actuación no incluye lo que se tira en las parcelas aún sin urbanizar, por lo que el viento, muy frecuente en este espacio, termina repartiendo los desperdicios a los márgenes de la vía y llega, incluso, a las urbanizaciones de los alrededores.

El edil del Ayuntamiento de Telde, Eloy Santana, explica que estas parcelas se limpiaron gracias a un convenio en septiembre de 2016, pero para poder enviar personal de limpieza a este lugar es necesario quitarlos de los barrios. Confía en que se pueda adecentar con el programa de Zonas Rurales Deprimidas.

Una trabajo de la ULL teme las consecuencias de la destrucción del 85% de los bosques termófilos del Archipiélago desde el siglo XV

Con cientos de especies únicas, Canarias siempre ha sido considerada un “punto caliente” de la biodiversidad, pero podría estar abocada a sufrir “extinciones en masa” a menos que tome medidas ya. Es la factura que deberá pagar el Archipiélago por haber destruido el 85% de sus bosques desde el siglo XV.

Diez investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL) publican en el último número de la revistaDiversity and distributions un estudio sobre las “deudas de extinción” que tiene pendientes de abonar Canarias; o dicho de otra manera, acerca del coste que supondrán los excesos cometidos en las Islas durante los últimos siglos, sobre todo en el XX, incluso aunque ya no se destruyeran más sus hábitats.

El histórico viaje del Beagle tenía a Canarias entre sus primeras escalas, porque Charles Darwin soñaba con estudiar las riquezas naturales que relataba Alexander von Humboldt en sus libros. Sin embargo, las autoridades de Tenerife impidieron al barco atracar en la capital tinerfeña por los rumores acerca de una epidemia de cólera en Inglaterra… y la historia de la Teoría de la Evolución cambió de escenario.

Cuando el capitán Fitzroy decidió que no merecía la pena someter a su tripulación a una cuarentena y puso rumbo a Cabo Verde, habían pasado ya tres siglos y medio desde la llegada de los europeos a Canarias y el inicio de la radical transformación de sus paisajes, pero las Islas todavía conservaban buena parte de la biodiversidad que las había hecho famosas entre los naturalistas de todo el mundo.

En la actualidad, Canarias ha perdido el 85% de sus bosques termófilos y de sus masas de laurisilva (el 62% en la isla que menos y el 99% en la que más), el 73% de sus matorrales de cardón y tabaiba, el 55% de sus pinares y el 41% de la vegetación típica de sus costas.

Sin embargo, el Archipiélago conserva un total de 544 especies vegetales endémicas, 221 especies de escarabajos únicas en todo el mundo y 163 tipos de pequeños caracoles terrestres que solo pueden verse en alguna de sus islas, por citar algunos ejemplos. Y más de la mitad de todas esas especies endémicas (en concreto, el 59%) vive solo en un hábitat muy concreto.

El investigador del Grupo de Ecología y Biogeografía Insular de la ULL Rüdiger Otto y el resto de los firmantes de este artículo de Diversity and distributions resaltan todas estas cifras para subrayar una de las conclusiones de su estudio: El estado actual de los ecosistemas en el Archipiélago no explica toda esa biodiversidad; su existencia se debe a lo que las Islas llegaron a ser en el pasado.

O lo que es lo mismo: Las peores consecuencias de la destrucción de los hábitats naturales sobre la flora y fauna del Archipiélago están aún por ver y además conforman una amenaza de “extinción en diferido” no suficientemente valorada y ante la que es necesario tomar medidas.

“Las listas rojas infravaloran los riesgos de extinción. La lista de especies amenazadas crecerá sin que haya una mayor destrucción de los hábitats, especialmente en aquellos que han sido alterados más recientemente”, avisan los investigadores quienes añaden que “en Canarias, el crecimiento de la población y el cambio en los usos del suelo se acentuaron durante el siglo XX”. “Como consecuencia, deberíamos esperar que la lista de endemismos canarios amenazados se incremente en un futuro próximo”, entienden.

Restauración

Los autores de este trabajo reconocen que no pueden poner cifras ni plazos a la “deuda de extinción” que temen que pagará Canarias por los excesos del pasado, pero piensan que la factura será “considerable”. Por ello, urgen a poner en marcha proyectos de restauración ambiental, en especial en los bosques termófilos, los más castigados y con mayor número de especies amenazadas.

“El caso de Canarias probablemente no sea único. Por ello, interpretamos nuestros resultados como una advertencia para los conservacionistas de que lo peor de la crisis de extinción de especies en islas oceánicas quizás esté aún por llegar. Las acciones de conservación deberían centrarse en la restauración de hábitats para atenuar o revertir los procesos de extinción”, añaden los responsables de este trabajo científico.

 

 

Cardona ha anunciado en un comunicado que el PP “adoptará todas las medidas que sean necesarias” para que “el arboricidio sin precedentes perpetrado en la capital grancanaria tenga consecuencias políticas y no vuelva a repetirse nunca”.

El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, Juan José Cardona, ha pedido este lunes responsabilidades al grupo de gobierno por la tala, a su juicio injustificada, de 95 árboles en la ciudad, algunos de ellos plantados hace veinte años.

Cardona ha anunciado en un comunicado que el PP “adoptará todas las medidas que sean necesarias” para que “el arboricidio sin precedentes perpetrado en la capital grancanaria tenga consecuencias políticas y no vuelva a repetirse nunca”.

Para el portavoz municipal, “no puede ser que un alcalde decida talar 95 árboles en un barrio y que ello no tenga responsabilidades”.

El portavoz popular ha considerado que la tala realizada por el Área de Parques y Jardines del Consistorio es un “atentado contra el medio ambiente” ordenado por un grupo de gobierno sustentado “en un pacto político autodenominado ecologista”.

“La tala se realizó deprisa y corriendo la pasada semana en las calles Los Guindos, Los Almendros, Los Naranjos, Los Avellanos y Los Membrilleros”, ha dicho Cardona, para quien “la única razón que justificaría una tala de árboles así es que estuvieran enfermos, y es evidente que no es el caso”.

“Ante una petición vecinal de trasplantar los árboles se ha optado por el camino de en medio y se han talado los árboles”, ha criticado el portavoz popular, quien ha añadido que “ningún vecino ni nadie con sentido común ampara lo que se ha hecho”.

 

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