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Sesenta personas recorren cada día Barcelona para sacar los elementos que dañan el paisaje urbano

“El viernes por la tarde limpiamos la persiana y el pasado lunes por la mañana, al regresar al trabajo, vimos que ya la habían vuelto a pintar”, se lamenta Rafael Sánchez, en la entrada de su almacén del pasaje Torres Amat, junto a la plaza Castella, un rincón de Barcelona en el que es difícil encontrar un pedazo de pared sin pintarrajear.

  La iglesia de Sant Pere Nolasc, en este mismo enclave, tampoco se ha salvado en los últimos días de la huella de los grafiteros. El Ayuntamientoinvierte cerca de cuatro millones de euros anuales para eliminar 200.000 pintadas, carteles y pancartas que abarcan alrededor de 400.000 metros cuadrados de muros en las calles de Barcelona.

  Cada día recorren la ciudad ocho personas, bautizadas como “detectoras”, una suerte de inspectoras a la búsqueda de elementos que alteren el paisaje urbano. El pasado miércoles, una de ellas constató que la plaza Terenci Moix, en el Raval, estaba llena de grafitis. Ni un metro libre de la impronta de rotuladores o aerosoles.

  “Lo primero que hago es sacar una foto y con una aplicación del móvil, marcamos la dirección, el tamaño de la pintada, el tiempo estimado que se puede tardar en sacarla…”, detalla la detectora, que prefiere mantenerse en el anonimato. La información se traslada a los equipos con un total de 56 personas que cada día se dedican a arreglar los desperfectos.

  El mismo miércoles dos operarios se afanaban en intentar no dejar rastro de las firmas, los denominados tags, que varios desconocidos habían coloreado en el hormi-gón de una esquina de esta plaza. Invirtieron más de una hora en neutralizar seis nombres escritos en rotulador. “Para limpiar toda la plaza necesitaríamos unos cuatro o cinco días”, precisó el encargado. El proceso consiste en colocar primero una capa decapante de gel biodegradable, dejarla 10 o 15 minutos y luego echar agua caliente a presión. Si el trazo no desaparece se utiliza un producto más potente.

  A la hora del recreo, los niños de la cercana escuela Castella juegan en esta plaza dedicada a Terenci Moix. Los operarios siguen enfrascados en eliminar los tags.

Ciutat Vella, Gràcia, Horta-Guinardó y Nou Barris son los distritos que más sufren la acción de los grafiteros, apunta Carles Vázquez, director de Limpieza y Gestión de Residuos del Ayuntamiento. “Cada vez hay más pintadas pero son más pequeñas, lo que predomina es el tag”, detalla Vázquez. Los equipos municipales salen cada día, de lunes a sábado, para limpiar la pintura en espacios públicos y también en fachadas de edificios privados que no han sido catalogados por el Departament de Patrimoni Arquitectònic. La eliminación de los grafitis en esculturas y monumentos corresponde a dicho departamento y en el metro o en las marquesinas de los autobuses a TMB.

  “Más de una vez hemos limpiado una pared y una hora después la han ensuciado de nuevo”, comentan los operarios. A veces los muros lucen impecables durante semanas e incluso meses, pero los más céntricos y codiciados apenas perduran impolutos unos días. Es el pez que se muerde la cola. Por eso comerciantes como Kaori Takahashi, que tiene una tienda de objetos japoneses en la calle Arc de Sant Ramon del Call desde hace 17 años, prefieren dejar los pintarrajos tal cual en las persianas y en las puertas de sus establecimientos. ¿Para que voy a sacarlos si al día siguiente los volverán a pintar?”, comenta resignada Takashasi.

  Los escenarios más emblemáticos del Gòtic no escapan al aerosol. El arte se mezcla con el vandalismo. La obra de personajes habilidosos o de activistas ocurrentes se confunde con el trazo grueso de otros sujetos. Y pintada sobre pintada, unos se comen a los otros en un afán de marcar territorio. A la plaza Sant Felip Neri, alguien le cambió el nombre al escribir en una esquina Plaça de Núria Montfort, personaje literario de la novela La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Así, se recuerda que Monfort residió en un edificio de Sant Felip Neri.

  Vázquez apunta que el Ayuntamiento impulsó la iniciativa Murs Lliures , ahora transformada en la plataforma Wallspot, para que los artistas urbanos puedan expresarse legalmente en diferentes espacios reservados para tal fin. A través de Wallspot, los grafiteros tienen la opción de reservar día para pintar en alguna de las nueve ubicaciones que hay en Barcelona, así como en Barberà del Vallès y en otras ciudades de Europa, África, América y Asia.

  La situación política, la huelga, el encarcelamiento de los Jordis y de consellers de la Generalitat … han provocado que se multiplicaran las pintadas y los carteles reivindicativos. “En septiembre y octubre hemos retirado un 18% más en comparación con la media de años anteriores”, precisa Carles Vázquez. “Si son ofensivas, es decir si se insulta o amenaza a alguien, se intentan quitar el mismo día”, añade.

  El director de Limpieza y Gestión de Residuos calcula acabar el 2017 con unos 200.000 elementos retirados frente a los 248.000 del 2015 o los 227.000 del 2014. Vázquez alerta que no se puede utilizar como referencia el 2016 pues durante tres meses se funcionó al mínimo nivel por el retraso de la entrada en funcionamiento de la empresa ganadora del concurso de este servicio.

  También entre enero y abril de este 2017 se trabajó con menos operarios, con sólo 45 frente a los 56 actuales, lo que explicaría el descenso de actuaciones. El 15% de una plantilla de 94 personas (cifra que incluye también al personal administrativo) son ciudadanos en riesgo de exclusión social.

 

Cada vez hay menos saltamontes, grillos, abejas y mariposas porque muchas de estas especies, que polinizan el 84% de las plantas que sirven de alimento, están amenazadas.

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Casi un tercio de las especies de ortópteros (como saltamontes, grillos o chicharras) están amenazadas, algunas en peligro de extinción.

¿Hace cuánto que no ves un saltamontes en tu paseo dominical por el campo, escuchas a los grillos desde el porche o ves una luciérnaga en una caminata nocturna por un camino rural? La sensación de estar perdiendo esta fauna que tantas generaciones asocian con su infancia, es más que eso, es una realidad. Y lo que es peor, junto a estos animales van desapareciendo, además, elementos básicos para el sustento de numerosos ecosistemas de los que dependemos todos los seres vivos.

“No solo es una sensación popular, es algo que percibimos todos los entomólogos que salimos a hacer trabajos de campo y a investigar; el descenso del número de individuos de prácticamente todos los insectos es brutal”. Lo confirma Juan José Presa, catedrático de Zoología de la Universidad de Murcia y coautor de uno de los muchos informes y estudios recientes que ponen cifras a la disminución de artrópodos.

Dicho estudio, de principios de año y surgido de la colaboración entre la Unión Europea y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), destaca que casi un tercio de las especies de ortópteros evaluadas (saltamontes, grillos y chicharras, entre otros) están amenazadas, algunas en peligro de extinción.

La transformación y destrucción del hábitat es sistemáticamente señalada en todos los estudios como la principal causa de esta hecatombe.

Wolfgang Wägele, director del Instituto Leibniz de Biodiversidad Animal (Alemania) habla, junto a otros colegas, en Science del “fenómeno parabrisas”, por el cual los conductores pasan menos tiempo limpiando sus coches de la miríada de insectos que antes morían estrellados contra cualquier punto de la carrocería. Los investigadores citados en el artículo son conscientes del descenso generalizado, a pesar de reconocer, como el resto de la comunidad científica, que es muy difícil establecer datos más precisos del declive de las poblaciones por la variedad de especies, distribución y número de individuos.

En Science se cita el caso de la Sociedad Entomológica de Krefeld, en Alemania, cuyas visitas al campo han constatado que la biomasa de insectos que queda atrapada en sus diferentes métodos de captura ha disminuido un 80% desde 1989. Presa lo lleva al terreno de sus observaciones de campo en la provincia de Pontevedra: “Antes conseguíamos atraer a infinidad de mariposas nocturnas con las trampas de luz, ahora entran muy pocas”.

“Aproximadamente tres cuartas partes de las especies de mariposas en Cataluña, y esto puede ser extrapolable al resto de España, están en declive y esto es incontestable”. Constantin Stefanescu, del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals y el Museu de Ciències Naturals de Granollers (Barcelona), llega a esta conclusión tras más de dos décadas de trabajos de campo y estudiar junto a otros investigadores a 66 de las 200 especies presentes en Cataluña. “La reducción es alarmante y aumenta cada año. Asustan, además, los datos de 2015 y 2016, los más bajos desde 1994”, apostilla Stefanescu.

El catálogo nacional de especies amenazadas solo incluye 90 de invertebrados, de los cuales 35 son insectos y únicamente 17 tienen un categoría de amenaza que permite activar planes de recuperación.

Ignacio Ribera, del Instituto de Biología Evolutiva, centro mixto del CSIC y la Universitat Pompeu Fabra, especialista en entomofaunade hábitats subterráneos y acuáticos, menciona otras dos especies que han estado presentes en la infancia de muchas generaciones: las libélulas y los zapateros, estos últimos son hemípteros de largas patas que se deslizan sobre la superficie del agua y que en algunos lugares se les llama aclaradores. “Cuando canalizan un río, desecan una charca o tapan una rambla –afirma el investigador– este tipo de insectos, entre otros, desaparecen”. Hace diez años, la UICN ya avisaba de que “las libélulas amenazadas de la cuenca mediterránea necesitan una acción urgente para mejorar su estado”.

La transformación y destrucción del hábitat es sistemáticamente señalada en todos los estudios como la principal causa de esta hecatombe que nos afecta muy directamente a las personas. Se pudo ver con el efecto que ocasionan determinados insecticidas (neonicotinoides) sobre las poblaciones de abejas, responsables de la polinización de numerosas plantas, incluidas el 30% de las que nos sirven de alimento. En general, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “alrededor del 84% de los cultivos para el consumo humano necesitan a las abejas o a otros insectos para polinizarlos y aumentar su rendimiento y calidad”.

  Las consecuencias sobre las redes tróficas que sustentan todo tipo de ecosistemas, también los agrarios, ganaderos y forestales, pueden ser fatales. Hay que pensar que la fauna invertebrada también actúa como controladora de plagas y alimento esencial del resto de animales. Stefanescu recuerda que “muchas aves se alimentan de las orugas de las mariposas que precisamente están en declive y numerosas avispas y moscas dependen también de las fases de larva y crisálida de los lepidópteros”.

Pero la destrucción del hábitat (urbanismo, agricultura intensiva, turismo…) no actúa sola como elemento distorsionador, también el abandono del campo y el cambio climático contribuyen a abonar este inquietante camino. Los científicos citan, por ejemplo, la alteración de los períodos de sincronía entre la floración de las plantas y la llegada o eclosión de los insectos.

  El problema es que el ritmo de protección es mucho más lento que el de declive, por el desconocimiento preciso que se tiene de las poblaciones y por la menor relevancia, aparente, que tienen los insectos. El catálogo nacional de especies amenazadas solo incluye 90 especies de invertebrados, de los cuales 35 son insectos y únicamente 17 (ocho vulnerables y nueve en peligro de extinción) tienen una categoría de amenaza que permite activar planes de recuperación. La Comunidad Virtual de Entomología estima en 38.311 el número de especies de insectos en la península ibérica.

El Atlas y libro rojo de los invertebrados amenazados de España propone para la península ibérica como vulnerables 69 especies de insectos, 30 en peligro de extinción y tres en peligro crítico. Mientras tanto, Juan José Presa advierte: “Es muy posible que, ahora mismo, tras un incendio o una fumigación intensiva de cultivos, estemos perdiendo a especies que ya estaban muy tocadas”.

Las ramas ocultan cuatro farolas que el ayuntamiento destapará la próxima semana

En agosto y tras las quejas presentadas por Santiago, que habló con la concejal Medina y con el jefe del Servicio de Limpieza, personal del Ayuntamiento cortó las ramas de árboles que ocultaban los semáforos de José Mesa y López. Pero la falta de poda y las heces de paloma siguen siendo un problema.

La falta de poda y los excrementos blanquecinos de paloma y tórtola que llenan la rambla de Mesa y López, es lo que denuncia Santiago, vecino de los que llevan más de 30 años en la zona y que ya ha gestionado personalmente este problema con la concejala Inmaculada Medina y con Miguel Padrón, el jefe de Parques y Jardines.

«Mire cómo la arboleda oculta la farola, eso de noche no ilumina igual», protestó el ciudadano, que asegura que sí atendieron su petición al podar los árboles que estaban tapando los semáforos de la avenida pero «no siguieron trabajando diez minutos más para terminar la poda», apostó, admitiendo que él mismo le pidió a los operarios que continuaran con la poda por necesidad pero que estos le dijeron que sólo les habían mandado a cortar las ramas de los semáforos. Pero es que los árboles han crecido hasta cubrir las luces superiores de cuatro farolas de la rambla central. También hay vegetación plantada en los laterales en mal estado.

«Las palomas son un problema. Hay gente que las alimenta porque yo vengo con el perro y me encuentro debajo de los bancos algo parecido al grano», aseguró otro vecino de la zona, interesado por acabar con el fenómeno de las aves que tanta suciedad dejan a su paso. Para evitar que tórtolas y palomas se posen en los alféizares y terrazas de la avenida José Mesa y López, muchos vecinos han colgado bolsas de plástico, «para ahuyentarlas con el ruido que hacen», y hasta un búho. Desde Limpieza, Pilar Álvarez aseguró que esta zona comercial se limpia dos veces al día con «baldeo de acera, barrido de hojas y limpieza mecanizada» por ser zona comercial y de gran afluencia de personas.

La mosca blanca también ha resultado problemática según el Santiago, presidente de su comunidad de vecinos, «es justo el tramo de la rambla que va desde la calle Galicia hasta la Plaza de la Victoria», señaló.

Medina, la concejala responsable de Salud Pública y Jardines, explicó que las labores de poda se hacen de forma programada excepto «en alguna ocasión como pueda ser este caso», dijo en referencia a las ramas que tapan las farolas, en las que trabajarán, aseguró, los operarios «el mismo lunes» próximo.

Sobre la cantidad de palomas y el problema de su defecación en las aceras, la concejal aclaró que no existe ningún tipo de plaga en la ciudad y que Mesa y López no se encuentra entre las zonas de mayor presencia de estas aves. «Hacemos las capturas donde proliferan más, no es el caso de Mesa y López para nada. «Una de las cosas que tenemos que tener claro como ciudadanos es que no debemos dar alimento a las palomas», manifestó a la vez que hizo un llamamiento al civismo para conservar en buen estado de los parques y jardines. «Se hace un mantenimiento exhaustivo pero las flores sufren los actos vandálicos», mencionó. Medina también destacó las labores de «limpieza para la mosca blanca» que se realizan y que llegarán a también a esta zona porque es un problema general de la ciudad.

 

 

Parece ser que el problema de las vallas publicitarias… no es sólo un problema de nuestro paisaje…

Millones de anuncios de publicidad externa invaden las ciudades mexicanas y contaminan el paisaje urbano, y sólo tres por ciento de los municipios del país tienen reglamentos en ese rubro, reveló hoy un especialista en la materia. Así lo destacó el presidente de la Fundación por el Rescate y Recuperación del Paisaje Urbano (FRRPU), Jorge Carlos Negrete Vázquez, al presentar un diagnóstico sobre la problemática de la publicidad externa en México. “Estamos perdiendo el paisaje urbano a través de esta cantidad de anuncios publicitarios. La Ciudad de México tiene un problemática en ese sentido, porque los espacios se los está comiendo la publicidad exterior”, dijo. Y esta ciudad no está lejos, apuntó Negrete Vázquez, “Monterrey según el último censo que nosotros hicimos hay alrededor de nueve mil 760 unidades de publicidad exterior en la ciudad”. Esta constante invasión de publicidad externa sin control se ha notado en gran medida en ciudades como Guadalajara, Monterrey, Puebla, Cancún y Pachuca, entre otras, añadió. Todo esto, indicó, tiene que ver con parabuses, espectaculares, anuncios en los puentes peatonales, mobiliario urbano que sólo sirve para poner publicidad y esto lo que hace es destruir el paisaje urbano como tal. Puntualizó que “estamos hablando de millones de anuncios en todo el país”, sin entrar en detalles, debido a que no existen estadísticas oficiales y confiables por parte de las autoridades en el país. El especialista mencionó que las empresas dedicadas a este tipo de publicidad externa en la República Mexicana reportan ingresos anuales por más de ocho mil millones de pesos. Dijo que únicamente la Ciudad de México, junto con los estados de Yucatán y Chiapas cuentan con leyes específicas para regular este tipo de publicidad, pero sus reglamentos datan de hace más de 50 años.

“No hay una ley federal de publicidad exterior, no hay un reglamento federal de publicidad exterior, solamente un tres por ciento de los municipios del país tienen reglamentos de publicidad exterior “, subrayó. Negrete Vázquez opinó que “aparte de que perdemos el paisaje urbano, estamos recibiendo una gran cantidad de información de manera constante y esto le causa un gran estrés a las personas que ven los anuncios”. También se ha convertido esto en un problema de protección civil y en el caso de la Ciudad de México, se reporta la caída de 20 anuncios espectaculares al año, a veces con consecuencias graves para la población, expresó. Manifestó que dicha fundación opera desde hace cuatro años, con expertos en la materia, y una parte importante de los datos han sido aportados en base a estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

Muchas personas siguen con las costumbre de tirar basura al suelo cuando simplemente con depositarla en el contenedor adecuado evitamos contaminar nuestro paisaje y dar la posibilidad de reciclarla….

Los vecinos del barrio se indignan ante la tala indiscriminada de decenas de
ejemplares. El PP condena el atentado y llama irresponsable al alcalde Hidalgo

Teresa García
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Muchos vecinos de La Galera no han podido recuperarse aún del impacto que les ha causado la tala indiscriminada de varias decenas de árboles ejecutada por operarios del área de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Ayer mostraban su indignación y su incredulidad ante un arboricidio que no entienden. “Si estaban enfermos, los podían haber tratado antes de talarlos y si las ramas molestaban a algún vecino con hacer una buena poda era suficiente”, argumentaYliana Torres hecha una furia. Los vio crecer y forman parte de su memoria desde que dio sus primeros pasos. Aseguraba no entender que los hayan talado
precisamente ahora, que empezaban a alcanzar un buen porte después de algo más de 20 años de cuidados. “Es injusto. Nos hemos quejado y todavía estamos esperando una explicación del Ayuntamiento. No sé si lo han hecho para ahorrarse el coste del personal de limpieza”, se quejó Yliana. “Esto no tiene nombre. Un barrio que estaba tan bonito y cuyas calles tienen nombre de árbol. Estos árboles llevaban aquí 25 años”, critican Guzmán Torres y Saruca Lezcano.

La parte final de la calle Los Avellanos ha perdido el verde de sus árboles y ahora luce un aspecto gris, solo amortiguado por la espléndida araucaria que sobrevive en la mitad de la vía. En el otro tramo de la vía, aún sobreviven los árboles, pero parece que les queda poco tiempo para sufrir el serruchazo definitivo. La calle Los Membrilleros se ha quedado sin árboles y lo mismo ha ocurrido en las calles Zapoteros, Avellanos, Naranjos y Perales, donde han hecho majo y limpio con la sierra eléctrica. De los árboles sólo queda rastro en las placas que dan
nombre a las calles.

Desde la Concejalía de Parques y Jardines, que dirige la concejala Inmaculada Medina, explicaron que la tala se acordó con los vecinos, tras una visita del alcalde Augusto Hidalgo al barrio, que se comprometió a trasladar los árboles porque las ramas se metían por las ventanas. El compromiso de Hidalgo fue anunciado hace unos meses en una nota de prensa, pero en vez de un trasplante lo que se ha efectuado esta semana es una tala salvaje. Han talado hasta los que estaban en frente de solares, que no molestaban a nadie, denuncian
los vecinos.

Peste a estiércol
“Además de los árboles, han arrasado hasta con los matos que plantaron los vecinos en los alcorques. A ver a quien le molesta eso. Un vecino plantó hace unos años una platanera y arramblaron con ella”, critica Grimanesa Reyes, que añade que los árboles compensaban el exceso de cemento. “El verde siempre es bonito y hacen que un barrio urbano sea más amable y luzca un paisaje más rural”, explica Reyes, quien considera que de lo que se debería preocupar el Ayuntamiento es de eliminar la peste que tiene amargados a los vecinos, procedente del abono de una finca cercana. Sólo dos vecinos, que no quieren dar sus nombres, se muestran de acuerdo con la tala porque “los bichos de los árboles se metían” en sus casas, pero Laura Hernández y Pablo, de Extintores Disel, piden “una multa para el Ayuntamiento”. Laura y sus compañeros han regado más de una vez los árboles talados. Y lo han hecho encantados. “Por aquí no vienen a regar nunca. Sólo riegan los de la calle principal”, explica Pablo, que recuerda la tristeza de un vecino, “a punto de llorar, mientras talaban de cuajo un árbol y luego partían el tronco a trozos”.
El portavoz del Partido Popular (PP), Juan José Cardona, lo califica de “atentado contra el medio ambiente. No hay razón que justifique esta tala indiscriminada. No salgo de mi asombro”. “Si los árboles estaban enfermos o habían crecido mucho, se podían haber podado o trasplantado, pero este arboricidio, ¿qué justificación tiene?. Con los años que cuesta crear un paisaje urbano con árboles de porte suficiente para hacer un barrio más amable y habitable, es grave que un irresponsable se cargue el trabajo de tantos años, provocando un daño irreparable al barrio. Ese irresponsable es el alcalde y líder del Tripartito, Augusto Hidalgo. El PP pedirá las responsabilidades que correspondan por este gravísimo hecho, perpetrado con plena consciencia y toda clase de agravantes”, sostuvo.

 

El asunto de las pintadas -o “graffitis” como se dice ahora- suele ser objeto de discusión
por si se tratara de muestras de arte callejero que hay que permitir en su libre
expresión o si fueran simples garabatos o machangadas que tratan de vandalizar o ensuciar las paredes y muros de la ciudad por el placer de unos gamberros. Claro que siempre puede aplicarse un criterio estético con sentido común para saber distinguir lo uno de lo otro: nadie dudaría de que el grafitero inglés Banksy es un artista como la copa de un pino que embellece y anima cuanto toca con sus sprais. Por aquí tenemos muestras también de
buenos grafiteros que rellenan con gracia y gusto paredes de obras. El mismo Manolo Padorno
grafiteó paredes medianeras ciegas en el paseo de Las Canteras con su habitual sentido poético y el oficio que tenía. Y con mas o menos oficio, tenemos algunas muestras
más en nuestra ciudad que, por lo menos, no ofenden a nadie ni vandalizan edificios.

Lo que sí ofende son esas firmas gigantescas y presuntuosas que emborronan cualquier pared, cualquier valla, cualquier muro sin el más mínimo sentido. “El nombre de los tontos en cualquier
parte está escrito”, decíamos en mi juventud siempre que algún acomplejado del grupo quería dejar su firma en cualquier sitio al que llegábamos de excursión o de viaje. Allí iba el tontaina a dejar su firma con un “Pepito estuvo aquí”, arañando con su navajita o su lapiz, ya fuera un árbol, una pared o acaso una escultura de museo para darse el pisto de dejar el testimonio
de lo importante que era por haber estado allí. Pues algo parecido le debe suceder al tal Saker: decir que ha estado allí simplemente.
¿Y?

El mismo Manolo Padorno grafiteó
paredes medianeras ciegas en el paseo de Las Canteras con su habitual sentido poético y el oficio que tenía

Me acuerdo de la época final del franquismo cuando mpezaban las calles a llenarse de pintadas (en la misma época empezó el “destape”). Los grafiteros pugnaban por dejar mensajes en las paredes cual más ocurrente o irreverente.
¿Quién de mi generación no se acuerda de aquella repetida “Que paren el mundo que me bajo” o la copiada del Mayo francés “Debajo de los adoquines está la playa” o las de contenido político tanto de un signo como de otro; o las amorosas pidiendo citas o declarándose.
Recuerdo que en Madrid era tal la proliferación de pintadas que el Ayuntamiento sacó unos
carteles advirtiendo – amablemente- por toda la villa: “Lo que quieras decir, dilo limpiamente; no ensucies tu ciudad”. A lo que algún grafitero contestó encima: “Si no me dejáis, cabrones”. Como respuesta la Alcaldía habilitó una serie de espacios para que se explayaran los grafiteros. Pero estos prefirieron los sitios de siempre por aquello de seguir de outsiders con sus mensajes políticamente incorrectos.
¿Pero qué mensaje quieren darnos gentes como el Saker nuestro? ¿Que él estuvo allí? ¿Que
él, machote de pro, se puede encaramar en cualquier muro para ensuciarlo y vandalizarlo a gusto? ¿Que tiene el poder de emporcar y arruinar cualquier superficie impunemente? ¿Que se va a hacer famoso por estampar esa pomposa escritura que solo dice su nombre -o apodo-? ¿Que la gente va a admirar su firma como si fuera la de un potentado firmando cheques? Pero ¿y no se le ha ocurrido pensar que muchos lo que pensaremos es aquello de que “el nombre de los tontos en todas partes está escrito”?

 

 

 

El Palmeral de El Lasso puede pensarse como una insospechada
contribución a la historia de la jardinería

Mariano de Santa Ana:

El arte de la jardinería es una incesante sucesión de innovaciones que hacen de la suya una historia exuberante. Así en los tiempos de Nabucodonosor II, quien ordenó construir en Babilonia unos jardines colgantes reconocidos como una de las siete maravillas del mundo, o en el siglo XVII, cuando André Le Nôtre realizó los jardines de Versalles, con sus formas geométricas pronunciadas y sus asombrosas perspectivas. Entre una y otra época, los romanos construyeron huertos destinados al goce estético, con plantas podadas con formas humanas, animalescas o mitológicas, y los árabes recrearon el paraíso coránico en los jardines organizados en torno al agua fluyente de la Alhambra y el Generalife. Quizá sea hora de considerar al palmeral de El Lasso, en su estado actual, como una insospechada contribución a la historia mundial de la jardinería.

La opinión ciudadana, al parecer unánime en este asunto, tiende a ver en este palmeral de Las
Palmas otro ejemplo, el ejemplo por excelencia, de la dejadez que los poderes políticos acreditan en lo que se refiere a tantos árboles y jardines del municipio. Pero ya se sabe que la gente necesita tiempo para digerir los experimentos estéticos. Máxime cuando, como es
el caso, la sensibilidad medioambiental está a flor de piel y cuando se trata de un recinto que llegó a tener cuatro mil ejemplares del árbol que da nombre a la ciudad, el 80% de los cuales ha muerto o va camino de ello. Y aquí está el meollo de la cuestión: ¿Por qué se deja morir a estas palmeras?
Lo fácil sería señalar a los políticos responsables de su preservación con calificativos como ametralladores con babero, bachibuzucs, gasterópodos, macrocéfalos, naufragadores, pedazos de mejillones rellenos, vendedores de guano y otros insultos tomados en préstamo de la iracundia del capitán Haddock. Pero, aunque nadie desde instancia política alguna haya hecho públicamente una defensa encendida de la condición actual del palmeral -tal vez, como se
ha dicho, por el recelo colectivo hacia cualquier iniciativa estética de vanguardia- no hay que descartar que lo que se ejecuta en esta finca del barranco El Rosario-El Lasso sea un novedoso concepto de jardín: el jardín morgue.

¿Un jardín confeccionado con cadáveres de palmeras a las que se mata de sed? ¿Por qué no? Para empezar, no toda manifestación jardinera es necesariamente una exaltación de lo viviente.
Piénsese en el jardín zen japonés, construido únicamente con grava y rocas sobre un campo de arena poco profundo. Su cualidad como espacio propicio para la meditación ha hecho que esta manifestación jardinista, elaborada con elementos que nunca tuvieron pálpito vital, trascienda las fronteras del Reino del Crisantemo. Y si esta comparación puede parecer forzada, no está de más intentar imaginar a alguien que penetra en el Palmeral de El Lasso, se sienta en postura meditativa y concentra largas horas su mirada en un punto fijo de una difunta Phoenix canariensis. No es descartable que en tal estado ese alguien llegue a atisbar un estado de disolución del yo, similar al que experimentaría si se encontrase en un jardín zen cualquiera.

Sea como fuere, no es necesario recurrir a culturas exóticas para encontrar elementos de juicio que ayuden a sopesar la posibilidad de que lo que se ejecuta en el palmeral de El Lasso responde en realidad a un plan perfectamente trazado para reinventar la historia de la jardinería. En el siglo XVIII el escritor inglés Uvedale Price, cuyos postulados influyeron decisivamente en la arquitectura paisajista de su tiempo, decía que un árbol fulminado por un rayo es algo más que simplemente hermoso o sublime: es pintoresco. Es verdad que con esta imagen Price solo pretendía ilustrar el placer que produce a la mirada la irregularidad, la variación o la rudeza de la naturaleza agreste. Pero ¿quién ha dicho que el pensamiento deba permanecer momificado en su tiempo? Quizá los sucesivos responsables políticos del estado en que se encuentra el Palmeral de El Lasso sean lectores devotos de Uvedale Price que han concluido que no hay que esperar a la acción del rayo. Que basta con cortar el riego de las palmeras, para obtener un efecto pintoresco colosal.

En fin, es posible que no esté lejos el día en que foráneos y residentes, convertidos todos al turismo de la desolación, acudan en masa a estas laderas del barranco del Rosario-El Lasso para admirar este depósito de cadáveres de palmeras. Si lo que se dirime en este lugar es la superación de las más altas cotas de la cultura con la reinvención del género de la naturaleza
muerta, si lo que lo gobierna secretamente es el tropo y no la tropelía, habrá que ir pensando en la oportunidad de extender este experimento a la ciudad entera: Hacer de toda Las Palmas un jardín morgue.

El triste sino de las parcelas P-1 y P-2 de La Mareta no hace más que incrementarse. Como si ya no fuera suficiente estar en litigio judicial durante 14 años, en la actualidad es un vertedero de basura. Los desechos que tiran los incívicos tras comer termina disperso por el viento en los solares

La entrada a la llamada milla de oro de Telde, desde la rotonda de las tazas, se ha convertido desde hace meses en un basural. Los residuos desperdigados a ambos lados de la carretera dan una imagen lamentable al área comercial de La Mareta, donde acuden a diario miles de ciudadanos. El aire arrastra a los solares cientos de bolsas de plástico y de cartón, vasos, botellas, latas, recipientes de comida para llevar, papeles, toallitas y un sin fin de desechos que incívicos han ido tirando tras ingerir la comida que se llevan de los establecimientos de restauración de la zona.

El área comercial tiene un servicio propio de limpieza y recogida de basura, pero la actuación no incluye lo que se tira en las parcelas aún sin urbanizar, por lo que el viento, muy frecuente en este espacio, termina repartiendo los desperdicios a los márgenes de la vía y llega, incluso, a las urbanizaciones de los alrededores.

El edil del Ayuntamiento de Telde, Eloy Santana, explica que estas parcelas se limpiaron gracias a un convenio en septiembre de 2016, pero para poder enviar personal de limpieza a este lugar es necesario quitarlos de los barrios. Confía en que se pueda adecentar con el programa de Zonas Rurales Deprimidas.

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