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Adapa Canarias

Defensa del Arbol y Paisaje de Gran Canaria

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Opinion

Nicolai Vavilov, botánico y genetista ruso, creó el primer banco mundial de semillas
con la finalidad de recoger la biodiversidad y para obtener las mejores cosechas seleccionando las mejores semillas. Y Vavilov, a pesar de sus esfuerzos por mejorar la alimentación de su patria y de la humanidad, en 1945 fue acusado de que eso del banco de semillas era una chorrada burguesa, y paradójicamente murió de hambre, en una prisión soviética de la mano de Stalin. Hoy está universalmente aceptado que la lucha por la biodiversidad no es un asunto menor, es una lucha planetaria, donde todos nos jugamos mucho, ya que en la biodiversidad estamos encontrando y encontraremos más soluciones, en los próximos años, para la supervivencia alimentaria, y para la resolución de muchos retos médicos y científicos.

Muchos de los expertos preocupados por la influencia del ser humano sobre el medio ambiente, los ecologistas, hasta hace algunos años, también fueron considerados como burgueses elitistas, que no priorizaban suficientemente los graves problemas que tenía la humanidad, especialmente el hambre y el desempleo, sobre el medio ambiente y su interacción con el ser humano.

Sin embargo, en la actualidad hay un consenso planetario (con alguna excepción interesada
como la de Trump) en que la problemática del medio ambiente y su defensa no es un tema burgués, sino profundamente horizontal y con un componente tremendamente social y redistributivo ya que, por ejemplo, el cambio climático, está afectando y va a afectar más a
los más desfavorecidos, porque son los que tienen menos capacidad de adaptación.

No obstante, todavía no hay una conciencia clara de la importancia de la lucha por mejorar nuestro paisaje cotidiano, en el que todos vivimos y sufrimos. Esta lucha sigue siendo considerada por algunos pocos un tema burgués elitista, aunque gracias a Dios las cosas están rápidamente cambiando.

Hay personas que consideran que la preocupación por el paisaje cotidiano es un problema menor. Pero los estudios científicos recientes confirman lo que muchos nos imaginábamos. (1)

La gran influencia del entorno cotidiano sobre la calidad de vida en el sentido más amplio, sobre la enfermedad mental y física, sobre los suicidios, las depresiones, la autoestima individual y colectiva.
Y sobre la influencia del paisaje cotidiano en la creación de empleo de calidad, es decir, sobre el bienestar de sus habitantes en un sentido integral. (2)

Existe una prolija y creciente literatura científica sobre el papel del árbol y su relación con los seres humanos, (3) y sobre la influencia del paisaje cotidiano, es decir, el entorno en que vivimos a través del consciente y del subconsciente sobre los temas que antes mencionamos, economía, salud, depresiones, suicidios, autoestima individual y colectiva, creatividad, empleo…

Y que también un entorno cotidiano agresivo, tiene una influencia infinitamente más directiva y más negativa sobre las capas más desfavorecidas de la población. Es decir, el paisaje cotidiano es un bien público de carácter social con una elevada carga redistributiva.

Por ello, algunas prácticas aparentemente inocuas los grafitis-firma (diferenciándolas de las
expresiones artísticas), vertido de escombros, deterioro de los espacios públicos, cortes de árboles, publicidad agresiva, vallas… suciedad ambiental son particularmente graves como agresiones a un bien público, que todavía no está suficientemente valorado y, por ende, defendido. Desde Adapa, nos gustaría que la población y las instituciones, a pesar de dificultades que tienen, priorizaran el desarrollo de una estrategia horizontal y proactiva sobre
el paisaje en el sentido más amplio, especialmente en los espacios más cotidianamente
visibles, como los entornos de las carreteras, los árboles urbanos e interurbanos… y que la variable paisaje cotidiano se incluyera en todas las políticas, para aumentar la calidad de vida de los habitantes y su capacidad para crear empleo de calidad.

En esa política horizontal deberían reforzarse las plantaciones adecuadas en el espacio público, fomentar la colaboración con los privados, implementar acciones para incrementar la amabilidad y la relación entre los ciudadanos y su ciudad, tratamiento de medianeras, de mejora de las fachadas, de rincones con encanto, de jardines privados y públicos.. con incentivos, concursos… y con la flexibilidad e imaginación necesarias para hacer de estas labores un motivo de legítimo orgullo compartido, y creando de esa forma una cultura de amor al paisaje propio y cotidiano.

No es un tema menor, especialmente en Islas superpobladas como Gran Canaria (547 habitantes por Km2 ), donde las agresiones al paisaje cotidiano suponen por ende la agresión a muchos.
Por otra parte, en esta isla hay que desarrollar unas normas de comportamiento estrictas, como en territorios con la misma problemática de superpoblación, como Singapur, si queremos entre todos convivir pacíficamente, y no enervarnos por los ataques de un entorno agresivo, que en muchos casos las agresiones las recibimos a través de nuestro subconsciente (porque algunas agresiones ya no las percibimos, porque ya estamos acostumbrados a verlas ).

Además, en Canarias tenemos la suerte, al demandar el turismo de calidad espacios públicos cuidados, de que invertir tiempo, imaginación y recursos en paisaje tiene un doble efecto. Mejoramos nuestra calidad de vida, nuestra convivencia y nuestra salud física y mental y mejoramos exponencialmente la competitividad de nuestra economía y el empleo estable de nuestros ciudadanos.

(1) The Psychological value of publicart.2015 Ellard C., Psychology Today
(2) El valor de una edificación en una calle arbolada puede ser de un 10 % a un 20% superior a una en una calle similar sin arbolar y además un elemento atractor de talento creativo (Londres 2016).
(3) The Psychological effects of the forests environments on healthy adults. 2015 Fukuda S., Morita E., Public Health 121.

Rafael Molina Petit. Economista. Asociación para la Defensa del Árbol y el Paisaje de Canarias (ADAPA Canarias).

Nuestras playas requieren un especial cuidado por parte de todos y todas… pero no siempre se les presta la atención deseada; aquí les dejamos un artículo de denuncia de nuestra querida compañera y miembro de ADAPA Canarias, Cristina Molina Petit… “Las Canateras, ¿quien cuida la playa?”, un escrito que sin lugar a dudas nos invita a la reflexión:

  Los apuestos mozos de la llamada Policía Turística están cambiando sus bicicletas por esos vehículos a los que llaman segways asaz silenciosos e inteligentes, que dicen ser giroscópicos y eléctricos; o sea, superecológicos y de ultimísima generación. Erguidos como estatuas olímpicas, recorren la Avenida de Las Canteras con un suave balanceo en la postura y apostura que requiere ese moderno artefacto, siempre mirando al frente, atentos para no atropellar paseantes, carritos de bebés o bañistas en chancletas. De acá para allá se deslizan nuestros guardias sobre la Avenida, impecablemente vestidos y calzados y se les nota que van felices y contentos con ese trabajo y en esos graciosos transportes.

Al parecer, lo que se dice la playa- o sea lo que está mas abajo de la Avenida, eso que tiene arena y mar- no es de su incumbencia, no lo tienen encomendado, nadie les ha ordenado nada sobre ello y tampoco se sienten interesados por el tema. Claro, se entiende que si van tan atentos sorteando hábilmente paseantes y carritos, han de mirar al frente y no pueden distraerse echando un ojo a la playa, mismamente. Tampoco van a pararse un ratito a ver qué pasa en la arena, porque lo mismo pierden la fuga del segway o la concentración debida.

Pero el caso es que si se pararan un rato en ciertos puntos álgidos (o “puntos negros”) como son El Peñón, La Puntilla, La Playa Chica…etc, verían u oirían como se incumplen todos los días casi todas las normativas al respecto: la gente juega a las raquetas, al fútbol, pone música a toda pastilla -cuando no llevan los instrumentos bajo la sombrilla-, deja botellas y bolsas de basura, tira colillas, alimenta los peces con bolsas enteras de pan, pescan con liña, pasea perritos? y muchos pequeños juegan con el agua de las duchas, abriendo los chorros de forma permanente, como si se tratara de la fuente eterna.

Pregunta: ¿Es que Las Canteras se refiere solo a La Avenida? ¿Es que no hay nadie que baje a la arena? ¿Ningún guardia podría aparcar su precioso vehículo por un rato y, mas que sea, asomarse un rato en “horas punta” (bajadas de mareas) en los “puntos negros”? ¿Qué pasa? ¿ Tienen reparos en ensuciarse el uniforme o quizá en que les entre arena en las playeras?; o ¿tienen miedo de que les roben el vehículo? ¿De coger una insolación? ¿Se los tendrá prohibido el concejal, no sea que se malquisten con los bañistas?

Otras preguntas: ¿Para qué poner ordenanzas, cartelitos, altavoces con advertencias si no hay nadie que vigile y las haga cumplir? ¿Pagamos entre todos toda esa parafernalia de bonitos uniformes y elegantes nuevos vehículos para ver a la llamada Policía Turística pasear por La Avenida y, ocasionalmente, poner multas a los coches cercanos mal aparcados?

¡Ay! La que proclamamos la mejor playa capitalina del mundo mundial, ¿no se merece que nadie la cuide?

Interesantes declaraciones del economista Matías González cuando afirma que “la invasión urbanística del ecosistema se produjo sin tener un conocimiento mediano de la estructura y dinámica del mismo. Lo importante es el metabolismo social y ambiental, es decir, el balance de impactos positivos y negativos en el tejido socioeconómico y en la salud de los ecosistemas que deberán seguir sustentando nuestras vidas en estas islas”…

“Conservar y mejorar los recursos naturales y culturales también dará más y mejores oportunidades de empleo e ingreso en las muy diversas profesiones relacionadas con ello”, asegura el profesor especialista en Turismo

“El objetivo último es que el turismo contribuya a mejorar de forma duradera las condiciones de vida de la sociedad canaria”

“El turismo, que fue en otro tiempo una promesa de mejora de la cohesión social en el Archipiélago, ha devenido en punta de lanza de la quiebra de la cohesión y el aumento de las desigualdades”

Reflexionar permanentemente sobre nuestra gran industria, el turismo, es algo a lo que está obligada la sociedad canaria. Para aprender de lo hecho, corregir disfunciones y ser capaces de que este sector tenga futuro, siendo respetuoso con el medio ambiente y posibilitando la generación de riqueza y empleo de calidad. Para Matías González, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, “la reorientación sostenible del turismo en Canarias no es una opción, es una necesidad y una oportunidad, que a su vez debe contribuir a construir una sociedad más equitativa”. Asegurando que el sector cuenta con un gran potencial “para liderar un cambio social y ecológico hacia un modelo más equitativo y ecológicamente viable”.

Como industria el turismo comienza a implantarse en Canarias en los sesenta. ¿Bajo qué condicionantes? ¿Influyeron estos en su posterior desarrollo?

Bueno, habría que decir que fuimos descubiertos como gran destino de invierno para el turismo de masas europeo en la década de los 60 por parte de los grandes touroperadores europeos que por aquella época se estaban conformando. No fue una decisión estratégica autónoma, sino que fuimos señalados para asumir ese rol, que abriría las puertas a un crecimiento económico tan rápido como dependiente, que ha marcado nuestra historia económica reciente. Desde los inicios del turismo de masas en Canarias se produce una clara división del trabajo entre las corporaciones turísticas internacionales que planificarán y dirigirán esta industria, por su control del mercado y su capacidad financiera, y los poderes económicos insulares, en aquella época fuertemente insularizados, que se especializarían en el lucrativo negocio de la construcción del urbanismo turístico, que tuvo en la especulación del suelo su principal fuente de beneficios. En este periodo, la alianza que condicionó el devenir económico de las islas fue la establecida entre la especulación inmobiliaria y el poder político insular y local, todavía franquista. El advenimiento de la democracia, el estado de las autonomías y el ingreso en la, por aquellos años, Comunidad Económica Europea (hoy evolucionada a Unión Europea), ocurridos todos en menos de una década, no representaron cambios significativos en el modus operandi de la industria, en la que la impronta especulativa siguió soplando las velas del crecimiento de la oferta alojativa de manera autónoma al crecimiento de la demanda, provocando sucesivas crisis de sobreoferta hasta 2007. En Canarias, la burbuja inmobiliaria fue residencial y turística.

Al igual que cualquier otra actividad humana, el turismo supone un impacto medioambiental y, también, social…

Un crecimiento tan intenso con una gobernanza tan deficitaria no podía menos que generar fuertes tensiones ambientales y sociales, que han connotado claramente el desarrollo turístico canario. Los principales impactos ambientales han sido el resultado de la combinación de la ignorancia y un cortoplacismo voraz. El caso de las Dunas de Maspalomas creo que sirve para ilustrar esto bastante bien. La invasión urbanística del ecosistema se produjo sin tener un conocimiento mediano de la estructura y dinámica del mismo. Algunas cosas sin embargo eran evidentes, como que la urbanización de la terraza sedimentaria que culmina en lo que hoy es el Hotel Riu Palace tendría consecuencias en la dinámica eólica que transporta las arenas, concediéndole el carácter de sistema móvil.

Las consecuencias son muy importantes…

En efecto. Los expertos nos cuentan que el vórtice de viento que ello genera expulsa del sistema unas 40.000 toneladas al año de arena, convirtiendo a las Dunas de hoy en un pobre reflejo de lo que fueron hace apenas 40 años, y explica la fijación de las dunas que perduran a la sombra eólica de la urbanización.

El modelo también tiene algo que ver con nuestros históricos elevados datos de abandono escolar temprano, por ejemplo…

Es un asunto a estudiar con rigor, pero posiblemente una parte del problema estructural que tiene Canarias con fenómenos como el abandono escolar temprano, la baja cualificación media de su fuerza laboral o la incidencia de problemas sanitarios asociados a inadecuados patrones de alimentación, tienen que ver con la construcción social del urbanismo residencial en aluvión, que desbordó todos los mecanismos dispuestos para gestionarlo. Este fenómeno está en la base de la creciente desigualdad social y la cronificación de algunos problemas asociados a la marginalización. También contribuye a explicar por qué las fases de recuperación del crecimiento económico como la actual tienen tan escasos efectos en la mejora efectiva de las condiciones de vida de segmentos muy amplios de la sociedad canaria.

Se produce y reproduce el fenómeno de los pobres con empleo…

El fenómeno de los empleados pobres está creciendo en la actividad turística de la mano de salarios exiguos, horas no pagadas, trabajo informal, condiciones de trabajo deterioradas y estrés laboral que afecta a un elevado porcentaje de la población ocupada en la actividad. La avidez por aprovechar la bonanza en términos de entradas de turistas para recuperar márgenes empresariales, con escasísimo reflejo en las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras, está provocando un deterioro del clima laboral que, de acuerdo con los estudiosos de este fenómeno, está incidiendo en la calidad percibida del servicio turístico. En otras palabras, la codicia desmedida puede estar afectando negativamente al valor y rentabilidad a largo plazo de los productos turísticos comercializados en Canarias. En cualquier caso, el turismo que fue en otro tiempo una promesa de mejora de la cohesión social en el Archipiélago, ha devenido en punta de lanza de la quiebra de la cohesión y el aumento de las desigualdades. Un desafío clave para la reorientación sostenible del turismo que Canarias demanda.

Se habla mucho de turismo sostenible. No sé si como lema, deseo o propaganda…

El turismo sostenible es una necesidad imperiosa pero es también una etiqueta que encubre políticas y prácticas que en realidad son poco sostenibles. Hay que trascender de la etiqueta a la estrategia viable que realmente cambie el metabolismo social y ambiental del turismo. ¿Qué es en realidad la transformación sostenible del turismo? Se resume en generar productos y experiencias con más valor (es decir, que los ingresos dependen menos de la cantidad y más de la calidad); en usar la base de recursos naturales y culturales disponibles para crear ese valor añadiéndole conocimiento humano, y al mismo tiempo conservarla y acrecentarla; y en crear oportunidades para un segmento mayor de la población que reside en el destino, y para ello mejorar la formación y las condiciones para emprender. En estas tres dimensiones, en Canarias tenemos todavía mucho que progresar, aunque en los últimos años se han producido varios avances notables en algunos ámbitos.

¿Cómo se debería abordar este asunto?

Estas tres dimensiones están íntimamente relacionadas entre sí. La producción de productos y experiencias con más valor depende en buena medida de hacer el destino ambientalmente más amigable, ya que esto refleja una preferencia creciente entre los turistas; y conservar y mejorar los recursos naturales y culturales también dará más y mejores oportunidades de empleo e ingreso en las muy diversas profesiones relacionadas con ello (una apropiada gestión de los residuos y de las aguas residuales, y el aprovechamiento del potencial de energías renovables sólo en el turismo, darían para crear varios miles de empleos directos, y muchos más indirectos e inducidos). Las barreras para llevar a cabo esta transición no son desde luego tecnológicas, ni tampoco de capital humano. Se sitúan en las corporaciones que controlan estos mercados y que han logrado, a través de prácticas no siempre confesables, que quienes regulan estas actividades sirvan a sus intereses, y no a los de la sociedad en su conjunto. La reorientación sostenible del turismo en Canarias no es una opción, es una necesidad y una oportunidad, que a su vez debe contribuir a construir una sociedad más equitativa. El turismo tiene un elevado potencial para liderar un cambio social y ecológico hacia un modelo más equitativo y ecológicamente viable. Depende de que las fuerzas de progreso de la sociedad dejen de lado sus prejuicios sobre esta actividad, y se ocupen mejor de estudiarla, comprenderla y ofrecer alternativas reales para cambiar su gobernanza.

Y ello exige, inevitablemente, hablar del empleo que se genera y de su mayor o menor calidad…

El turismo puede generar empleo escaso y mal pagado, o abundante y bien remunerado. Esta información no está grabada en su ADN, sino que depende de las políticas que lo gobiernen. Un turismo diversificado, que conecte sabiamente la oferta de servicios con la formación de miles de egresados universitarios y de ciclos formativos, en ámbitos tan diversos como la gestión ambiental (ingenierías diversas, ciencias ambientales y del mar, biología, etc.), la prevención y recuperación de la salud y la forma física (ciencias de la salud y del deporte), el turismo activo en el medio natural y rural, la gastronomía con productos ecológicos y de kilómetro cero, interpretación del patrimonio cultural en todas sus manifestaciones (arquitectura, historia, arte, filologías, etc.), y un largo etcétera, representan otras oportunidades de mejorar la cantidad, diversidad y calidad de los empleos que el turismo es capaz de promover. Cambiar la creencia social de que el turismo es una actividad que sólo puede generar empleos precarios y mal pagados para una mayoría, y elevados ingresos sólo para unos pocos; prestigiar la provisión de servicios a quienes nos visitan, no sólo como fuente potencial de ingresos saneados, sino también de crecer personalmente en la relación con personas de otras culturas y latitudes; todo esto es una gran asignatura pendiente en la sociedad canaria. Cierto es que nuestro sistema educativo es el primero que no ha superado aún esta materia. La torpeza con la que se aborda todavía la dimensión profesionalizadora de nuestras universidades y centros de formación profesional, por supuesto con honrosas excepciones, es proverbial. Y, desgraciadamente, no atisbo señales muy claras de cambio… Afortunadamente hay gente que comienza a señalar el camino, aunque sea desde experiencias que no han adquirido aún el reconocimiento y el apoyo por parte de las políticas oficiales. Pero creo que por ahí está empezando el cambio…

El éxito actual hace que algunos ya se atrevan a hablar de 15, 18, 20 millones de turistas, sin medir sus consecuencias…

El número no es lo más relevante, aunque obviamente no puede crecer indefinidamente. Lo importante es el metabolismo social y ambiental, es decir, el balance de impactos positivos y negativos en el tejido socioeconómico y en la salud de los ecosistemas que deberán seguir sustentando nuestras vidas en estas islas. Los estudios de capacidad de carga que un día estuvieron centrados en estimar un número óptimo de visitantes han derivado a estimaciones de los límites de cambio aceptable en variables críticas de los sistemas natural y social. Es la diferencia entre crecimiento y desarrollo. La cuestión no es como hacemos crecer el turismo, sino cómo nos desarrollamos mejor gracias a él. Aquí el problema reside, creo, en cualificar el debate. Muchas veces escuchamos argumentos pobres tanto a favor del crecimiento de la actividad turística como desde quienes claman por restringirla. Hay mucha pedagogía social que hacer al respecto y creo que ni las autoridades ni los medios están ayudando mucho a cualificar el debate social.

¿Cómo se puede concretar ese planteamiento?

Pongo un ejemplo. Más turismo en una ciudad turística mejor planificada y más compacta, con peatonalización y apostando por la movilidad colectiva y eléctrica; con una oferta diversificada y de calidad que permita aumentar el gasto por pernoctación (con actividades sostenibles en la naturaleza ligadas al deporte, la observación de la biodiversidad y la geología volcánica, actividades acuáticas de bajo impacto, una puesta en valor inteligente del patrimonio cultural que atesoran las islas, potenciación de la gastronomía,…); con redes de renovables distribuidas y aprovechamiento integral de todo el potencial (eólico, solar, geotérmico, principalmente); con gestión de residuos que mejore el procesamiento del contenedor amarillo, adopte el imprescindible nuevo contenedor para materia orgánica compostable y/o biodigerible, lleve a cabo un tratamiento integral (terciario o biológico) de las aguas residuales y su reaprovechamiento; y con una mejora de la formación y capacitación profesional de la población insular para facilitar su inserción en cualquiera de los aspectos de la cadena de valor mencionados… podría contribuir mucho más que ahora a la creación de empleo cualificado y razonablemente remunerado, y a conservar e incluso mejorar el estado de conservación de algunos de nuestros más importantes ecosistemas.

No plantea usted entonces introducir límites al crecimiento…

Lo que propongo es que todo lo que he señalado debe ser anterior a poner un techo de crecimiento; este se dará cuando ya no podamos mejorar en los aspectos antes mencionados. Esta discusión se dio cuando se reflexionaba sobre qué tipo de directrices del turismo necesitaba Canarias, a comienzos de este siglo, pero se prefirió una vía más cuantitativa y de lineamientos urbanísticos, menos integral.

¿Qué futuro le espera a Canarias?

El futuro, claro está, no está escrito. Quiero decir que el turismo ni nos salvará ni nos condenará; que todo depende de la gestión que como sociedad hagamos de él. Y digo sociedad, y no sólo gobierno, porque lo que realmente caracteriza y distingue a las sociedades democráticamente maduras es su implicación en los grandes temas que les incumben. La gobernanza del turismo mejorará más si la sociedad canaria llega a comprender la verdadera naturaleza de esta industria y el modo en que puede favorecer el desarrollo sostenible del Archipiélago; y a partir de ahí es capaz de forzar la orientación de las políticas gubernamentales. La buena gestión del turismo no es una cuestión de romper continuamente récords del número de entradas, o atraer a tal o cual inversor o proyecto aislado. El objetivo último ha de ser el de que el turismo contribuya a mejorar de forma duradera las condiciones de vida de la sociedad canaria. Más turistas pero menos pernoctaciones son más costes con menos ingresos; no interesa. Más pernoctaciones con menor gasto es más presión sobre los recursos con menos rédito social; tampoco interesa. Más gasto por pernoctación, pero con un patrón que disminuye el efecto de arrastre de ese gasto hacia el conjunto de la economía; tampoco. Más ingreso turístico a corto plazo, pero a costa de destrucción de capital natural que comprometa la viabilidad del destino a largo plazo, es también un mal negocio para la sociedad. En un momento dado se puede crear más bienestar procedente del turismo apostando por diversificar, cualificar y generar oportunidades a través de una auténtica capacitación, que aumentando el número de camas. El gasto en formación y capacitación para el desarrollo profesional en el turismo puede ser la más rentable de todas las inversiones públicas que puedan llevarse a cabo en el sector. Pero para poder afirmar o corroborar todo esto se necesita información bien cualificada para sustentarlo. Difícilmente habrá buena gobernanza del turismo si no contamos con un verdadero sistema de información que asista las decisiones de los actores públicos y privados.

¿Carecemos a estas alturas de buenos sistemas de información?

Aunque hemos progresado, todavía tenemos muchos déficits en comparación con la importancia alcanzada por el turismo en las islas. Por ejemplo, seguimos sin tener unas cuentas satélite del turismo (el informe anual que publica una consultora por encargo del Gobierno no se acerca ni de lejos a ello), cuando destinos mucho menos potentes que el nuestro ya cuentan con ellas. Por tanto, la secuencia que va desde conciencia social de la importancia, reconocimiento de la complejidad, y mayor implicación en su gobernanza; exigencia de políticas mejor fundamentadas y orientadas al bien común a largo plazo; e inversión en un sistema de información turística que realmente permita fundamentar mejor esas políticas… es parte esencial de cualquier estrategia que persiga hacer del turismo un factor de cambio positivo de la sociedad canaria en todos los órdenes de la vida.

“El alquiler vacacional puede ayudar a distribuir más equitativamente los beneficios del turismo”

Ahora se vive una gran polémica en Ámsterdam o Barcelona, también comienza en Canarias, sobre el alquiler vacacional…

El alquiler vacacional es un fenómeno que ha venido a quedarse y crecer; es quizá uno de los reflejos más genuinos del cambio experimentado por esta industria: viajeros cada vez más experimentados buscando experiencias más genuinas se apartan de la estandarización de la oferta alojativa convencional y buscan modelos más convivenciales, que les ayuden a conocer mejor la sociedad que visitan, y no sólo sus paisajes. Obviamente también está el precio. La contratación directa reduce intermediarios y permite que ganen alojadores y alojados (un win-win que se dice por ahí…). Es un fenómeno que puede ayudar a distribuir más equitativamente los beneficios del turismo. Pero como en todo fenómeno, su crecimiento explosivo y espontáneo, sin una planificación que tenga objetivos claros al respecto, va a producir también efectos no deseables. Los está produciendo ya, sobre todo en algunos lugares muy concretos de las islas, en los que ha contribuido a disparar el precio de los alquileres para la población local y trabajadora, empeorando sus condiciones habitacionales. ¿Qué hacer? Una vez más me temo que el debate público está siendo moldeado por intereses muy particulares, algunos de los cuales ponen especial celo en demonizarlo. No soy partidario de ello, ni de lejos.

Pero como usted señala supone problemas, como los efectos en la subida de los precios de los alquileres para los residentes. ¿Cómo resolverlo?

La armonización de las oportunidades para miles de familias de complementar ingresos y el derecho de todas las personas a poder rentar una vivienda digna tiene que venir de una política pública de vivienda que gestione varios aspectos entre los que está el parque de viviendas vacías (muchas en manos de bancos) y la construcción de vivienda social. Como producto turístico, la vivienda vacacional tiene que tender también a la excelencia. Esto es crucial para su futuro. Pero es importante que se sepa que las principales plataformas de comercialización de estos productos están diseñadas para excluir rápidamente a quienes ofrecen bajos estándares o practican comportamientos abusivos. Las comunidades de usuarios (alojadores y alojados, hosts y guests) se implican mucho en el control y la evaluación de la calidad, que resulta determinante para decidir qué puede quedarse y quién tiene que salir de este mercado. A priori la gente puede ofrecer cualquier cosa y poner el precio que estime conveniente, pero inmediatamente la dinámica de decisiones de los usuarios lo acaba poniendo en su sitio. Hay que decir al respecto que esto es mucho más democrático y justo que el sometimiento que han tenido históricamente los pequeños alojamientos de Canarias al dictado de los grandes operadores turísticos.

No lo ve, entonces, como un problema irresoluble…

Sin criminalizar y regulando inteligentemente, este fenómeno puede hacer mucho más bien que mal. Por este camino van muchas ciudades y municipios de Europa; el de acordar con las plataformas comercializadoras modelos de regulación basados en buenas prácticas que son definidas para las específicas condiciones de cada contexto. Esto es mucho mejor que pretender una regulación universal que acabaría tendiendo a los intereses de los grandes grupos hoteleros y pondría límites injustificables a esta potencialidad de que el turismo se desarrolle por vías que contribuyan a democratizar sus beneficios. Al respecto la reciente modificación de la RIC para facilitar su aplicación a la actividad de vivienda vacacional, me parece una completa barbaridad. Con el pretexto de la profesionalización, va en la línea, otra vez, de expropiar las opciones de la mayoría para poner este segmento del negocio turístico, otra vez, en manos de un grupo muy selecto de conocidos empresarios de las islas… Lo que creo que se debe hacer es facilitar la capacitación de las familias que están en condiciones de prestar estos servicios, para que lo hagan en las debidas condiciones desde el principio, y no acaben siendo expulsados por la (buena) lógica del funcionamiento de estas plataformas.

 

Uno nunca sabe cuál es su misión en la vida. A lo mejor solo llegamos aquí para cuidar un perro o regar unos geranios, o para educar a un niño con los valores que puedan cambiar el mundo dentro de unos años. Nos planteamos sueños casi irrealizables, cumplimos horarios, aprobamos exámenes y pagamos impuestos. En los obituarios se recogen los logros profesionales y académicos, pero casi nadie habla de lo que parece que no tiene importancia, de esos gestos cotidianos que a veces son los que dan más sentido a nuestra existencia. Hace unos días leí en los periódicos que había fallecido un señor llamado Juan Jiménez Martín. Hablaban de él como gran profesor y como hombre destacado dentro de la historia del atletismo en Gran Canaria. Estaba su foto. Fue entonces cuando lo reconocí. Ese señor era el que yo llevaba viendo desde hacía muchos años cómo regaba y cuidaba los árboles de la calle Perdomo. También coincidíamos algunas veces comprando comida en un establecimiento cercano a su casa. Su casa está en esa misma calle, la reconocerán porque su balcón parece una especie de selva tropical en medio del cemento y el asfalto.
Los árboles de la calle Perdomo, en el tramo que discurre entre Triana y Viera y Clavijo, no son unos árboles cualquiera. Gracias a los cuidados de Juan Jiménez son posiblemente de los más grandes, frondosos y llamativos de Las Palmas de Gran Canaria. Esos árboles ya están echando de menos a quien les ayudó a crecer tan alto. Ahora los riegan los empleados del ayuntamiento, pero todos sabemos que en la vida, sobre todo en los primeros años, uno crece o se desarrolla con más fuerza y confianza si encuentra a su lado una mano amiga que ayude sin pedir nada a cambio. Juan Jiménez era feliz contemplando la belleza de esos árboles que estos días dejan caer más hojas de la cuenta. Todos creen que esas hojas caídas tienen que ver con los ciclos de la naturaleza; pero cada una de ellas es una especie de lágrima que esos enormes árboles dejan caer al suelo desde el que tantas veces les regaba aquel señor con gafas que miraba más hacia sus copas y hacia sus ramas que hacia la gente. Ya sé que no es noticia que un señor cuide de unos árboles, pero esa calle no sería la que ahora es si cada noche, cuando ya casi no paseaba nadie, no hubiera bajado aquel señor con un balde lleno de agua. Nunca me paré a hablar con él. Temía interrumpirle en su conversación silenciosa con algunos de esos árboles que ahora conservan el tacto de sus manos o la admiración de su mirada cuando veía que rebrotaba una rama que parecía muerta para siempre. Juan Jiménez Martín rebrota ahora en cada una de las ramas de esos árboles de la calle Perdomo. No pasen nunca más de largo junto a ellos. Acuérdense siempre de que hubo alguien empeñado en embellecer el recorrido de cada uno de nuestros pasos.

 

MARTÍNEZ BOIX, Tomás y SAGASTA, Julio: “Un palmeral entendido como un jardín”. Opinión. http://www.diarioinformacion.com/opinion/2017/04/01/palmeral-entendido-jardin/1878580.html.  03/04/2017. Referenciado: 25/04/2017.

Un jardín es una evocación del cosmos desde la perspectiva de una cultura paisajista. Podemos decir que el jardín es una expresión cultural que refleja una cierta visión del mundo a través del paisaje. Los paisajes son creados por cualquier cultura; los jardines solo por las culturas capaces de meditar sobre la esencia del paisaje. Diré de entrada que nuestra cultura clásica no fue paisajista y se admiró del descubrimiento del paisaje y de la jardinería ante la cultura China, allá por el siglo XVIII.

En nuestra ciudad existe uno de los paisajes más sugerentes del país: el Palmeral. Este resulta ser un espacio agrícola que ha perdido su funcionalidad y que ha permanecido fosilizado dentro de la ciudad. Hay que decir que el paisaje normalmente no lo elabora el jardinero o el paisajista, es fruto del trabajo del hombre común que al explotar la naturaleza genera un nuevo entorno a veces de belleza extraordinaria. Los economistas llaman a estos procesos «externalidades». Son componentes que se derivan de un proceso productivo pero que no son su finalidad ni influyen en él. Decimos así, que el paisaje del palmeral ha sido creado por el agricultor en su afán de explotar la tierra; pero necesita de un espectador capaz de apreciar su calidad estética. Hace falta por tanto en el desarrollo del paisaje dos personas: el productor del paisaje, que no precisa ser consciente de su obra; y el «contemplador», que necesita capacidad estética para apreciar y valorar lo que percibe.

Puede suceder que una vez acabada la cultura que genera el paisaje, como sucede en Elche, se siga manteniendo una alta valoración estética del mismo. En estos casos es común encaminarse hacia lo que podemos denominar un paisaje en ruinas. El paisaje deja de ser mantenido por sus creadores originales y se degrada. Hay que decir además que la gestión de los paisajes en ruinas no es sencilla. En nuestro caso, en el Palmeral, entiendo que se nos presentan dos soluciones para su conservación: o mantener una agricultura ligada a satisfacer unos deseos más culturales que económicos o plantear la ejecución de un jardín. La primera solución nos lleva a intentar generar una agricultura de ocio, más próxima a la horticultura que a la verdadera explotación agraria. Se trataría de un proceso similar a los «huertos urbanos» que en muchas ciudades han dado un magnífico resultado. La segunda opción nos lleva a plantearnos la creación de un autentico jardín. Y ese jardín entiendo debe ser una remembranza de aquel paisaje generado por el trabajo del hombre ante la tierra.

Veamos la protección de los huertos de Elche. La primera declaración de protección del Palmeral se elaboró desde una óptica cultural mediante una declaración de Jardín Artístico asociado a la jardinería árabe. De otro lado, los primeros arquitectos modernos de Elche -aquellos que trabajaron entre los años treinta y sesenta- tuvieron una percepción del Palmeral a través de una jardinería profundamente oriental. El orientalismo fue una ideología básicamente europea que plasmó a través de los relatos románticos una determinada visión del mundo islámico. Y esa visión también se reflejó en la elaboración de jardines orientales. De este modo, la arquitectura y la jardinería de Elche se inspiraron en una ilusión próxima a los jardines del Generalife. Este magnífico jardín se encontraba entonces en reconstrucción de la mano del paisajista Javier de Winthuysen. Si contemplamos las obras realizadas en el parque para la instalación de una Feria Agrícola, (alguien pensó que Elche era fundamentalmente agrícola) y que luego perduraron, tendremos una visión del Palmeral identificada con esa visión oriental.

Continuando el relato de la jardinería ilicitana diremos que en los años sesenta llegó una nueva generación de arquitectos coincidiendo con un profundo crecimiento económico en el país y de una manera especial en nuestra ciudad. Estos arquitectos llegaron con una formación profundamente distinta: había sido formada en la lógica del movimiento moderno. Y en jardinería se desplazó ese mundo oriental y neo islámico que predominaba en Elche, hacia una visión exótica y tropical similar a la promovida por el gran paisajista brasileño Burle Marx. Se trataba entonces de aclimatar plantas exóticas y definir una nueva imagen tropical y moderna de nuestro palmeral.

Estas han sido las principales concepciones sobre jardinería de nuestro Palmeral. Hoy, por fin, se está concluyendo el Plan Especial del Palmeral. Y en dicho plan habrá que recuperar algún huerto abandonado. Para ello sería interesante que se intente una jardinería basada en la imagen del cultivo tradicional del huerto. Y para ello, tal vez sea necesario inspirarse en las ideas del poeta y arquitecto ilicitano Gaspar Jaén.

ZABALBEASCOA, Anatsu: El País: “Los edificios-paisaje y los edificios-barrios”. Del tirador a la ciudad. http://elpais.com/elpais/2017/03/02/del_tirador_a_la_ciudad/1488467895_596154.html. 16/03/2017. Referenciado: 20/03/2017.

Como en muchos de los proyectos de los Pritzker 2017, RCR, algunos edificios recientes exploran la tan devoradora como inspiradora relación entre arquitectura y paisaje.

  Hace poco más de un año, un singular proyecto, del que era difícil precisar si era más edificio, barrio, conjunto arquitectónico o paisaje, ganó el primer premio en el concurso para levantar la Galería Nacional de Budapest, en el parque Városliget de la ciudad. El proyecto, de fachada piramidal escalonada y practicable, estaba firmado por el estudio danés Snohetta y llegó hasta el final del concurso de la mano de otra singular propuesta firmada por los japoneses SANAA que, más que un paisaje, recreaba la forma ramificada de un árbol en un espacio protegido en el que, por normativa, la arquitectura no podrá ocupar más del 7% de la superficie del parque.

El caso de la Galería Nacional y el Museo Ludwig de Budapest -que finalmente diseñará SANAA- no era la primera vez en que ambos estudios de arquitectura jugaban con la cada vez más diluida frontera entre edificios y paisaje para construir la identidad de sus proyectos. El estudio de la Premio Pritzker Kazuyo Sejima bautizó como River (rio) un edificio realizado para Grace Farms que, literalmente, discurre como un riachuelo en New Canaan, Connecticut.

  También otro proyecto de Snhohetta, el que idearon para la Ópera de Oslo, ha sido catalogado de edificio paisaje. Y, en la medida en que convierte su suelo en muelles sobre el puerto, ciertamente, excede el papel de mero edificio. Pero tal vez sería más preciso definirlo como un edificio-infraestructura o un edificio-paisaje urbano.

Aunque, de seguir así, una podría preguntarse incluso si las Pirámides de Egipto, o muchos de los templos mayas son edificio o paisaje, lo cierto es que numerosos arquitectos se han esforzado más por difuminar ese límite, entre el contexto y la intervención, que por remarcarlo. El caso más evidente lo protagonizan los proyectistas dispuestos a que la propia naturaleza invada, oculte y hasta camufle su edificio. Sería el caso de la Academia Californiana de las Ciencias que Renzo Piano levantó en San Francisco en 2008. El manto vegetal de ese museo remite a las construcciones tradicionales islandesas literalmente devoradas por el paisaje.

 Sin embargo, de nuevo, otra manera de investigar esa separación o unión fue la desarrollada por el estudio danés BIG (Bjarke Ingels Group) cuando excavó en el paisaje el hueco para su Museo Marítimo Nacional Danés en Helsingor (2013), o cuando apiló en el aire las diagonales capaces de construir su primer rascacielos neoyorquino. Más allá de lograr el edificio que mejor se ve al sobrevolar Manhattan, con West 57 Ingels cuestionó la verticalidad de los rascacielos para proponer un inmueble que recrea un nuevo vecindario (o una nueva isla) y más allá del edificio-paisaje invita a pensar también en el edificio-barrio.

Noticia seleccionada por ADAPA Canarias:

GONZÁLEZ RUANO, J. Luis. Canarias7. “Islas verdes”. Opinión. La Factoría Azul. Las Palmas de Gran Canaria. http://www.canarias7.es/articulo.cfm?Id=455916. 04/03/2017. Referenciado: 05/03/2017.

  Todas las culturas mal llamadas primitivas han venerado la fuerza vital que contiene el legado de los antepasados. Y esa valoración emotiva se ha materializa naturalmente en el culto al paisaje. Por lo tanto, en alguna parte de nosotros, indígenas modernos, debe latir oculta esa creencia generalizada sobre el atractivo de lo salvaje. Tal vez por eso sentimos la necesidad, aunque sea ocasional, de la vida al aire libre.

Sin embargo, renunciamos a esa ancestral cultura ecológica con demasiada facilidad. Por ejemplo, alterando inútilmente nuestros espacios naturales, los reductos agrestes que todavía nos mantienen integrados en la realidad física y emocional del mundo.

Esta es la razón por la que siempre he sido consciente de la importancia que tiene divulgar la fragilidad de nuestros ecosistemas insulares. Y su impresión cultural. Ser islas, islas verdes, nunca derivará de un decreto político. Es una consecuencia evolutiva, más o menos reconocible según nuestra actitud. No hacía falta, por ejemplo, que nadie certificara que un pueblo de la cumbre es de los más bonitos de España para que se abandonase, al menos públicamente, la absurda idea de cablear con la instalación de un teleférico la impresionante belleza de su paisaje de piedra desnuda. La realidad es que su atractivo es el mismo, siempre estuvo ahí.

Hace tiempo que las islas verdes, y todas lo son en un archipiélago con la riqueza botánica del nuestro, han agotado prácticamente su capacidad de crecimiento urbanístico. La nueva economía, al contrario, ha de poner en valor el paisaje sano, la expansión equilibrada que proponen las fuerzas libres de la naturaleza. De modo que también existe un método biológico de progreso, una percepción geopoética del desarrollo humano, más saludable y que arroja un mayor beneficio común. Un impulso que va perfeccionándose en el curso de vidas sucesivas sin destruir la productividad natural, abandonando de paso la irracional tendencia a la similitud global.

Las islas verdes lo son también en la mentalidad de sus habitantes. Una montaña nunca será una obra de arte; su visión en el paisaje es un estímulo para el ritmo de vida de una población creciente en un espacio limitado. Es un legado cultural en sí misma. Tampoco un túnel debe abrir el camino de perdición hacia otra edificación masiva de un enclave costero. Conviene, por lo tanto, reflexionar sobre las nuevas estrategias de desarrollo rural haciendo una lectura orgánica y no perturbadora de nuestra presencia en el paisaje. Dotados de un sentimiento de responsabilidad, comprender y proteger la naturaleza de las islas puede convertirse en una apasionante y fecunda actividad creativa.

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