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Adapa Canarias

Defensa del Arbol y Paisaje de Gran Canaria

Una propuesta muy interesante la que propone nuestro compañero y miembro de ADAPA Canarias José Antonio Sosa, la cual dotaría de nuevo a nuestra ciudad de identidad cultural con  la desembocadura del barranco… como verdadero icono fundacional…un icono paisajístico que nunca debimos perder.

El Gabinete Literario ha iniciado una campaña en favor de la recuperación del la desembocadura del barranco de Guiniguada para restaurar un paisaje “esencial” para esa zona de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, según ha informado hoy en un comunicado.

La campaña cuenta con el apoyo del arquitecto José Antonio Sosa, quien ha presentado un escrito de alegaciones al documento de adaptación del Plan Insular de Ordenación de Gran Canaria a las Directrices de Ordenación General y del Turismo, para que la recuperación de ese espacio se configure como un proyecto estratégico de la isla.

A esta iniciativa se han sumado la Real Sociedad Económica de Amigos del País y la Real Academia de Bellas Artes, según constata el arquitecto en su escrito, que ha sido hecho público hoy.

Sosa señala en sus alegaciones que el proyecto que propone “no es caro” y, de momento, no precisaría de la construcción de nuevos puentes, sino de la demolición de las bóvedas existentes de hormigón y del asfalto que cubren el barranco.

Con carácter provisional o definitivo, se dejarían varias secciones estrechas para mantener la unión entre Vegueta y Triana, a la altura de los antiguos puentes de Palo y de Piedra y del Rectorado de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, con lo que se recuperaría el paisaje anterior a la construcción de la autovía marítima en esa zona de la ciudad, expone Sosa.

El arquitecto argumenta que desde que se construyeron los túneles de San José, el tráfico que soporta la autovía en la última parte del cauce del Guiniguada es meramente testimonial desde el enlace de Primero de Mayo hasta el mar.

Por ello, entiende que se puede volver a abrir el barranco y recuperar el papel que tuvo en su día como elemento configurador y de unión entre Vegueta y Triana.

En opinión de Sosa, existen desde hace años diversas propuestas e intervenciones que tratan de “camuflar” el impacto de esta autovía sobre la ciudad, dándole un aspecto más urbano pero manteniendo el barranco enterrado, por lo que defiende que su propuesta sí permite recuperar un “paisaje esencial para la ciudad”.

 

Distingue cuatro tipos de edificaciones y fija recomendaciones para cada una de ellas

La Xunta da un nuevo paso en su lucha contra el feísimo urbano. El Gobierno gallego presentaba ayer una guía de colores y materiales elaborada por más de 34 expertos que recoge una serie de indicaciones para integrar en el paisaje gallego edificios nuevos o rehabilitados de forma «armoniosa y coherente». El manual —en el que trabajaron durante más de un año 34 profesionales como arquitectos, historiadores o licenciados en Bellas Artes— es el fruto del análisis de más de 3.800 edificaciones en núcleos rurales, urbanos y periurbanos, así como polígonos industriales de las cuatro provincias.

En concreto, la publicación distingue cuatro tipos de edificaciones, cada una con sus recomendaciones concretas. Así, el primer tipo que diferencia es la arquitectura tradicional y su evolución hasta mediados del siglo XX; dentro del que se recomienda emplear para sus rehabilitaciones técnicas tradicionales, piedra en la zona de los muros y carpinterías de madera. En segundo lugar, la arquitectura reciente engloba a toda la construida desde los años 60, con distinciones entre la urbana y la rural. En estos casos, la guía ofrece libertad de materiales y se centra en los colores, que deben ser coherentes con los del entorno en el que se encuentran y, no obstante, se recomienda que tengan acabado mate. La tercera tipología que se recoge son las construcciones aisladas en suelo rústico, y la cuarta las edificaciones industriales. Asimismo, la guía establece también límites máximos de luminosidad y saturación para todos los colores en aras de garantizar la armonía en su conjunto.

Según explicó el presidente de la Xunta durante la presentación del manual en la villa marinera de Redes, los catorce tomos de la publicación están disponibles desde ayer para que toda la ciudadanía gallega asuma estas recomendaciones «como propias». Alberto Núñez Feijóo precisó además que para convertirla en un patrimonio colectivo, se abrirá un proceso de participación con todos los actores del ámbito urbanístico y paisajístico con el objetivo de que todos los implicados —incluidos concellos, colegios y organizaciones profesionales— puedan realizar sus aportaciones.

Directrices del paisaje

Feijóo destacó el esfuerzo de su Gobierno por mejorar el paisaje urbano. En este sentido, el líder del Ejecutivo gallego anunció que antes de que termine 2018 estarán aprobadas las llamadas directrices del paisaje, un documento que —explicó— sustituirá las normas urbanísticas vigentes desde «hace 26 años». Además, la Xunta prevé finalizar en 2019 las recomendaciones en este ámbito para los ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes, que abarcan «la inmensa mayoría» del territorio.

El mandatario autonómico concluyó destacando el trabajo en materia de ordenación urbanística y puesta en valor del paisaje que, apuntó, «ayuda a lograr una tierra mejor para vivir y una Galicia más armoniosa». «El respeto al medio natural no tiene por qué ser un freno al crecimiento económico, sino que puede ser un catalizador que lo haga más sostenible y duradero y lo traduzca en más calidad de vida. Esta es la filosofía de la que debe partir el trabajo por una nueva cultura ambiental», sentenció el presidente del Gobierno gallego.

 

En ADAPA Canarias, estamos convencidos/as que la mejor manera de proteger nuestro patrimonio paisajístico es conociéndolo y disfrutándolo a través de nuestros senderos…

 

 

 

 

. Artenara contará con tres nuevas infraestructuras, Tejeda con dos y Telde con una.

Los proyectos reformarán aparcaderos y plataformas desde la que contemplar paisajes de gran belleza

– El Cabildo de Gran Canaria ha aprobado los convenios para la ejecución, previa firma con los ayuntamientos, de seis miradores de los que tres estarán ubicados en Artenara, dos en Tejeda y uno en Telde, informó la consejera de Política Territorial del Cabildo, Inés Miranda.

Las actuaciones tienen un presupuesto de 650.000 euros y forman parte del Plan Territorial Especial del Paisaje (Pte-5) incluido en el Plan de Ordenación Territorial de Gran Canaria para la ejecución de miradores básicos que faciliten la contemplación y disfrute de enclaves naturales de especial belleza de la Isla.

Uno de los aprobados en Consejo de Gobierno es el mirador Cruz de Tejeda ubicado en el Parque Rural del Nublo, en la ruta desde el municipio de San Mateo por la carretera GC-15, que consiste en la adecuación de una plataforma ya existente con materiales naturales y que cuenta con un presupuesto de 240.000 euros.

Además, dos pequeños aparcaderos junto a la carretera GC-605 en la ruta desde Tejeda hacia Ayacata y Mogán serán habilitados con materiales que no causen impacto en el paisaje, obra valorada en 210.000 euros.

Junto a la carretera de Los Cofritos, que no aparece en los planos, el visitante del municipio de Artenara puede también apreciar parte del Parque Rural del Nublo y su incomparable paisaje desde una plataforma ya existente en la zona de Las Cañaditas y que será reformada para su uso como mirador básico por 50.000 euros.

Asimismo, en la ruta hacia Tamadaba por la carretera CG-216, el Cabildo acometerá la reforma de otro pequeño aparcadero para facilitar la parada y contemplación desde Mogaranes de la ladera oeste del parque natural, uno de los miradores más vistosos de la zona, que cuenta con un presupuesto de 37.000 euros.

Un tercer recodo de la misma carretera, hasta ahora consistente en una simple plataforma de tierra, será acondicionado como mirador básico en la zona de Los Ajos, desde la que pueden contemplarse el Roque de Faneque y parte de la costa oeste de Gran Canaria, obra valorada en 70.000 euros.

A estas actuaciones, el Cabildo añade el acondicionamiento de un mirador en la punta de La Mareta, en el litoral de Telde, que cuenta con una dotación presupuestaria de casi 40.000 euros.

  La guía, disponible en cuatro idiomas, puede descargarse gratuitamente a través de un código QR

Las Palmas de Gran Canaria, 17 de octubre de 2017.-

La Reserva de la Biosfera de Gran Canaria cuenta ya con una guía editada por el Cabildo que refleja los recursos turísticos, ambientales, sociales y culturales con los que cuenta esta figura, valores que deben conocerse para que puedan ser disfrutados tanto por visitantes como por la población local de Gran Canaria.

El consejero de Medio Ambiente, Miguel Ángel Rodríguez, explicó que la publicación de esta guía, planteada como una de las acciones de desarrollo del Plan de Acción de la Reserva para el período 2013-2020, “es fruto de una demanda largamente planteada por parte de la población” que necesitaba un compendio “donde se recogiese la actividad de la Reserva y los bienes y servicios que ofrece al visitante”.

La publicación está ya disponible en la web de la Reserva. Ha sido editada en castellano, francés, inglés y alemán con datos sobre el patrimonio natural y cultural de la Reserva de la Biosfera, sus recursos turísticos, sus servicios ambientales y sus protagonistas, además de información sobre los espacios naturales protegidos de Gran Canaria, su patrimonio  arqueológico, su historia y tradiciones.

Entre descripciones de paisajes, bienes naturales y recursos económicos, la guía desgrana las experiencias de quienes tienen relación con la Reserva de la Biosfera. Una empresaria local que desarrolla su trabajo en su ámbito territorial con el criterio del producto de kilómetro 0, una artesana locera, pastores, un agente de Medio Ambiente que heredó la vocación de su familia o una representante de los pescadores de Agaete, son algunas de las personas que forman parte activa de la población de la Reserva y que quedan reflejadas en la Guía Ecoturística.

El objetivo, manifestó Rodríguez, es “destacar y visibilizar el protagonismo de la población local, pues es parte de la razón de ser de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria”, aclaró.

De hecho, el proceso de elaboración de este recurso ha servido, además, de diálogo entre los actores que conforman la Reserva de la Biosfera,   incluyendo a personas locales para que el lector conecte verdaderamente con los valores humanos del medio natural y rural de la Reserva de la Biosfera.

Así, para elaborar parte de la guía el Cabildo contó también con la colaboración de personas que forman parte directa de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria que fueron las encargadas de realizar textos e ilustraciones.

La guía cuenta con códigos QR para que los usuarios puedan ampliar la información de aquellos apartados que así lo requieran. Así, añadió Rodríguez, “se trata de un documento vivo y flexible que seguirá actualizándose y adaptándose en base a las nuevas necesidades y las ofertas turísticas emergentes”.

Para los más dinámicos, la guía también compone una lista de actividades de turismo activo como buceo, senderismo y fotografía en la naturaleza, dotando al viajero o visitante de las mejores referencias y acercándole a la experiencia a través de los testimonios de particulares que habitan en la Reserva y dan un valor añadido más humano.

La Reserva de la Biosfera de Gran Canaria abarca territorio en siete municipios: San Mateo, Artenara, Tejeda, Mogán, La Aldea, San Bartolomé de Tirajana y Agaete. Es una figura esencial para la preservación de las formas de vida y los ecosistemas en los que se integran, así como un modelo de equilibrio entre el desarrollo socioeconómico y el respeto de los valores naturales y culturales de la tierra.

Cada vez hay menos saltamontes, grillos, abejas y mariposas porque muchas de estas especies, que polinizan el 84% de las plantas que sirven de alimento, están amenazadas.

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Casi un tercio de las especies de ortópteros (como saltamontes, grillos o chicharras) están amenazadas, algunas en peligro de extinción.

¿Hace cuánto que no ves un saltamontes en tu paseo dominical por el campo, escuchas a los grillos desde el porche o ves una luciérnaga en una caminata nocturna por un camino rural? La sensación de estar perdiendo esta fauna que tantas generaciones asocian con su infancia, es más que eso, es una realidad. Y lo que es peor, junto a estos animales van desapareciendo, además, elementos básicos para el sustento de numerosos ecosistemas de los que dependemos todos los seres vivos.

“No solo es una sensación popular, es algo que percibimos todos los entomólogos que salimos a hacer trabajos de campo y a investigar; el descenso del número de individuos de prácticamente todos los insectos es brutal”. Lo confirma Juan José Presa, catedrático de Zoología de la Universidad de Murcia y coautor de uno de los muchos informes y estudios recientes que ponen cifras a la disminución de artrópodos.

Dicho estudio, de principios de año y surgido de la colaboración entre la Unión Europea y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), destaca que casi un tercio de las especies de ortópteros evaluadas (saltamontes, grillos y chicharras, entre otros) están amenazadas, algunas en peligro de extinción.

La transformación y destrucción del hábitat es sistemáticamente señalada en todos los estudios como la principal causa de esta hecatombe.

Wolfgang Wägele, director del Instituto Leibniz de Biodiversidad Animal (Alemania) habla, junto a otros colegas, en Science del “fenómeno parabrisas”, por el cual los conductores pasan menos tiempo limpiando sus coches de la miríada de insectos que antes morían estrellados contra cualquier punto de la carrocería. Los investigadores citados en el artículo son conscientes del descenso generalizado, a pesar de reconocer, como el resto de la comunidad científica, que es muy difícil establecer datos más precisos del declive de las poblaciones por la variedad de especies, distribución y número de individuos.

En Science se cita el caso de la Sociedad Entomológica de Krefeld, en Alemania, cuyas visitas al campo han constatado que la biomasa de insectos que queda atrapada en sus diferentes métodos de captura ha disminuido un 80% desde 1989. Presa lo lleva al terreno de sus observaciones de campo en la provincia de Pontevedra: “Antes conseguíamos atraer a infinidad de mariposas nocturnas con las trampas de luz, ahora entran muy pocas”.

“Aproximadamente tres cuartas partes de las especies de mariposas en Cataluña, y esto puede ser extrapolable al resto de España, están en declive y esto es incontestable”. Constantin Stefanescu, del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals y el Museu de Ciències Naturals de Granollers (Barcelona), llega a esta conclusión tras más de dos décadas de trabajos de campo y estudiar junto a otros investigadores a 66 de las 200 especies presentes en Cataluña. “La reducción es alarmante y aumenta cada año. Asustan, además, los datos de 2015 y 2016, los más bajos desde 1994”, apostilla Stefanescu.

El catálogo nacional de especies amenazadas solo incluye 90 de invertebrados, de los cuales 35 son insectos y únicamente 17 tienen un categoría de amenaza que permite activar planes de recuperación.

Ignacio Ribera, del Instituto de Biología Evolutiva, centro mixto del CSIC y la Universitat Pompeu Fabra, especialista en entomofaunade hábitats subterráneos y acuáticos, menciona otras dos especies que han estado presentes en la infancia de muchas generaciones: las libélulas y los zapateros, estos últimos son hemípteros de largas patas que se deslizan sobre la superficie del agua y que en algunos lugares se les llama aclaradores. “Cuando canalizan un río, desecan una charca o tapan una rambla –afirma el investigador– este tipo de insectos, entre otros, desaparecen”. Hace diez años, la UICN ya avisaba de que “las libélulas amenazadas de la cuenca mediterránea necesitan una acción urgente para mejorar su estado”.

La transformación y destrucción del hábitat es sistemáticamente señalada en todos los estudios como la principal causa de esta hecatombe que nos afecta muy directamente a las personas. Se pudo ver con el efecto que ocasionan determinados insecticidas (neonicotinoides) sobre las poblaciones de abejas, responsables de la polinización de numerosas plantas, incluidas el 30% de las que nos sirven de alimento. En general, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “alrededor del 84% de los cultivos para el consumo humano necesitan a las abejas o a otros insectos para polinizarlos y aumentar su rendimiento y calidad”.

  Las consecuencias sobre las redes tróficas que sustentan todo tipo de ecosistemas, también los agrarios, ganaderos y forestales, pueden ser fatales. Hay que pensar que la fauna invertebrada también actúa como controladora de plagas y alimento esencial del resto de animales. Stefanescu recuerda que “muchas aves se alimentan de las orugas de las mariposas que precisamente están en declive y numerosas avispas y moscas dependen también de las fases de larva y crisálida de los lepidópteros”.

Pero la destrucción del hábitat (urbanismo, agricultura intensiva, turismo…) no actúa sola como elemento distorsionador, también el abandono del campo y el cambio climático contribuyen a abonar este inquietante camino. Los científicos citan, por ejemplo, la alteración de los períodos de sincronía entre la floración de las plantas y la llegada o eclosión de los insectos.

  El problema es que el ritmo de protección es mucho más lento que el de declive, por el desconocimiento preciso que se tiene de las poblaciones y por la menor relevancia, aparente, que tienen los insectos. El catálogo nacional de especies amenazadas solo incluye 90 especies de invertebrados, de los cuales 35 son insectos y únicamente 17 (ocho vulnerables y nueve en peligro de extinción) tienen una categoría de amenaza que permite activar planes de recuperación. La Comunidad Virtual de Entomología estima en 38.311 el número de especies de insectos en la península ibérica.

El Atlas y libro rojo de los invertebrados amenazados de España propone para la península ibérica como vulnerables 69 especies de insectos, 30 en peligro de extinción y tres en peligro crítico. Mientras tanto, Juan José Presa advierte: “Es muy posible que, ahora mismo, tras un incendio o una fumigación intensiva de cultivos, estemos perdiendo a especies que ya estaban muy tocadas”.

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