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Adapa Canarias

Defensa del Arbol y Paisaje de Gran Canaria

ADAPA Canarias, quiere destacar las palabras de nuestro compañero Carlos Velázquez cuando dice que “antes teníamos mucha población rural, un uso intensivo del territorio, se segaba la hierba, se pastoreaba, se cultivaba, se quemaba de forma controlada y entonces el fuego tenía pocas oportunidades de extenderse, no tenía continuidad horizontal para caminar…ese abandono del campo ha permitido que la naturaleza siga creciendo…Lo que hay que hacer es revertir el proceso y cambiar el paisaje…La gente puede apagar estos fuegos sin coger una manguera, solo hay que consumir los productos locales”.

Sin lugar a dudas, esta entrevista nos invita a una reflexión sobre nuestro consumo actual, apostando por el km0 y la producción local.

Incendio en la Cumbre | La lucha contra el fuego

El incendio de la cumbre de Gran Canaria nació con tal fuerza que fue imposible enfrentarse a las llamas en las primeras horas, por lo que los equipos de extinción concentraron sus esfuerzos en evacuar a la población e impedir que se abrieran nuevos frentes hacia las medianías. Carlos Velázquez (Las Palmas de Gran Canaria, 1965), técnico de Medio Ambiente y del equipo de extinción, explica en esta entrevista el trabajo realizado desde el miércoles para controlar el fuego.

Carlos Velázquez
Técnico de la Unidad Operativa de Fuegos Forestales del Cabildo de Gran Canaria

“Contra llamas de diez metros no hay nada que hacer, solo evacuar a la gente”

Jesús Montesdeoca
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

¿Por qué este incendio ha sido tan rápido y violento, que incluso ha sorprendido a los propios técnicos forestales?

Nos ha sorprendido a todos porque en esa zona ya habíamos tenido conatos durante este año y se pudieron atajar sin mayor dificultad. El problema es que evolucionó muy rápido, pero por fortuna un compañero se desplazó rápidamente a Cruz de Tejeda para iniciar esa primera evacuación del Parador y restaurantes. Todos pudieron salir hacia abajo. Desde el principio
el incendio se abrió en dos flancos, uno en dirección norte hacia Monte Constantino, y el otro hacia la cumbre. Tuvo un comportamiento explosivo en las primeras horas, devoró mucha superficie y se nos puso en la cuenca alta del Barranco de La Mina. La única explicación que
le damos es la cantidad de combustible, ese material vegetal seco que puede arder, pues no había un viento excesivo. La humedad estaba baja porque estamos en verano, pero no excesivamente. No había condiciones claras, pero enseguida se convirtió en un gran incendio forestal.

¿Qué hipótesis se barajan sobre el origen del fuego, una colilla, una quema ilegal, una chispa eléctrica?

Se ha hablado de que fue una quema que se le escapó a personal de Medio Ambiente y esa es una mentira muy tendenciosa porque en verano están prohibidas las hogueras y nosotros nos atenemos a eso. Hacemos quemas prescritas, pero a partir de octubre y siempre en condiciones adecuadas. Rotundamente decimos que ese no fue el origen. Tenemos una brigada de investigación de causas de incendio que ya está haciendo las primeras averiguaciones y seguramente darán con la causa. Lo que está claro es que fue provocado, pero no sabemos el origen, si fue un descuido o alguien que hizo una quema ilegal.

¿Se sabe el punto concreto del inicio del fuego?

Hay técnicas que nos permiten llegar al punto exacto. La brigada de investigación está ya muy entrenada y darán con él. A partir de entonces se pueden empezar a verter hipótesis.

¿De qué forma se ha atacado el incendio?

Es un fuego que ya nace como un gran incendio forestal, no solo por la superficie que abarca, sino por su comportamiento tan hambriento y el avance tan rápido. Y además es un incendio de interfaz urbano-forestal, pues afecta a zonas pobladas, terrenos agrícolas abandonados, parte
de bosques y matorral. Hay personas viviendo dentro y eso complica tremendamente las labores de extinción. Desde el principio sabíamos que la parte delantera del incendio, aquella que avanzaba hacia la cumbre, estaba fuera de capacidad de extinción. Eso significa que por muchos aviones, helicópteros y medios que se utilicen es imposible atajar el fuego en ese momento. En como si en Florida o Cuba llega un huracán e intentan poner delante a millones de policías para frenarlo. Les pasará por encima. Eso es lo que pasa en los incendios fuera de capacidad de extinción.

¿Y qué se hace en esos casos?

Lógicamente, se vio que la prioridad absoluta era iniciar los desalojos, porque dos de cada tres muertes en los incendios se deben a lo que nosotros llamamos evacuación precipitada. Es decir, cuando se espera hasta el final. Es cuando la gente cree que está segura, pero luego tiene que salir con urgencia cuando ya el fuego está encima. Así como una casa puede ser segura, un coche es lo más inseguro que hay, como vimos en Portugal al principio del verano. Lo que hicimos fue organizar de forma rápida y adecuada las evacuaciones y hay que decir que la población respondió de una forma ejemplar. Hace años teníamos problemas porque la gente no quería abandonar sus casas. Las personas temían por los animales o los enseres, pero no sopesaban que su propia vida está por encima de todo. La gente colaboró
de una forma adecuada y por eso solo tenemos una víctima, lo que lamentamos profundamente. No hubo más accidentes ni daños personales. En paralelo a las evacuaciones, de las que se encargaron de forma encomiable la Guardia Civil, las diferentes policías locales o el Consorcio de Bomberos, estaba la parte forestal del incendio, en donde
estábamos trabajando nosotros.

¿Por dónde empezaron?

Sobre todo en cola, en la zona de Monte Constantino y Mesas de Galaz, pues al ver las condiciones extremas de gran incendio se intentó contener la cola para que no se fuese hacia la zona de Valleseco y no se metiese en zona de más interfaz urbana, sabiendo que la cabeza caminaba libremente. Esa tarde del miércoles nos concentramos en las evacuaciones y en empezar a confinar el incendio. Ya entrada la noche tuvimos un cambio en las condiciones
meteorológicas que fue prácticamente milagroso. De las diez de la noche a las ocho de la mañana, el tiempo que descansó el primer turno, cambió totalmente la situación. Había llovido durante la noche, se había metido la bruma y ese es el mejor medio aéreo que podemos
esperar. Eso hizo que gran parte del perímetro del incendio, todo el flanco izquierdo que estaba
caminando lentamente hacia las medianías, fuese controlado por la lluvia, que nos echó una mano tremenda. Como ya toda la zona estaba evacuada, el jueves concentramos los esfuerzos en controlar los flancos de la zona sur, en Tejeda, San Bartolomé y Llanos de la Pez. Nosotros sabemos que los grandes incendios no se apagan en un día y temíamos que íbamos a tener trabajo para muchos días, pero la lluvia fue providencial.

Ha habido momentos muy peligrosos y actuaciones comprometidas, como se refleja en el vídeo de la Cruz de Tejeda, en el que los agentes forestales se ven rodeados por el fuego y uno de ellos exclama: “¡esta posición ya está perdida!”. ¿Qué significa perder una posición?

Actos heroicos hay en todos los incendios, cuando los compañeros se enfrentan directamente a las llamas. Ellos no lo perciben como tal porque es su trabajo, pero visto desde fuera se ve que se están jugando la vida porque puede haber un cambio de viento y quedar atrapados. Ellos ven que tienen que intentar salvar una casa porque esa vivienda lo supone todo para una familia. Hay una suma de actos heroicos y hay que hacer un reconocimiento a esas personas que directamente reciben el calor de las llamas y hacen un trabajo impagable. Son nuestros combatientes, bien sean los miembros de la Unidad Operativa de Fuegos Forestales del Cabildo o los refuerzos que nos vienen de otras islas. Ellos son de por sí unos héroes callados. Esa imagen que hemos visto en las redes sociales es en el momento de la evacuación
de Cruz de Tejeda, donde nuestro compañero analista Federico Grillo empezó a organizar a la
gente, porque en un principio no reaccionaba. Tuvo que coger el megáfono del vehículo y gritar “¡todo el mundo fuera!” porque la cabeza del incendio se acercaba hacia allí y había un grave peligro. La cabeza de un gran incendio es lo que llamamos la zona del hombre muerto, porque la probabilidad de que fallezcas si te quedas ahí es del 100%. Salvo esa primera evacuación, que fue complicada, el resto de los desalojos fueron rápidos.

Es decir, solo cabe la opción de huir lo más rápido posible. 

Claro. No solo había un frente que iba avanzado muy rápido, sino que iba lanzando bombas delante, que son las pavesas, y generó focos secundarios. Por eso algunos personas decían que era intencionado porque se veían distintos focos. No, el incendio tuvo un mismo origen, pero con tanta virulencia que era como si la cabeza del incendio lanzara bombas hacia adelante. De lo que se percató el compañero es de que ya había pavesas delante y no tenía sentido hacer una maniobra de defensa, pues la cabeza del fuego ya les había adelantado unos cientos de metros. Las pavesas pueden volar hasta a un kilómetro. Por eso dice que la posición está perdida y que hay que ir a otra zona para establecer una línea de seguridad, donde entendemos que no va a llegar el fuego si hacemos el trabajo adecuado.

En una situación extrema como esa, ¿qué opciones hay?

Nuestra escala de valores está muy clara. Primero son las personas y desde que vimos que era un incendio urbano-forestal la prioridad fue evacuar. Lo segundo son las viviendas y los bomberos del Consorcio de Emergencias hicieron un trabajo impagable porque en pleno frente fueron a proteger las casas y salvaron muchísimas. Y por último está la naturaleza. ¿Qué problemas encontramos? Que si no tenemos un paisaje seguro, si las viviendas no están preparadas y no se organizan bien las evacuaciones, luego tenemos que ir a rescatar a gente, nos tenemos que olvidar del fuego forestal y éste camina libremente.

¿Cuál ha sido su participación en las tareas de extinción?

Yo he tenido una intervención secundaria, de asistencia a las personas que tomaban las decisiones en el puesto de mando. El miércoles trabajé en el turno de día con el director de extinción Javier López Figueroa. Por la noche estuvo Benjamín Artiles. Está claro que en un
gran incendio todas las manos son necesarias. El director de extinción recibe mucha información a la vez y necesita estar como concentrado en una burbuja. Los demás técnicos
estamos para filtrar esa información, coordinar a la gente y hacerles el trabajo más sencillo. Ambos han hecho un gran trabajo y fruto de ello es que el incendio se ha controlado de la forma más adecuada.

¿Temieron que podía repetirse un incendio como el de 2017?

Tras ver las llamaradas y el resplandor en la cumbre, y sobre todo cuando nos comunicaron que había llegado a la zona de Taidia, creíamos que íbamos a tener trabajo para muchos días. Los grandes incendios se apagan de dos formas: cuando llega a una zona en la que ya no tiene más nada que quemar o cuando cambian las condiciones meteorológicas.

En los incendios forestales en Gran Canaria se da una paradoja. Pese a que cada vez hay más medios para atajarlos, son más violentos y causan más daños. Antiguamente era la población la que apagaba los fuegos y no había tantos estragos. ¿Por qué?

Está claro. Antes teníamos mucha población rural, un uso intensivo del territorio, se segaba la hierba, se pastoreaba, se cultivaba, se quemaba de forma controlada y entonces el fuego tenía pocas oportunidades de extenderse, no tenía continuidad horizontal para caminar. ¿Qué ha pasado? Que ese abandono del campo ha permitido que la naturaleza siga creciendo. Hace 100
años Gran Canaria era un inmenso pastizal, con un muy poco bosque, solo unas 6.000 hectáreas. Cuando se abandonó por distintos motivos la actividad rural se pasó a una fase de matorralización de la isla. Ahora estamos en una fase de arborización, es decir, estamos recuperando mucho bosque de forma natural y con repoblaciones, pero tenemos un paisaje muy peligroso por ese matorral. Ha habido un refuerzo de medios contra los incendios, que es
perfecto, pero no están a la altura del potencial de todo ese combustible acumulado en el campo. La carrera nos la está ganando ese matorral y ese bosque incipiente. Tendríamos
que aumentar por 100, 200 o 300 los medios para intentar atajar el fuego, pero hay un límite, que es cuando el incendio entra fuera de capacidad de extinción y por más aviones o helicópteros que se pongan no se puede hacer nada. Lo que hay que hacer es revertir el proceso
y cambiar el paisaje.

Las frases

““Los políticos nos han dejado trabajar, han dado la talla. Antes eso no era así, había muchas injerencias”

“La gente puede apagar estos fuegos sin coger una manguera, solo hay que consumir los productos locales”

“El pino rebrota. En tres o cuatro años ya no nos percataremos desde lejos de que hubo un incendio”

 

¿Y eso cómo se consigue?
En ello estamos, tenemos una serie de campañas y una de ellas es ‘Come Paisaje’, porque tenemos una población rural que hay que rescatar y potenciar. Cada vez hay más población urbana, que es muy sensible y se ve impotente cuando arde el monte, como se ha visto en
las encomiables actuaciones de estos días para rescatar animales o apuntarse a repoblar esas zonas quemadas. Ante esa angustia, lo que le decimos a la gente es que también puede apagar ese fuego sin coger una manguera, sino consumiendo productos locales porque cada saco de papas que se cultiva en las medianías supone mantener un cortafuego a coste cero. Cada queso de oveja o de cabra de nuestros pastores que se compre en las tiendas es una solución. O cambiamos entre todos el territorio o vamos a seguir sufriendo grandes incendios, no tiene sentido seguir invirtiendo en medios de extinción si no se ataja el problema de raíz.

¿Un puesto de bomberos potente en Tejeda hubiese evitado la violencia de este incendio?

No, no. Dimensionamos los medios de extinción en función del potencial que tiene el incendio. La lluvia es lo que nos ha apagado este fuego. Pensamos que íbamos a tener trabajo para varios días y que íbamos a tener nuestras oportunidades, como las estamos teniendo ahora, cuando el incendio ya está dentro de capacidad de extinción. Pero en un primer momento, cuando el fuego recorrió casi 2.000 hectáreas en pocas horas, no se podía hacer nada. La población tiene que saber que una altura de llama a partir de ocho o diez metros es mortal
para quien se ponga delante. No digamos de 20 o 40 metros. Puedes pasarle por encima un avión con 6.000 litros y apagar cuatro metros del flanco, pero por delante puedes tener un kilómetro más. Nosotros tenemos que esperar nuestras pequeñas oportunidades o hacer contrafuegos, pero también son maniobras muy arriesgadas. La pregunta que nos tenemos que hacer no es si va a haber más incendios o no, o si va a arder Inagua o Tamadaba en el futuro. Por supuesto que van a arder, lo que sí podemos elegir es cómo queremos que ardan nuestros
bosques, si de una manera ordenada y con vacunas, o de una forma salvaje y destructiva como estamos viendo. Y no solo aquí, sino en el resto del mundo.

Se dice que del gran incendio de 2007 se aprendió mucho. ¿Qué se ha aprendido de éste?

Todavía es temprano para sacar conclusiones, pero por lo pronto estamos poniendo en práctica las lecciones aprendidas de aquel incendio. Por eso, la consigna el miércoles era intentar evacuar a todo el mundo y alojarlos lo más cerca posible, que es lo que hicieron los
ayuntamientos de manera excelente. El jueves, cuando todo estaba todo más fresco, se decidió abrir las carreteras lo antes posible para que las personas pudieran volver a sus casas. Nos imaginamos la angustia que tienen que sufrir esos vecinos al no saber qué ha ocurrido con sus viviendas, que no son solo las cuatro paredes, sino los recuerdos que tienen dentro. En 2007, por seguridad, tuvimos a la gente mucho tiempo retenida en barreras de la carretera o mal albergada. Otra lección es que cuando un incendio está fuera de capacidad de extinción solo puedes hacer trabajos marginales hasta que baje la intensidad. El fuego va a hacer el recorrido que él quiera, eso tenemos que tenerlo claro. Y por último, hemos aprendido en coordinación.
Como técnicos tenemos que decir que los políticos nos han dejado trabajar de una forma
ejemplar. Antes no era así, pues había injerencias y hasta intereses partidistas. La clase política ha estado a la altura.

  ¿Cuáles han sido los daños al medio ambiente y cuánto tardará en recuperarse?

En los pinares que se habían realizado quemas prescritas el daño va a ser mínimo porque el fuego no ha afectado a las copas. Los otros han sufrido más, pero el pino canario ya sabemos que es milagroso y rebrota. Otros pinos, como el piñonero, insigne o carrasco habrán muerto y
habrá que empezar de cero. Las bolsas de castañares seguramente habrán servido de barrera verde para frenar el fuego y rebrotarán. Y la zona de matorrales, como codeso, retamas o escobones, habrá ardido casi todo y habrá un fuerte impacto en el hábitat por la muerte de plantas, insectos y pájaros. Estas lloviznas de ahora van a venir bien porque en un mes habrá un manto verde que nos protegerá de las lluvias de otoño. Sería nefasto que ahora nos entrase un borrasca y una lluvia muy fuerte porque eso arrastraría el suelo. Tenemos un desafío importante de restauración. Hay que compaginar la repoblación con el pastoreo. Por ejemplo, en el entorno de Las Lagunetas debería haber un cinturón pastoreado. Nos preocupa también la zona de expansión del pinzón azul. Lógicamente los pájaros se trasladan, pero alguno podría estar afectado. Esperemos que la zona de campeo del pinzón no esté muy afectada. El pino canario empezará a rebrotar en pocos meses y en tres o cuatro años ya no nos percataremos desde lejos que hubo un incendio. El ecosistema tardará más en recuperarse del todo,
unos diez años.

ADAPA Canarias estamos convencidos/as que disfrutando lo que tenemos, es la mejor manera de conocer y apreciar las cosas.

¡Cuida el paisaje; es todo tuyo!

En la década de 1940, un muchacho dejó esta bicicleta encadenada al árbol porque no le gustaba su bici…el árbol creció y creció hasta dejarnos este resultado:

Las ramas ocultan cuatro farolas que el ayuntamiento destapará la próxima semana

En agosto y tras las quejas presentadas por Santiago, que habló con la concejal Medina y con el jefe del Servicio de Limpieza, personal del Ayuntamiento cortó las ramas de árboles que ocultaban los semáforos de José Mesa y López. Pero la falta de poda y las heces de paloma siguen siendo un problema.

La falta de poda y los excrementos blanquecinos de paloma y tórtola que llenan la rambla de Mesa y López, es lo que denuncia Santiago, vecino de los que llevan más de 30 años en la zona y que ya ha gestionado personalmente este problema con la concejala Inmaculada Medina y con Miguel Padrón, el jefe de Parques y Jardines.

«Mire cómo la arboleda oculta la farola, eso de noche no ilumina igual», protestó el ciudadano, que asegura que sí atendieron su petición al podar los árboles que estaban tapando los semáforos de la avenida pero «no siguieron trabajando diez minutos más para terminar la poda», apostó, admitiendo que él mismo le pidió a los operarios que continuaran con la poda por necesidad pero que estos le dijeron que sólo les habían mandado a cortar las ramas de los semáforos. Pero es que los árboles han crecido hasta cubrir las luces superiores de cuatro farolas de la rambla central. También hay vegetación plantada en los laterales en mal estado.

«Las palomas son un problema. Hay gente que las alimenta porque yo vengo con el perro y me encuentro debajo de los bancos algo parecido al grano», aseguró otro vecino de la zona, interesado por acabar con el fenómeno de las aves que tanta suciedad dejan a su paso. Para evitar que tórtolas y palomas se posen en los alféizares y terrazas de la avenida José Mesa y López, muchos vecinos han colgado bolsas de plástico, «para ahuyentarlas con el ruido que hacen», y hasta un búho. Desde Limpieza, Pilar Álvarez aseguró que esta zona comercial se limpia dos veces al día con «baldeo de acera, barrido de hojas y limpieza mecanizada» por ser zona comercial y de gran afluencia de personas.

La mosca blanca también ha resultado problemática según el Santiago, presidente de su comunidad de vecinos, «es justo el tramo de la rambla que va desde la calle Galicia hasta la Plaza de la Victoria», señaló.

Medina, la concejala responsable de Salud Pública y Jardines, explicó que las labores de poda se hacen de forma programada excepto «en alguna ocasión como pueda ser este caso», dijo en referencia a las ramas que tapan las farolas, en las que trabajarán, aseguró, los operarios «el mismo lunes» próximo.

Sobre la cantidad de palomas y el problema de su defecación en las aceras, la concejal aclaró que no existe ningún tipo de plaga en la ciudad y que Mesa y López no se encuentra entre las zonas de mayor presencia de estas aves. «Hacemos las capturas donde proliferan más, no es el caso de Mesa y López para nada. «Una de las cosas que tenemos que tener claro como ciudadanos es que no debemos dar alimento a las palomas», manifestó a la vez que hizo un llamamiento al civismo para conservar en buen estado de los parques y jardines. «Se hace un mantenimiento exhaustivo pero las flores sufren los actos vandálicos», mencionó. Medina también destacó las labores de «limpieza para la mosca blanca» que se realizan y que llegarán a también a esta zona porque es un problema general de la ciudad.

 

 

Parece ser que el problema de las vallas publicitarias… no es sólo un problema de nuestro paisaje…

Millones de anuncios de publicidad externa invaden las ciudades mexicanas y contaminan el paisaje urbano, y sólo tres por ciento de los municipios del país tienen reglamentos en ese rubro, reveló hoy un especialista en la materia. Así lo destacó el presidente de la Fundación por el Rescate y Recuperación del Paisaje Urbano (FRRPU), Jorge Carlos Negrete Vázquez, al presentar un diagnóstico sobre la problemática de la publicidad externa en México. “Estamos perdiendo el paisaje urbano a través de esta cantidad de anuncios publicitarios. La Ciudad de México tiene un problemática en ese sentido, porque los espacios se los está comiendo la publicidad exterior”, dijo. Y esta ciudad no está lejos, apuntó Negrete Vázquez, “Monterrey según el último censo que nosotros hicimos hay alrededor de nueve mil 760 unidades de publicidad exterior en la ciudad”. Esta constante invasión de publicidad externa sin control se ha notado en gran medida en ciudades como Guadalajara, Monterrey, Puebla, Cancún y Pachuca, entre otras, añadió. Todo esto, indicó, tiene que ver con parabuses, espectaculares, anuncios en los puentes peatonales, mobiliario urbano que sólo sirve para poner publicidad y esto lo que hace es destruir el paisaje urbano como tal. Puntualizó que “estamos hablando de millones de anuncios en todo el país”, sin entrar en detalles, debido a que no existen estadísticas oficiales y confiables por parte de las autoridades en el país. El especialista mencionó que las empresas dedicadas a este tipo de publicidad externa en la República Mexicana reportan ingresos anuales por más de ocho mil millones de pesos. Dijo que únicamente la Ciudad de México, junto con los estados de Yucatán y Chiapas cuentan con leyes específicas para regular este tipo de publicidad, pero sus reglamentos datan de hace más de 50 años.

“No hay una ley federal de publicidad exterior, no hay un reglamento federal de publicidad exterior, solamente un tres por ciento de los municipios del país tienen reglamentos de publicidad exterior “, subrayó. Negrete Vázquez opinó que “aparte de que perdemos el paisaje urbano, estamos recibiendo una gran cantidad de información de manera constante y esto le causa un gran estrés a las personas que ven los anuncios”. También se ha convertido esto en un problema de protección civil y en el caso de la Ciudad de México, se reporta la caída de 20 anuncios espectaculares al año, a veces con consecuencias graves para la población, expresó. Manifestó que dicha fundación opera desde hace cuatro años, con expertos en la materia, y una parte importante de los datos han sido aportados en base a estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

Está situado en el valle del río Lozoya y crece a una altura de 1.650 metros

‘Los árboles de la vida’, por Raúl del Pozo

Si los árboles oyesen, este ejemplar podría haber escuchado los ecos de unas lejanas voces que decían: Bene posuit regulas (colocad bien las baldosas), o esta otra, bastante más inquietante para él: Haec ligna secare! (¡cortad esos árboles!). Las dijeron los romanos hace dos milenios cuando construían la calzada romana de la Fuenfría. Hablamos del Tejo, con mayúscula por respeto a su senectud, del arroyo de Barondillo, ejemplar arbóreo que según algunas fuentes tiene eso, más de dos mil años de edad.

Otros estudios rebajan su edad a unos no menos impresionantes 1.200 años, lo que, en cualquiera de los casos, hace posible que nos encontremos ante el ser vivo más antiguo de España. De donde sin duda es el más viejo de la región de Madrid. Como es tendencia de los tejos (Taxus baccata) crece a una altura de 1.650 metros junto con otros colegas casi tan añosos como él, al arrimo del citado arroyo, afluente del río Lozoya que nace en el último rincón de la ladera norte de la Cuerda Larga, en el término de Rascafría y dentro del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

Árbol sagrado para multitud de pueblos, los tejos eran, son, símbolo de la vida por su longevidad. También lo son de la muerte, debido al contenido venenoso de algunas de sus partes. Por ello, a ningún pastor se le ocurriría dar una cabezada bajo su umbría sombra y en muchos lugares de España se plantaron junto o en los cementerios.

Subir a lo alto de la sierra y contemplar a este titán del tiempo es un ejercicio emocionante. Ejercicio porque para alcanzar el lugar donde crece hay una caminata de un par de horas largas; emocionante, porque al pasear la vista por su torturado tronco se lee todo el tiempo que lleva agarrado a la vida. Con un perímetro detronco cercano a los 10 metros, presenta una superficie irregular en extremo, con abundantes oquedades, la mayor de ellas de tres metros de diámetro, que le deja hueco en gran parte de su leñosa corpulencia.

No es muy alto y su figura es más bien contrahecha. Lógico para un compadre de Cronos, dios del tiempo, aunque mucho han influido las extremas circunstancias de donde vive, la alta montaña, patria de ventiscas extremas, heladas vehementes y nevazos sin cuento. Aún con todo, alcanza 8 metros de altura y sus ramas desiguales se extienden en una superficie de 15 metros en su lado más ancho.

El ciprés calvo de El Retiro

Del campo a la ciudad. Si el más viejo es un árbol montaraz, el más hermoso es urbanista. No es otro que el ciprés calvo del Retiro. No alcanza la vetustez del Tejo de Barondillo, pues ‘sólo’ cuenta con poco menos de 400 años de vida, aunque esto le permite ser el más viejo de la capital.

Se trata de un ahuehuete, nombre que en la lengua náhuatl de su México natal significa ‘árbol viejo de agua’, aunque su nombre científico es diferente: Taxodium mucronatum. Su nombre vulgar se debe a la rareza de ser una de las escasas coníferas que pierden las hojas en invierno. Es precisamente a finales del otoño, cuando este árbol luce más espectacular, con todas las hojas de color anaranjado.

Se alza en los jardines del Parterre, la parte más afrancesada del Retiro, justo enfrente del Casón del Buen Retiro y junto a la puerta de Felipe IV. Se desconoce cuando fue plantado, resultando infundada la leyenda que asegura que fue con unas semillas traídas a comienzos del siglo XVI, en los tiempos de la conquista de México, de donde es originaria la especie. Sí que parece ser uno de los primeros árboles que se plantaron en el Retiro, al poco de su creación, hacia el 1630.

Son los ahuehuetes árboles de aficiones históricas. Bajo un pariente de este gigante madrileño, en la localidad mexicana de Tacuba, Hernán Cortés derramó sus más amargas lágrimas tras la infausta ‘Noche Triste’, cuando el 30 de junio de 1520 los aztecas diezmaron a su ejército, expulsándoles de Tenochtitlán. De nuevo la historia esta vez se posó sobre el ahuehuete del Retiro, aunque de manera más bárbara e infame.

Durante la Guerra de la Independencia, los franceses se acuartelaron en el Retiro y aparte de destrozarlo, talando la mayor parte del arbolado y destruyendo la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro -para evitar su competencia con la de Sevres-, en las ramas más gruesas de este ciprés amartillaron una pieza de artillería con la que bombardeaban a los insurgentes madrileños. Eso le salvó de la tala.

Recuperado ya de la barbarie gala, nuestro ahuehuete es el capitán general de los 21.000 árboles que viven a su alrededor en el gran parque madrileño. Ha sobrevivido a atentados descerebrados capaces de sembrar sal entre sus raíces, a ceremonias de brujería y a obras sin tino en los jardines que lo rodean. La altura de este árbol alcanza 40 metros, teniendo una circunferencia en la base del tronco de seis metros, pero lo más espectacular es la desmesura de su copa. Las ramas adoptan forma de candelabro que alcanza un diámetro de 25 metros.

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